domingo, 26 de diciembre de 2010

Y un jamón - Artículo en Última Hora Menorca



Algunos en España se dedican a despreciar la propia cultura. Un libro de texto usado en nuestras aulas reescribe así nuestra historia: en 1492, un grumete llamado Dídac llegó por casualidad a un lugar que resultó ser América; de Colón sólo se habla de pasada. Luego tergiversan la historia de España para no hablar de la invasión mora. De hecho, ya ni siquiera podemos usar la palabra “moro” sin que nos acusen de xenófobos y racistas. Pero no es por la tolerancia, es por la incultura: consulten ustedes el DRAE y verán que no incluye ninguna acepción peyorativa de este vocablo.

 
La semana pasada, un alumno de un instituto de Cádiz denunció a un profesor por hablar de jamones. La clase era de geografía y el profesor comentó que el clima de Trévelez, en Granada, era ideal para la curación del jamón. El alumno le dijo que ese comentario ofendía a su religión e interpuso una denuncia contra su profesor. Como la fiscalía no vio indicio alguno de delito y le dio carpetazo al asunto, el niño del jamón se puso chulo y amenazó al profesor con llegar “hasta el final” para que esto que le ha ocurrido a él “no le suceda a ningún niño más”.
  
  Kafka disfrutaría en esta España en la que todo está prohibido. No podemos fumar, no podemos crear escuelas libres, no podemos ir a los toros, no podemos realizar galas benéficas sin que la SGAE se lleve “su” parte, no podemos hablar sin incluir a los dos géneros... A la Ministra Chacón le molestan los belenes y a la Ministra Aído le molestaba que la consideraran “miembro” del Gobierno. Porque ella se sentía “miembra”.




Nos eliminan todos los símbolos cristianos de los lugares públicos, incluso el cementerio de Ferreries dejará de llamarse “Cementerio católico”. Muchos españoles desprecian una religión que es la base de nuestra cultura milenaria pero, en cambio, secularizan sus sacramentos: celebran bautismos y matrimonios civiles y, en vez de confesarse, van al psicólogo. No contentos con ello, ensalzan las creencias de los demás a costa de nuestras propias tradiciones. Como nos descuidemos, intentarán hacernos celebrar la Navidad sin tapitas de jamón, sin belenes y sin Reyes Magos para no ofender a nadie. O, mejor aún, que dejemos de celebrar la Navidad y celebremos el Ramadán.

Se llenan la boca hablando de tolerancia y de la alianza de civilizaciones. Pero  miran para otro lado cuando en Egipto matan a los coptos por celebrar la Navidad, cuando en Somalia una niña de 17 años fue asesinada a tiros por su propia familia por haberse convertido al cristianismo, cuando en Pakistán un imán ofreció una recompensa de 500.000 rupias (unos 4.400 euros) a quien matara a Asia Bibi, condenada por una denuncia infudada y no probada de blasfemia, cuando en Iran ahorcan a los homosexuales o cuando, también en Egipto, 150 personas fueron detenidas por no ayunar durante el Ramadán. Daba igual que esas personas fueran cristianas, porque la Sharia obliga a todos por igual en aquél país. ¿Se imaginan que en España obligáramos a los musulmanes, budistas o ateos, por ejemplo, a ir a la Misa del Gallo, a cantar villancicos y a poner un belén en sus casas?


En el año 2006, un dibujante danés publicó doce caricaturas sobre Mahoma que indignaron a los islamistas fanáticos y también al Presidente del Gobierno español. Zapatero pidió respeto. ¿Dónde estaba el Presidente cuándo, hace un par de años, en una exposición fotográfica realizada en Extremadura se incluyó una imagen de la Virgen María masturbando a Jesucristo? ¿Por qué no pidió respeto entonces? Tampoco se ha pronunciado el Gobierno acerca del asunto del jamón.


Han venido a nuestros países porque, a pesar de todo, hemos tenido aquí más prosperidad. Y esta prosperidad no la hemos conseguido porque sí (ni la estamos perdiendo porque sí). La prosperidad es el fruto propio de las sociedades libres, en las que cada cual puede pensar, discutir, experimentar con nuevas ideas, equivocarse, rectificar, y crear empresas libremente. Pero algunos insensatos prefieren no entenderlo. Codician la prosperidad atacando la libertad como quien codicia amor atacando el respeto. Viéndoles, uno se acuerda de la advertencia de Edmund Burke: ‘para que triunfe el mal basta con que los hombres buenos no hagan nada’. Porque el mal jamás triunfa por mérito propio, sino por incomparecencia del adversario.

Así que, ¡qué mejor forma de honrar a esta civilización nuestra que tanto nos ha dado, que practicando la libertad, esto es, viviendo en libertad! En mi casa hay belén, y habrá jamón en Nochebuena, y escucharemos La Sibila y vendrán los Reyes Magos. Que pasen ustedes unas felices fiestas.


 *Artículo publicado en Última Hora Menorca el 26.12.2010