jueves, 10 de agosto de 2017

Dificultades del homeschooling



Aunque pueda parecer paradójico, desde hace un tiempo me siento optimista respecto de la situación del homeschooling en España y en el mundo y por eso he decidido que ha llegado el momento de comenzar a hablar, también, de sus aspectos negativos y de las dificultades que encontramos en el camino.

Hice un vídeo al respecto basándome en las investigaciones de Madalen Goiria, que desglosó 6 dificultades según lo perciben las familias homeschoolers que participaron en la encuesta que realizó durante la investigación para su tesis doctoral.



El listado que salió de esa encuesta es el siguiente:

1) Dificultades económicas
2) Conciliación laboral
3) Falta de aceptación social
4) Falta de reconocimiento oficial
5) Falta de regulación legal
6) Dificultad de acreditación

Finalmente ella las resumía todas en el enorme sentimiento de responsabilidad que a veces pesa sobre los padres que deciden educar sin escuela.

Cuando Madalen vio mi vídeo me preguntó si estoy de acuerdo con el resultado de esa encuesta y si se me ocurre alguna otra dificultad que no apareciera reflejada. 

En términos generales, sí, estoy de acuerdo, aunque probablemente lo habría formulado de otra manera. Creo que la gran dificultad consiste en hacer algo (algo muy importante, como es educar a los hijos) a contracorriente. Siendo una minoría. Haciendo algo desconocido y que a menudo se ve con recelo. Eso, por supuesto, tiene que ver con la falta de aceptación social y con la falta de reconocimiento oficial y regulación legal. El sentirte siempre vigilado, cuestionado, juzgado, esa invasión de la intimidad familiar, el tener que dar explicaciones que quizás no quieres o todavía no sabes dar, hacen que uno se sienta a veces muy vulnerable.

Creo que habría que distinguir entre las dificultades que uno teme encontrar cuando empieza a educar en casa y las que se encuentra realmente. Y creo que es muy importante que las familias que tienen más experiencia compartan sus testimonios y expliquen cómo han solventado todas esas dificultades.

En mi caso personal, que llevo 9 años educando sin escuela, las mayores dificultades han sido siempre referidas a la propia educación de mi hijo. Nada que ver con terceras personas, ni con dinero, ni con las administraciones públicas.  La logística siempre tiene solución. Las respuestas a preguntas incómodas se aprenden a dar (y una también aprende cuándo no hay necesidad de contestar). La regulación legal no depende de mi personalmente y, si me llegaran a afectar los hipotéticos cambios que pudiera haber en la ley, es algo por lo que no merece la pena preocuparse antes de tiempo. Así que la dificultad, realmente, es cómo acompañar a mi hijo en sus procesos de aprendizaje, cómo tomar ciertas decisiones, cómo deshacerme de la duda casi constante de si nos estamos equivocando, de si hay una manera mejor.

Concuerdo totalmente en que es una gran responsabilidad que, a veces, pesa. Pero lo demás, con el tiempo, pierde toda importancia.





lunes, 31 de julio de 2017

Estoy en Ivoox



Acabo de estrenar mi nuevo canal en Ivoox, donde subiré los audios de algunos de mis vídeos de Youtube y los podcast de Patreon, que vamos a empezar en septiembre.








viernes, 28 de julio de 2017

Exponer niños en internet: cómo y por qué



Conocí internet en 1997 pero no empezó a interesarme hasta el año 2006 o 2007. Ahora no sólo me interesa sino que me fascina por todo el potencial que tiene y por todo lo bueno que personalmente he conseguido gracias a la red. La vida es, en muchos aspectos, más fácil y las posibilidades infinitamente mayores.

Con la generalización del uso de las redes sociales, la separación entre la vida profesional y la vida personal es cada vez menos evidente. Uno puede seguir a una persona en redes sociales porque le interesa su trabajo pero, casi inevitablemente, se acaba enterando de aspectos de su vida privada y viendo, incluso, fotos de sus hijos.

No voy a decir que la privacidad ya no existe pero, desde luego, ya no es lo que era. La polémica de moda ahora es la exposición de los niños en internet y, una vez más, creo que tengo una opinión impopular sobre el tema. Mi primer blog lo abrí en enero de 2007 y era un blog de opinión. Pero a final de ese mismo año, abrí un blog personal sobre educación y crianza donde compartía artículos que me habían gustado, recomendaba recursos didácticos y también explicaba qué cosas hacía con mi hijo, que entonces tenía 2 años y medio. Poco a poco se fue convirtiendo en un diario personal de la educación de mi hijo. Y, sí, publicaba fotos en las que se veía su cara.

Ahora hago lo mismo pero más en redes sociales y en Youtube que en los blogs.

La cuestión fundamental, para mi, es que cuando comparto ese tipo de información lo hago con un propósito, que es dar testimonio de nuestra forma de educar. No pongo fotos (o vídeos) por ponerlas, ni para presumir, ni porque no tenga otra cosa que contar. Lo hago porque precisamente lo que quiero contar es cómo educamos y, para eso, el mejor apoyo gráfico son las imágenes de la familia y de las actividades que hacemos. Si alguien se siente incómodo ante esta "exposición" lo tiene tan fácil como no entrar en mis redes sociales.

El hecho de tener un objetivo de difusión claro es crucial para tener un criterio claro y sólido a la hora de decidir qué compartimos y qué no compartimos. Ninguna imagen es superflua. No publicamos nunca ninguna imagen que no sirva a nuestro objetivo. Por eso no publicamos los momentos íntimos. No veréis a nuestros hijos lavándose los dientes, orinando o bañándose, por ejemplo, ni hablando de ciertos temas. No os contamos ni una décima parte de lo que son sus vidas, porque no es necesario y porque -aunque algunos lo pongan en duda- valoramos y protegemos su intimidad. Es más, el mayor ahora tiene 12 años y desde hace ya mucho tiempo tiene derecho de veto sobre lo que se publica. Si no quiere, no sale. Si veis alguna foto suya o le veis en algún vídeo, es porque expresamente lo ha autorizado. el pequeño todavía no puede elegir y, de hecho, pienso que lo que se publica cuando son pequeños dice más de los padres que  de los hijos. Dice cómo gestionamos ciertas cuestiones y, en general, qué tipo de crianza hemos elegido.

Cuando me hablan de "exponer" a los niños en internet y lo hacen con tono de superioridad moral y con repugnancia, siempre les cuento que la primera acepción de la RAE es "presentar algo para que sea visto". Y, la segunda, "manifestar o dar a conocer algo". Así que, sí, exponemos a los niños. Y no, no es algo moralmente reprobable, ni es repugnante, ni es un delito. Hay que irse hasta la quinta acepción para encontrar un significado negativo: "Poner algo o a alguien en situación de sufrir daño o perjuicio". Y sé que sí, que hay familias que no parecen tener mucho cuidado con lo que publican. Lo que no es justo es que nos metan a todos en el mismo saco.

Y me diréis: "¡Pero hay peligros en internet!". Y yo os contestaré: "Por supuesto que los hay. Y también ha peligro en subirse a un coche y no por eso dejamos de hacerlo".





martes, 25 de julio de 2017

Cómo NO redactar un email



Hace algunos años escribí un artículo titulado 8 formas de evitar que te conteste un email. El artículo levantó algo de polémica, dijeron que era una maleducada y otras lindezas.

Con el tiempo he aprendido que un factor decisivo para el éxito profesional (especialmente si trabajas por tu cuenta, pero no únicamente) es tener un sistema de trabajo sólido, no sólo en cuanto a rutinas y organización sino también sobretodo en cuanto a las condiciones que estás dispuesto a aceptar. Cómo trabajas, qué le pides al cliente y qué le ofreces, hasta dónde estás dispuesto a negociar esas condiciones, a dejar que te impongan las suyas y, con ello, a permitir que sean otros quienes dispongan de tu tiempo.

Una de las claves de la productividad es, precisamente, la gestión del tiempo. Para que esa gestión sea eficaz es necesario, hoy más que nunca, una buena gestión del email y de las redes sociales. Hoy traigo un ejemplo práctico (y real) de cómo no redactar un email si quieres que te contesten y si además quieres que la respuesta sea positiva, claro.















Recibí este mensaje desde una dirección de Gmail (aquí el debate está abierto: ¿es más profesional usar una dirección de empresa?): 


Hola. Me preguntaba si aceptáis post invitados en vuestro blog. Tengo preparado un artículo de gran calidad en la redacción y lo suficientemente extenso, es perfecto para vuestra web. Lo único que me gustaría incluir en el artículo es una línea sobre el autor en el último párrafo del artículo con un enlace o, si es posible, incluir este en el cuerpo del texto. ¿Queréis que os envíe el artículo para que podáis echar una ojeada? Muchas gracias, YYY, Creador de contenidos en XXX


Y ahora vamos a hacerle un pequeño fisking:

1) Estás escribiendo a la dirección de una persona, no de una empresa, grupo ni colectivo, así que no deberías dirigirte a mi en plural.

2) Tengo varios blogs, si hubieras investigado un poco lo sabrías y especificarías en cuál de ellos te interesa publicar.

3) Si ya tienes preparado ese artículo ¿por qué no me dices cómo lo has titulado, de qué va y cuál es esa extensión que consideras "suficiente"? Así yo podría saber si encaja en alguno de mis blogs.

4) Quedaría muy profesional si en tu firma incluyeras un enlace a la web de la empresa para la que trabajas. Pero no, tengo yo que molestarme en buscarla en internet si quiero saber de qué va y si realmente esa persona trabaja para esa empresa.

Obviamente se trata de una campaña de captación de enlaces y no me interesa participar. Pero supongamos por un momento que sí me interesa utilizar este tipo de estrategias para posicionar mis blogs. Desde luego no lo  haría con alguien que se dirige a mi con esta falta de profesionalidad.  Porque cuando envías un email tienes que pensar un poquito en la persona que lo va a recibir y redactarlo de forma que se note.

Llamadme borde, si queréis, pero este email se queda sin contestar.





lunes, 24 de julio de 2017

Homeschooling: ¿solución al bullying?



El curso 2016-2017 ha sido, para mi, el curso del bullying. No por haberlo sufrido, sino por la cantidad de familias que han llegado a mis talleres y asesorías con este problema y sin ningún tipo de solución por parte de colegios y administraciones.

Muchas de las familias que educan en casa lo hacen porque han tenido algún conflicto con el colegio. A menudo, acoso escolar, pero no únicamente.

Y tenemos que aguantar que otras personas que no conocen nada de nuestra historia vengan a darnos lecciones y a decirnos que estamos huyendo del problema. Que lo correcto y lo que deberíamos hacer es quedarnos dentro del sistema, buscar una solución para nuestros hijos y, ya de paso, "luchar" por mejorar el propio sistema. Casi nada.

Yo discrepo. Y mucho.

Pienso que está muy bien trabajar (que no "luchar") para mejorar el sistema. Yo lo hago todos los días. Pero no a costa de los niños. No necesariamente desde dentro. Cada uno puede aportar su granito de arena desde donde está. Y no hace falta poner en peligro a los niños porque una causa sea más importante para nosotros. No puede serlo.

Cuando te ves en una situación delicada y peligrosa, como es el acoso escolar, tu primera obligación es ponerte  a salvo. Y si para ello tienes que desescolarizar, lo haces. Puede ser una solución temporal. Puede que luego vuelvas a escolarizar. O puede que no. Y no pasa nada. No estás huyendo ni te estás escondiendo. Estás poniéndote a salvo y, quizás (probablemente) encontrando una vida mejor que antes no conocías.

A todos esos que pretenden obligarnos a dejar a nuestros hijos en un entorno que es tóxico para ellos, sólo tengo que decirles: la primera obligación de un padre es proteger a sus hijos.





domingo, 23 de julio de 2017

Bullying



Cuando creé el taller de La Desescolarización Interior lo hice pensando en las familias que querían educar en casa (o que estaban empezando a hacerlo) y que necesitaban un poco de apoyo, sentirse menos solas y que alguien les acompañara en el proceso de adoptar una nueva mentalidad acorde a la filosofía de vida del homeschooling.

Ya en la primera edición se inscribieron dos profesores, una mujer sin hijos y tres madres de hijos escolarizados que me dijeron: "mis hijos van a seguir escolarizados, pero quiero aprender a ver la educación como tú la ves".

No supe si tenía algo que ofrecerles, la verdad. Les invité a quedarse y también les dije que, si en algún momento veían que el taller no les aportaba nada, podían darse de baja y yo les devolvería el dinero. 

Se quedaron y, para mi sorpresa, fueron quienes más aprovecharon el taller.

Desde entonces estoy trabajando cada vez menos con homeschoolers y más con padres que escolarizan. Uno de los problemas más frecuentes con los que se encuentran y al que nadie da solución es el del acoso escolar. Tras un curso de trabajar intensamente este conflicto con ellos, me han animado a compartir mi visión del tema: