sábado, 24 de diciembre de 2011

Al pan, pan



Y al vino, vino. Es lo que nos recomienda el sabio refranero español: que llamemos a cada cosa por su nombre, aunque a veces cuesta porque es más fácil, a corto plazo, ser un poco hipócrita, auto-engañarse y tratar de engañar al resto del mundo.

Es lo que hacemos cuando tenemos hijos: reproducimos los esquemas asimilados sin cuestionarlos. A veces, los cuestionamos en nuestro fuero interno y, aún así, seguimos sin romper la inercia de lo vivido y sufrido en nuestra infancia; seguimos actuando conforme a los patrones de otras personas y de otras épocas y, encima, buscamos justificaciones para nuestros actos.


En la maternidad, como en la vida misma, hay que establecer prioridades. Si no tienes claras tus prioridades, difícilmente vas a poder tomar decisiones conscientes que sean aptas para la consecución de tus objetivos. ¿Está cada decisión que tomas, cada acto que realizas, cada palabra que pronuncias en sintonía con tus prioridades y con tus objetivos fijados? Probablemente no. Probablemente mientes más que hablas. Mientes cuando dices que la felicidad de tu hijo es lo más importante para ti, pero luego le haces llorar por cualquier otra cosa que tú querías. Esa otra cosa era, en realidad, tu prioridad. Mientes cuando dices que tu prioridad es la felicidad de tu hijo y luego le haces llorar por un plato de lentejas. Te justificas diciendo que su salud “también” es tu prioridad. Pero resulta que no puede haber dos cosas en el mismo puesto de la escala de prioridades. Prioridad es, según el DRAE, lo que viene con anterioridad respecto de otra cosa, en tiempo o en orden. Así que no puede haber dos “prioridades” iguales. Una es la primera, otra es la segunda y así sucesivamente, pero no puedes igualarlas. Y no estoy diciendo que la felicidad de los hijos deba ser la prioridad de las madres. Estoy diciendo que debemos ser consecuentes con cualesquiera prioridades que tengamos para nosotros y para nuestros hijos.

Es más, volviendo al ejemplo de las lentejas, en ese caso la prioridad ni siquiera era la salud. La salud no depende de un plato de lentejas así que, cada vez que provoques un conflicto familiar por un plato de algo, o por una ducha de más o de menos, pregúntate qué problema tienes tú y deja de proyectarlo en tu hijo.


Durante el año 2011, tres niñosse suicidaron porque sufrían acoso escolar. Algunos de esos niños habían pedido a sus padres que no les obligaran a ir a la escuela. Pero, para sus padres, la prioridad era cumplir con la norma social que obliga a encajar (aunque, si les hubiéramos preguntado, probablemente habrían dicho que su prioridad era la felicidad de sus hijos). En este caso, el precio que pagaron fue demasiado alto. No se tomaron la molestia de pararse a pensar a qué daban valor en realidad, qué cosas eran importantes y cuáles eran secundarias, a qué querían dedicar su tiempo y su energía y cómo iban a hacerlo. Tomaron la decisión (sin meditarla mucho, supongo) de hacer lo que hace la mayoría de la gente, lo que está socialmente aceptado, y a eso lo llamaron responsabilidad. “La vida es así”, dice la mayoría de la gente. “Es mejor que se acostumbren de pequeños”. Es otra característica del auto-engaño: no querer ser conscientes de que nuestra actitud va a tener consecuencias y que esas consecuencias las va a sufrir más gente aparte de nosotros mismos.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Las políticas y los bebés



En el año 2006, una abogada de Barcelona solicitó el aplazamiento de una vista en el juzgado. Le fue denegado porque el juez estimó que el motivo alegado no constituía causa de fuerza mayor. Llegó el día de la vista y la abogada acudió puntual, con su bebé recién nacido en brazos. Al verla, el juez cambió su criterio y decidió que un parto reciente sí era causa de fuerza mayor, así que le concedió el aplazamiento.

Flaco favor nos hicieron las feministas de los sesenta cuando lucharon por una igualdad que pretendía ignorar el hecho biológico que nos hace diferentes.





 La baja maternal dura, según la ley, 96 semanas (es decir, casi dos años) en Suecia; 52 semanas (un año) en Noruega; y 16 semanas (es decir, 112 días, un tercio de año) en España. De estas 16 semanas, las 6 primeras (42 días) son de reposo obligatorio para la madre. A menos, claro, que tus obligaciones sean más importantes que tu bebé y que tu propia salud. Esto es lo que debió pensar Soraya Sáenz de Santamaría, quien ha preferido dejar a su bebé en manos de otra persona y dedicarse a quehaceres más importantes relacionados con el nuevo gobierno del Estado. Por no decir que está incumpliendo la ley.

Las mujeres cuya vida tiene una proyección pública tienen en sus manos la posibilidad de dar ejemplo y concienciar a la sociedad de la importancia de la maternidad: de la importancia de descansar tras un parto, de la importancia de crear un vínculo con el recién nacido, de la importancia de la lactancia, de la crianza en brazos y de todo eso que, si me permiten la generalización, nuestras abuelas y bisabuelas sabían tan bien, que nuestras madres quisieron ignorar en busca de una igualdad mal entendida y que a nosotras nos tienen que recordar los “expertos” en la materia.







Carmen Chacón dice que sí se tomó los 42 días de descanso obligatorio, aunque matiza que compaginó el cuidado de su hijo con “contactos con sus colaboradores del Ministerio de Defensa”, sea lo que sea lo que quisiera decir con esa frase. Sin embargo, durante su embarazo había sido nombrada Ministra y se dedicó en cuerpo y alma a ese nuevo puesto. Se fue de viaje oficial a Kabul con su equipo médico al completo (“viaje oficial” significa que todos nosotros le pagamos los gastos a ella y a sus médicos). Hizo caso omiso de las recomendaciones médicas que desaconsejan viajar en los últimos meses del embarazo, especialmente si se trata de viajes largos. Y, encima, se tomó un vino con los soldados.

La francesa Rachida Dati es otra que tal baila: la ministra de Justicia se tomó, literalmente, cuatro días de baja. Cuatro.


Por suerte, hay mujeres como la eurodiputada danesa Hanne Dhal, que acudió al parlamento con su hija de dos meses; o su compañera italiana Licia Ronzulli, quien llevó a su hija en un portabebés poco después de nacer y la sigue llevando con ella ahora que ya tiene un año de edad. "Quiero ser un símbolo, con mi hija Victoria, y pienso en todas las mujeres que no pueden conciliar su vida profesional con su vida familiar", declaró Licia tras ser aplaudida por sus compañeros.

En España, en cambio, aplaudimos la “profesionalidad” de Carme y de Soraya. Luego nos quejamos de los adolescentes que tenemos, pero no nos quejamos de la crianza que les hemos dado.






 

sábado, 10 de diciembre de 2011

Chantaje en Port Aventura



El marketing dice que PortAventura mola; y dice que, sobre todo, les mola a los niños. Así que algunos padres llevan a sus hijos a Port Aventura, aunque sus hijos no quieran. Además de no escucharles y de no hacer caso de sus preferencias, les obligan a subirse a trenes que dan miedo y a sacarse fotos con muñecos enormes que dan más miedo aún.



El caso de las fotos es curioso (y, quien dice fotos, dice vídeos). Prolifera, cada vez más, el tipo de padre que está tan ocupado registrando el momento, que se olvida de vivirlo. Son padres que sueltan la mano de su hijo pequeño pero no sueltan el móvil ni la cámara porque sienten una extraña necesidad de sacar la foto, grabar el vídeo o publicar un twit sobre las supuestas monerías de su hijo. Lo peor es que el niño, en realidad, no se está divirtiendo lo más mínimo, porque un Woody Woodpecker de metro ochenta puede resultar algo macabro y Elmo se suponía que tenía que estar al otro lado de la pantalla, no materializarse en nuestra dimensión.


La cuestión es que los padres casi nunca están contentos con lo que hacen sus hijos. Es sólo porque, en vez de escucharlos, planean su vida a sesenta años vista, incluso desde antes de nacer. Así que tenemos, por un lado, a los padres que obligan a sus hijos a divertirse en Port Aventura. Para éstos, lo más importante no es que el niño se divierta, sino que quede constancia gráfica de ello. Y, por otro lado, tenemos a los niños que sí se divierten en Port Aventura, a pesar de sus padres. 









Hay un lugar en ese parque que hace las delicias de los niños de cuatro a siete años, más o menos. Es una casa laberíntica, de madera, llena de pasadizos y recovecos en los que esconderse. Dentro hay niños. Afuera hay adultos con cara de aburrimiento. El aburrimiento da paso a la impaciencia. Y la impaciencia, como es sabido, da lugar al enfado. Los adultos con pocos recursos empiezan gritando algo como: “¡Niño, sal ya que nos vamos! ¡¡Que salgas te he dicho!!” Pero, como la técnica no funciona, prueban con el clásico chantaje, suavizando la voz todo lo que pueden para disimular su ira: “Vida, sal, que te doy un chupachups”. Apuesto algo a que si fuera el niño quien hubiera pedido el chupachups, le habrían dicho que no, que luego se le quitaba el hambre y no comía.

Y luego, a veces, viene la discusión conyugal, porque cada uno había hecho una planificación mental del maravilloso día que iban a pasar en familia y, claro, como la planificación mental de uno no concuerda con la del otro, pasan directamente a la bronca y el reproche, dándole a su hijo un perfecto ejemplo de cómo no comportarse.

Tristemente, la mayoría de los padres nunca se plantean (ni antes ni después de tenerlos) qué tipo de relación quieren tener con sus hijos. Si les preguntas qué es lo que quieren para ellos, con toda probabilidad te dirán que “sólo quieren que sean felices”. Pero, día a día, nos demuestran que eso es mentira. Cada vez que hacen llorar a sus hijos por un plato de verdura, cada vez que les faltan al respeto gritándoles o castigándoles, cada vez que insultan a su inteligencia sometiéndolos a un sutil (o no tan sutil) chantaje, están anteponiendo sus prejuicios y sus miedos a la felicidad de sus hijos. Y todo eso, a costa de la personalidad de sus hijos, que está en construcción.



viernes, 2 de diciembre de 2011

II Congreso Nacional de Homeschooling




La semana pasada se celebró en la Universidad de Navarra el II Congreso Nacional (y I Internacional) de Educaciónen Casa/Homeschooling. Allí tuve el placer de conversar con profesores de diversas ramas del Derecho y con inspectores de educación, entre otros profesionales.



Presenté una ponencia titulada “Consecuencias de la falta de asesoramiento legal previo a la desescolarización” ya que, dada la convergencia de mi profesión con mi condición de madre homeschooler, me encuentro demasiado a menudo con familias que podrían haber evitado procesos judiciales en su contra si hubieran contado con el debido asesoramiento antes de tomar ninguna decisión respecto de la escolarización de sus hijos. Recalqué, además, la importancia de contar con un experto procesalista que vele por la observancia de las garantías del proceso. 

La cuestión fue ampliamente completada con las ponencias de otros juristas, como el profesor Muñoz, de la Universidad de la Rioja, quien analizó la posición del Tribunal Constitucional ante el homeschooling; el inspector de educación y profesor de la UNED, Don Ángel Sanz, quien destacó la necesidad de un cambio legislativo que desvincule a la educación en casa del absentismo escolar para facilitar la labor de los inspectores educativos; o el ex Director General de la Alta Inspección Educativa del Estado, Don Teófilo González, cuya ponencia se centró en la inexistencia de razones válidas que justifiquen la imposición legal de la escolarización obligatoria.

La profesora Madalen Goiría, de la Universidad del País Vasco, presentó una interesante propuesta de flexibilización del sistema escolar que es utilizada con éxito en otros países. Se trata del llamado “flexischool”, es decir, escuela flexible, y consiste en la posibilidad de que las familias que educan en casa tengan la posibilidad de escolarizar a sus hijos por asignaturas en vez de por cursos completos. Así, un niño podría educarse en casa y, a la vez, acudir a la escuela para realizar clases de alguna asignatura específica. Es habitual que este sistema se utilice para las materias de matemáticas, ciencias y educación física, para cuya enseñanza una escuela puede resultar mucho más eficiente que una familia.

Al margen de sus opiniones personales respecto de las ventajas e inconvenientes de la educación en casa, todos los ponentes coincidieron en la necesidad de que esta opción educativa sea reconocida de forma expresa por la legislación española, y en la inmoralidad que supone la persecución a que actualmente están expuestas las familias que se responsabilizan directamente de la educación de sus hijos. El alto grado de estatismo del que está imbuida la sociedad española convierte a los homeschoolers de este país en luchadores que deben enfrentarse diariamente al juicio social, además de a la incompetencia y al autoritarismo de las administraciones públicas. No se trata de un debate pedagógico, sino de un debate moral acerca de la libertad de elegir. Como bien dijo Christine Brabant, de la Universidad de Louvaine, "Si unos padres quieren educar a sus hijos en casa y crear herramientas de homeschooling, la pregunta no es si el gobierno debería permitírselo o no. Es cómo será apoyado y qué normas regirán su práctica. Es un reto gobernativo”.


Con Paula Rothermel

sábado, 19 de noviembre de 2011

El cartero no siempre llama dos veces


Hoy se celebra la jornada de reflexión electoral, así que voy a reflexionar sobre un asunto electoral: el voto por correo.


Pongamos que dos personas residentes en una Comunidad Autónoma deben votar en otra porque el censo válido para estas elecciones es el de fecha 31 de mayo de 2011. Pongamos que, una vez abierto el plazo, estas dos personas acuden a la oficina de Correos más cercana para solicitar el voto por correo. Unos días después, el 8 de noviembre para ser exactos, un repartidor de Correos llama a la puerta.

-Traigo sus papeletas para votar. Firme aquí.

-Gracias. ¿Puede dejarme también las de mi madre?

-No. Tengo que entregarlas personalmente.

-Vale, entonces pase esta tarde o mañana por la mañana, que seguro estará en casa.

-Un compañero pasará esta tarde y, si no la encuentra, dejará un aviso para que pase ella a recogerlo por la oficina.

Esta parte es importante: dijo que, si no te encuentran en casa, te dejan un aviso para que sepas cuándo y dónde recogerlo. Pero el cartero no apareció y tampoco dejaron ningún aviso. Así que, una semana después, el 15 de noviembre, nos acercamos a la oficina de Correos para recoger las papeletas.

-Aquí no están, tiene que esperar a que le llegue el aviso.

-¿Cómo que no están? Las trajeron hace una semana y todavía no han dejado ningún aviso.

-No puede ser.

-Claro que puede ser. Es más: es. Yo vi el sobre. El repartidor dijo que no me las podía dejar a mí.

-Bueno, pueden llamar a este número, que es del censo electoral. Que les den el código y, con eso, yo ya puedo ver qué ha pasado.

Salimos a la calle. Llamamos. Apuntamos el código. Volvemos a entrar. La funcionaria se sorprende (supongo que había pensado que se había librado de nosotras). Introduce el código en el ordenador y localiza el sobre:

-Está devuelto. Se devolvió el día 10. Por desconocido. Puede que aún esté en la Central, pueden llamar y preguntar.

-No, quién tiene que llamar es usted.

Llamó, nos confirmó que el sobre estaba en la Central y nos dijo que podíamos ir a recogerlo. Nos negamos y nos dijo que podía pedirles que lo mandaran de nuevo a la oficina.

-Creo que adónde deberían mandarlo es a casa, pero bueno, a la oficina ya está bien. Pero denos el número de teléfono para que lo confirmemos antes.

Al día siguiente, llamamos por teléfono a la oficina de Correos. Llamamos tres veces. Y las tres veces saltó el fax. Por la tarde, mi madre acudió personalmente y le dieron un sobre encima del cual habían escrito con boli: “Ni en el 22 ni en el 24 me han dicho que no vive”. En primer lugar, la frase expresa justo lo contrario de lo que quien la escribió quería expresar. En segundo lugar, en este edificio el portal 22 y el portal 24 son el mismo, lo que confirma la teoría de que el compañero del primer repartidor nunca vino.

-Al final ha podido votar.- Le dijo el chico de la oficina de Correos.

-No lo sé.- Respondió mi madre.- Ahora tiene que llegar.


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Roban al cartero una saca con 18 solicitudes de voto por correo - eldiariomontanes.es

PP de Madrid denuncia que miles de españoles residentes en el exterior no han recibido el voto previamente solicitado - lavanguardia.com

UPyD atribuye los problemas con el voto por correo a que la administración electoral es "un desastre" - diariosigloxxi.com

Correos culpa a la Junta Electoral del retraso en la entrega de papeletas - levante-emv.com

Los problemas con el voto por correo dejan a muchos españoles sin votar desde el extranjero - noticias.lainformacion.com

Y un largo etcétera




sábado, 12 de noviembre de 2011

Quién se ha llevado nuestro dinero


Durante el año 2010, la Secretaría General de Política Social y Consumo otorgó subvenciones por valor de casi diez millones de euros (10.000.000). Unos seis millones se destinaron a Servicios Sociales. Medio millón, a la lucha contra la pobreza y la exclusión social. Y más de tres millones, a la familia y la infancia. Ese mismo año, el Ministerio de Asuntos Exteriores repartió la friolera de veinticinco millones y medio (25.500.000) a diversas organizaciones, nacionales y extranjeras, que desarrollaran proyectos para la cooperación internacional y el desarrollo. La fundación peruana Triángulo (colectivo gay) se llevó 137.600 euros. La Associació Catalana de Temps de Lleure se llevó 350.000 euros para desarrollar un proyecto en Marruecos. La Organización Navarra de Ayuda entre los Pueblos, 505.000 euros para un proyecto en el Congo. El Centro de Estudios Amazónicos, 250.000 euros para Bolivia. La Fundación del Valle, 300.000 euros para el empoderamiento de la mujer en Guatemala. Otros 300.000 euros se destinaron al desarrollo de políticas locales de empleo en Argelia. Entre otros muchos.




En el año 2011, con el paro subiendo y Europa a punto de rescatarnos o de darnos la patada definitiva, el Gobierno español demuestra no haber aprendido la lección: la movilidad de profesores y estudiantes universitarios entre Francia y España nos ha costado 80.000 euros (pueden verlo en el BOE nº 262, de 31 de octubre). Ese mismo mes, la ONG presidida por la esposa del Señor Rubalcaba se embolsó 200.000 euros. El Ministerio de Sanidad concedió ayudas por valor de 524.800 euros a tres asociaciones gays (publicado en el BOE del 6 de septiembre). Poco después, dedicamos 300.000 euros a “proyectos de profundización en la consolidación de las competencias básicas como elemento esencial del currículo” (BOE nº265, de 3 de noviembre). El 10 de noviembre, a sólo diez días de las elecciones generales, el cine español se llevó subvenciones por valor de 2.000.000 de euros (BOE nº 271).

Ésta es sólo una parte de todas las subvenciones y ayudas que se han concedido en los últimos dos años. Da igual que España tenga un déficit descomunal y que haya cinco millones de parados. Nosotros vamos y les regalamos un dinero que no tenemos a otros países del mundo para su desarrollo agrario, sus estrategias feministas, el fomento de empresas culturales y creativas o la normalización del colectivo gay.


A todo ello hay que añadir otro tipo de gastos, como lo que nos cuestan las “misiones de paz” o los casi 65 millones de euros que se han embolsado los partidos políticos con representación parlamentaria, de los cuales casi un 82% se ha destinado al PP y al PSOE. Ésta es nuestra democracia. Nuestro “estado social y democrático” que se dedica a fomentar políticas de empleo en otros continentes mientras aquí nos pasamos los lunes al sol. Nuestro “estado del bienestar” que se ocupa del bienestar de los gays, lesbianas y transexuales de otros lugares antes que del bienestar de todos los españoles, se acuesten con quien se acuesten.

Y este es, en fin, el gobierno que hemos tenido y mantenido y que, muy probablemente, será sustituido por otro que tal baila.


sábado, 5 de noviembre de 2011

Educación española, autoengaño colectivo



La educación va mal en España. Cada vez que sale un nuevo informe Pisa, bajamos un poco más. Cada vez que en el informe Pisa se menciona a España, es para dar algún dato negativo. Somos el ejemplo perfecto de cómo no deben hacerse las cosas. Nadie en su sano juicio mandaría a sus hijos a estudiar a este país.
Y, mientras tanto, de puertas adentro, el debate se centra en si hay que recortar gastos o aumentarlos y en si es bueno o malo aumentar en dos las horas lectivas semanales. Es como ponerle una tirita al que se está desangrando. O, peor, como medicar al muerto.


La Ley Orgánica de Educación establece en su Preámbulo tres objetivos de los cuales ninguno se ha cumplido en los cinco años que la norma lleva en vigor. Es más, no sólo no se han cumplido sino que se ha avanzado en la dirección contraria. El primer objetivo consistía en mejorar los resultados académicos y reducir la tasa de abandono escolar. Para conseguir lo segundo, se tomaron medidas que impedían conseguir lo primero. Para evitar el abandono, se ha promocionado a alumnos que, claramente, no tenían el nivel suficiente para pasar de curso, pero se les ha permitido con la idea de que, así, se reduciría el abandono escolar. La realidad es que no se ha conseguido ni lo uno ni lo otro.

En el año 2007, la entonces Ministra de Educación, Mercedes Cabrera, puso en marcha un programa para lamejora del éxito escolar y otro contra el abandono llamado “temprano”. La tasa oficial del fracaso escolar (que mide el número de alumnos que abandonan sus estudios antes de terminar la educación secundaria) era del 28,9% en el año 2002; unos dos millones de alumnos. Bajó al 28,5% en 2004 y había subido al 29,4% en 2007 (aunque en Baleares era del 40,5%). Dos años después de la implantación de los programas de la Ministra Cabrera, había subido al 31,2% (las Comunidades Autónomas que lo lideraban eran Baleares, Andalucía, Murcia y Ceuta y Melilla). En 2011, cuatro años después de la implantación de los programas, la tasa oficial de fracaso escolar es del 28,4% (según datos oficiales de septiembre de 2011). En conclusión, en los últimos cuatro años hemos conseguido reducir el fracaso escolar hasta el nivel del año 2004. O sea, volvemos a rondar los dos millones de alumnos que abandonan. Todo por el módico precio de 36,2 millones de euros. Algo más de seis mil millones de pesetas. Fíjense: 6.000.000.000 de pesetas.

Para que no me vuelvan a decir que siempre critico al pesoe y nunca al pepé, voy a recordarles la promesa electoral de Mariano Rajoy: “Yo le voy ameter la tijera a todo, salvo a las pensiones públicas y, aunque seacompetencia de las comunidades autónomas, a la sanidad y la educación”. Éste todavía no se ha querido dar cuenta de la obviedad: que más gasto no es garantía de mejores resultados. Que el problema de la educación no es un problema de financiación. Que el gobierno Zapatero ha tirado a la basura el equivalente a seis mil millones de pesetas. ¿Va a emularlo?


Tampoco ayuda el que cada nuevo gobierno se dedique a derogar las leyes de su antecesor y a publicar las suyas propias. Hemos tenido seis leyes de educación en los últimos veinticinco años. La última, la LOE del 2006, funde las antiguas LOGSE, LOPEG y LOCE y permite pasar de curso con cuatro suspensos. Así, en teoría, se tenía que reducir el número de alumnos que abandonaran el sistema educativo de forma “temprana”, es decir, sin terminar la Secundaria. Pero ni así se ha conseguido. Quizás habría que probar regalando el título sin evaluar los conocimientos de los alumnos. O quizás va siendo hora de abrir los ojos y darse cuenta de que el sistema educativo sí funciona, aunque no para lo que creíamos que debía funcionar. El sistema educativo funciona, en primer lugar, porque es un parking de niños razonablemente cómodo y aparentemente barato. En segundo lugar, porque cuánto más tiempo sea uno “estudiante”, más tardará en contribuir al crecimiento de las colas del INEM. Y, en tercer lugar, porque es una herramienta excelente para producir ciudadanos dóciles. Ya lo decía el nacionalsocialista Adolf Hitler, que qué suerte tienen los gobiernos de que la gente no piense. Y, como sabía que adoctrinar a los adultos sería harto difícil, centró sus esfuerzos en adoctrinar a los jóvenes. Todavía no hemos aprendido la lección.



sábado, 29 de octubre de 2011

Las noches que no duermes en tu casa



http://www.ine.es/censos2011/censos2011_cuestionario.pdf. Pasen y lean. Lean las 20 páginas de cuestionario del censo de población y vivienda para el año 2011. Cuestionario que está obligado a responder todo aquél que lo reciba en su casa bajo pena de multa de entre 60 y 30.000 euros si no se responde o si se dan datos falsos.

Primero, te piden que escribas los nombres y apellidos de todas las personas que viven en la casa, incluyendo a los hijos en custodia compartida si viven ahí la mayor parte del tiempo, a los estudiantes que estén temporalmente ausentes, a los que convivan aunque no tengan lazos familiares y, como ya se sabe que los españoles somos un poco cortos, te recuerdan que te incluyas a ti mismo. Claro.

Luego te preguntan algunas cosas acerca de la vivienda, como si es de compra o de alquiler o si está hipotecada. Como si todo esto no lo supieran ya ellos (siendo “ellos”, el Estado, que no se sabe muy bien quién o qué es, pero que nos tiene a todos bien controlados). Después empieza un cuestionario individual para cada habitante de la casa. Es como el confesionario de Gran Hermano, sólo que nadie te nomina para que abandones la casa. Al menos, de momento.

Algunas preguntas son absurdas por redundantes, porque se trata de datos de los que el Estado ya dispone y que podría recopilar fácilmente si hiciera uso de las tecnologías de la información y cruzara los datos de todos los registros en los que estamos fichados. Te preguntan por tu estado civil, por los lugares de nacimiento de tus padres, por tus estudios y por tu situación laboral. ¿Es que no pueden buscarlo en sus propias bases de datos?




Pero también hay preguntas personales, como cuántas noches has pasado fuera de tu municipio y dónde las has pasado. Es raro que no pregunten con quién estabas y qué hacíais. Y es raro, también, que el pueblo no se haya sublevado contra semejante intromisión en la intimidad personal. A Comisiones Obreras les parece poco que un 10% de los habitantes de este país sean obligados a responder a preguntas personales porque, según dicen en un comunicado del pasado mes de febrero, el censo debería constituir un “recuento exhaustivo de la población”. De ahí a que pidan que se nos implante un chip con todos nuestros datos y gepe ese incorporado, sólo va un paso. Un paso pequeño que no les va a costar mucho dar, puesto que este ente monstruoso llamado Estado no hace más que crecer y, para que él crezca, nosotros tenemos que menguar. Menguar en nuestra individualidad, en nuestra independencia y, en definitiva, en nuestra libertad.  ¡Cuánta razón tenía Goethe cuando dijo que nadie es más esclavo que el que se cree libre sin serlo! Y eso lo han hecho muy bien las democracias actuales, mediante una discreta pero eficaz labor de ingeniería social, con la que nos han hecho creer que somos libres. Al fin y al cabo, la soberanía nacional reside en el pueblo, y “el pueblo” somos todos y cada uno de nosotros. Ergo, somos soberanos ¿verdad?

Por otro lado, nos han metido el miedo en el cuerpo con el asunto de la seguridad y han conseguido que la mayor parte de la población esté dispuesta a sacrificar su libertad a favor de una supuesta seguridad que, en realidad, tampoco pueden garantizarnos.


Y, sin embargo, pusimos el grito en el cielo cuando nos enteramos de lo que podía hacer Facebook con las cosas que subíamos a nuestros perfiles. Pero Zuckerberg no nos obliga a usar su plataforma ni tampoco nos amenaza con multarnos. Nos quejamos de que Facebook pueda usar fotos que hemos subido libremente a la red y no nos quejamos de que el gobierno quiera saber cuántas noches hemos pasado fuera de casa. Y así nos va.





miércoles, 26 de octubre de 2011

Educar en libertad


*Artículo escrito para la Revista Atalis Digital (nº VI)

Existe la asunción generalizada en la sociedad actual de que la escuela provee a los jóvenes de la educación necesaria para su desarrollo y para su vida futura. Existe la asunción de que escolarización y educación son términos equivalentes y de que educación y aprendizaje son, también, términos equivalentes. Sin embargo, el proceso natural de aprendizaje, inherente a todo ser humano, no puede darse en un centro escolar. La curiosidad con la que nacemos es necesariamente atrofiada cuando, día tras día y año tras año, el niño debe reprimir su instinto para atender a las explicaciones del profesor sobre asuntos que quizás en ese momento no le interesan en absoluto y para encajar en un aula con veinticinco niños que nacieron el mismo año.

La división del conocimiento en asignaturas es un artificio que puede resultar necesario a partir de un determinado nivel de conocimiento, pero que resulta absurdo cuando se trata de niños y jóvenes que están aprendiendo (o más bien, siendo enseñados) sobre asuntos básicos de la vida. La vida no se divide en asignaturas y nada debería ser etiquetado en función de que se considere educativo o no educativo. Cualquier cosa, por trivial que parezca, puede ser educativa. Y cualquier cosa que sea necesaria para el correcto desenvolvimiento del niño en sociedad, será aprendida incluso a pesar de la escuela. No imagino a un niño que no sepa que el cielo es azul porque no fue a clase el día que “enseñaron” el color azul.

Hemos cometido el error de separar a los niños de los adultos y, más aún, de separarlos del mundo real. Los encerramos entre cuatro paredes para que aprendan cosas que aprenderían de todos modos. ¿Qué necesidad hay de estudiar un libro sobre árboles cuando tenemos árboles reales ahí afuera? Lo que la escuela enseña es que siempre hay una –y sólo una- respuesta correcta. Que equivocarse se penaliza cuando, en realidad, equivocarse es la única forma de avanzar y superarse. Thomas Alva Edison nunca consideró que sus intentos hubieran fracasado; sólo encontró mil formas que no funcionaban. Él fue uno de esos niños que forman el grupo del “fracaso escolar”. Como Albert Einstein. No consiguieron un título académico pero, al menos, conservaron intactas su curiosidad natural y su instinto de auto-superación. Steve Jobs dejó los estudios universitarios seis meses después de haberlos empezado. Mark Twain dijo la ya famosa frase “nunca dejé que la escuela interfiriera en mi educación”.


Los padres y los educadores profesionales deberíamos preguntarnos qué es lo que pretendemos respecto de los niños. Considero que el único aprendizaje que realmente importa es la toma consciente de decisiones. Si un niño es capaz de tomar sus propias decisiones y de asumir las consecuencias, se convertirá en un adulto capaz de tomar decisiones. Al principio quizás la decisión sólo consistirá en si prefiere cenar macarrones o tortilla, en si prefiere ducharse ahora o más tarde, en si prefiere ir a clase de música o de inglés (o a ninguna). Pero, poco a poco, el calibre de las decisiones irá creciendo del mismo modo que el niño irá creciendo y se convertirá en adolescente y en adulto. Pero es función de los padres darle la oportunidad de tomar esas decisiones. Si el padre le pregunta si quiere merendar o no, la única respuesta aceptable no puede ser “sí”. Ahora bien, si constantemente coartamos su libertad de elección, acabaremos por ahogar su instinto natural de decisión y, en definitiva, su individualidad. Si lo encerramos entre las cuatro paredes de la escuela y le obligamos a realizar una actividad (la que sea: un ejercicio matemático, un análisis sintáctico o un dictado musical) y luego le obligamos a parar independientemente del estado en que se encuentre la actividad, la lección que le estaremos transmitiendo es que no hay nada en la escuela que merezca la pena ser terminado. Eso es lo que nos enseña el timbre y ésa es una de las grandes incongruencias del sistema escolar.

La grandeza de la humanidad es que somos seres individuales, independientes y diferentes unos de otros. Y, sin embargo, hemos permitido la creación y el crecimiento de un aberrante sistema (mal llamado educativo) que pretende uniformizarnos a todos. La educación (académica) se considera tan importante que se justifica la coerción sobre las personas (¡menores de edad!) durante diez años de su vida. Diez años en los que impedimos el aprendizaje de las actividades que realmente les interesan. Gever Tulley creó un campamento de verano en el que los niños pueden utilizar todo tipo de herramientas para construir cualquier cosa que se les ocurra. Asimismo, escribió un manifiesto en el que expone cincuenta cosas peligrosas que los padres deberían dejar que sus hijos hicieran. Las cinco primeras son jugar con fuego, usar una lanza (o lanzar otras cosas), conducir un coche, desmontar un electrodoméstico (o similar) y tener una navaja propia (o aprender a usar otras armas). Por supuesto, no significa que los padres deban dejar a sus hijos solos para que hagan cualquier cosa que se les ocurra, pero sí que deben confiar en sus aptitudes y proveerles de un entorno adecuado para desarrollarlas. Todo ello es imposible en las escuelas convencionales, donde todo está controlado y dirigido y donde el espacio físico está extremadamente condicionado por todo tipo de medidas de “seguridad”.



Por todos estos motivos (y algunos más) hay familias que no escolarizan a sus hijos. Para darles el espacio y el tiempo necesarios para seguir sus propios intereses, para que puedan aprender a su ritmo, sin imposiciones, sin las interrupciones del timbre y sin el estigma de las calificaciones. Porque la educación que ofrece la escuela es meramente académica (ya ni siquiera intelectual) y deja de lado otros aspectos del desarrollo de la persona, como la educación emocional, psicológica o física. Y porque el aprendizaje es un hecho natural que se da de forma óptima cuando los niños son dejados en libertad.


martes, 25 de octubre de 2011

Homeschooling en Radio Libertad y en Radio Galega



Últimamente los medios de comunicación están demostrando bastante interés por el homeschooling. El sábado pasado participé en el programa La liga de los colores, de Radio Libertad, en el que un grupo de niños me entrevistó de forma totalmente improvisada. Mi intervención empieza en el minuto 32 de este podcast.

Por otra parte, esta mañana me han llamado de Radio Galega para hablar de la persecución judicial contra los homeschoolers. Empieza en el minuto 49. El podcast, aquí.


sábado, 22 de octubre de 2011

Historia de un veto electoral "democrático"





Erase una vez un país que se hacía llamar “democrático y de derecho” pero que no era muy “de derecho”, como ha quedado sobradamente demostrado en anteriores ocasiones, y tampoco era muy “democrático”, como veremos a continuación:

Las Cortes han aprobado y el Pueblo Español ratificado la siguiente Constitución: La Nación Española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de (…) Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las Leyes conforme a un orden económico y social justo [y] establecer una sociedad democrática avanzada (…).

Corría el año 1978 y parecía que sí, que el Pueblo Español, cansado de los atropellos del régimen anterior, ansiaba la libertad y la democracia. Así que aprobaron una Constitución (que no les quedó especialmente bien, la verdad sea dicha) y que incluía un artículo, el número 23, que establecía lo siguiente:

1. Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.
2. Asimismo, tienen derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos, con los requisitos que señalen las Leyes.

Pero en el año 2011, justo antes de las elecciones generales que habían sido convocadas para una fecha con una gran carga kármica para el país, el Pueblo Español supo que sus gobernantes habían aprobado una modificación de la ley electoral que incluía el requisito de la representatividad previa como condición sine qua non para concurrir a los comicios. Así que el Pueblo Español tuvo que decir adiós a la “convivencia democrática dentro de un orden social justo”, a la esperanza de convertirse (o de haberse convertido ya) en una “sociedad democrática avanzada” y al derecho a ser “libremente elegidos en elecciones periódicas”.

Porque el requisito de la representatividad previa supone la exigencia a los partidos sin representación parlamentaria de presentar avales para poder concurrir. O, dicho en plata, un partido político nuevo que quiera presentarse, por ejemplo, por la circunscripción de Madrid, necesitará reunir, en veinte días, alrededor de cinco mil (5.000) firmas de ciudadanos españoles, mayores de edad, censados en Madrid y que no hayan avalado con su firma a otro partido para las mismas elecciones. Luego puede suceder que algunas de las firmas presentadas no sean válidas, quizás porque el firmante no tuviera claros los requisitos y no los cumpliera (por avalar a más de un partido o por no tener claro dónde está censado ya que, para las elecciones del 20N se toma el censo de 31 de mayo). Si, a pesar de presentar más firmas de las necesarias, algunas resultan no ser válidas, puede que la Junta Electoral te dé un plazo de 24 horas para volver a presentar las que te falten. Quizás te falten un centenar y consigas reunir 500 en esas 24 horas. Y quizás, sólo quizás, cuando vayas a presentarlas la Junta Electoral te las inadmita por estar fuera de plazo (del plazo que ellos mismos te dieron y que todavía no ha expirado).


Probablemente sería mejor que nuestros gobernantes se dejaran de falsedades e hipocresías, que quemaran la Constitución Española en la plaza pública, que dejaran de malgastar tiempo y dinero en celebrar elecciones y que siguieran conspirando a sus anchas porque, al final, es lo que vienen haciendo desde hace años. No sé cómo les ha ido el asunto de los avales a los demás partidos que los necesitaban, pero sí sé que hay un partido al que le faltaron un centenar de firmas, que consiguió otras 500 y que la Junta Electoral no le permitió presentarlas. Todo gracias a la proposición de ley presentada por PP, PSOE, CIU y PNV
Ahí dejo el dato. 
Y recuerden que, mientras tanto, Bildu sí está en las instituciones. Sin avales previos.





*Actualización: acabo de saber que, además del Partido de la Libertad Indivual en Madrid, también ha sido perjudicado el Partido Pirata en Castellón; éste, por diez firmas.

*Lean la noticia en la web del P-Lib

*Actualización II (a 28.10.2011). El P-Lib anuncia que ha ganado el recurso contencioso electoral y las firmas presentadas deberán ser admitidas, por lo que, dinalmente, podrán presentar su candidatura por Madrid.


viernes, 21 de octubre de 2011

Conferencia: La educación en casa en España




Viernes, 04/11/2011, 18:30

Conferencia: La educación en casa en España

Laura Mascaró hablará sobre la situación legal actual del homeschooling en España. Explicará cómo las familias que optan por este tipo de educación son perseguidas por las fiscalías de menores.
Universidad Rey Juan Carlos (Vicálvaro-Madrid). En la Sala 267 (segunda planta) del Edificio Departamental.

Para ello, introducirá los motivos que llevan a los padres a no escolarizar a sus hijos y las objeciones más habituales a esta opción educativa, para pasar a denunciar que esta persecución se lleva a cabo a pesar de no existir una base jurídica sólida sobre la que construir la acusación, destacando el alcance real de la famosa sentencia del TC contra la educación en casa.


sábado, 15 de octubre de 2011

Globos y mentiras europeas








El pasado 9 de octubre, Bruno Waterfield publicó un artículo en el periódico británico Daily Telegraph en el que anunciaba una nueva medida de seguridad y protección a los consumidores y a los niños que iba a ser adoptada por la Unión Europea. Dicha medida consistía en la regulación del uso de los juguetes propios de las fiestas infantiles: se prohibiría que los niños menores de ocho años inflaran globos sin la supervisión de un adulto, que los menores de catorce usaran matasuegras y se prohibiría por completo el uso de juegos magnéticos de pesca.







Busqué el supuesto origen de la noticia: la normativa europea. Busqué entre las directivas aprobadas y entre las que están pendientes de aprobar; buceé largo rato en la web de la Unión Europea y no encontré nada parecido (aunque sacar algo en claro entre la maraña de la normativa europea es harto difícil). Todas las páginas web que se habían hecho eco de la noticia remitían, como única fuente de la misma, a la web del Daily Telegraph.

El 13 de octubre, la Unión Europea publicó una nota de prensa titulada “La UE NO prohíbe que los niños inflen globos”, una nota cargada de victimismo en la que aseguraban que los medios de comunicación habían publicado información falsa. Como prueba de descargo, reproducían parte del texto de la Directiva 2009/48 que recoge la obligatoriedad de que los globos de latex comercializados en la Unión lleven el siguiente mensaje de advertencia: "Warning! Children under eight years can choke or suffocate on uninflated or broken balloons. Adult supervision required. Keep uninflated balloons from children. Discard broken balloons at once." Que yo sepa, “children under eight years” significa “niños menores de ocho años”; y “adult supervisión required” significa que “se requiere la supervisión de un adulto”. Mi razonamiento lógico me lleva a concluir que sí, que la Unión Europea prohíbe que los niños menores de ocho años inflen globos sin la supervisión de un adulto, aunque no desde ahora, sino desde el año 1998. La prohibición es meramente anecdótica porque difícilmente va a poderse controlar y exigir su cumplimiento, más allá de obligar a los fabricantes a incluir el texto de la advertencia, pero es una muestra más de para qué sirve la UE.




La conclusión es clara: los burócratas de Bruselas nos toman por idiotas. No sólo actúan de una manera y lo cuentan de otra sino que, para colmo, tienen la desfachatez de hacerse los ofendidos. Es preocupante que el nivel de paternalismo de la Unión haya llegado hasta el punto de decirnos con qué se puede y con qué no se puede jugar. Y, en caso de haber sido cierto el desmentido (y, por tanto, de haber sido falsa la información publicada por el Daily Telegraph) resulta sintomático el hecho de que la gran mayoría de sus lectores dimos la información por buena, no sólo porque presuponemos la  profesionalidad y el rigor del periodista y del medio de comunicación, sino porque sabemos que los políticos europeos son capaces de aprobar las leyes más absurdas y más liberticidas. Quizá sería mejor que aprobaran una ley diciéndonos lo que sí podemos hacer, que así acabaríamos antes.








Si los globos son peligrosos (sólo para menores de ocho años porque, a partir de los nueve, estás milagrosamente a salvo de accidentarte con ellos), y los matasuegras aún más (¡hasta la adolescencia!), propongo que se prohíba también que los niños vivan en casas (porque la mayoría de los accidentes suceden dentro de casa), que se prohíban las escaleras (ya se sabe que son muy traicioneras), que se prohíban los coches (que provocan tropecientosmil muertos cada año) y, ya de paso, que nos prohíban respirar, que el aire está muy contaminado y eso no puede ser bueno para nada.







sábado, 8 de octubre de 2011

La conciencia alquilada




Existen muchos prejuicios sobre la abogacía. Es una profesión a menudo incomprendida y, normalmente, mal vista. Pocas veces salimos bien parados los abogados en la literatura y en el cine. Incluso es probable que, algún día, la RAE incluya en su diccionario el vocablo “abogangster”, que no requiere más explicaciones.

Escribí el año pasado en la Revista de Ferreries que muy a menudo, el abogado les va a decepcionar, porque nada es como en las películas americanas ni como en las novelas de John Grisham y compañía. Olvídense de Gregory Peck en Matar a un ruiseñor, de Susan Sarandon en El cliente y de Matt Damon en Legítima defensa.

William Shakespeare escribió que lo primero que había que hacer era matar a todos los abogados. Napoleón Bonaparte, que tampoco se quedaba corto, quería “tirarlos a todos al río”. Y Hitler, en su línea, aseguró: “no descansaré hasta que cada alemán comprenda que es una vergüenza ser abogado”.

Creo que la mala fama de esta profesión es injustificada. Lo que hace –o debería hacer- el abogado es encontrar el hueco que dejan las leyes y darles un giro retórico para que hablen a su favor. Y esto no significa que sea tendencioso ni que desprecie a la Justicia (así, con jota mayúscula) sino que, sencillamente, la ley no es absoluta. Las leyes no pueden prever todas las situaciones y, por tanto, ante un mismo caso puede haber varias soluciones posibles y todas ellas ajustadas a Derecho. Cosa distinta es que la ley proceda en contra de su propia finalidad, que destruya su propia meta, que seamos testigos, a veces, de lo que Bastiat denominó la “completa perversión de la ley”.

Y, sin embargo, tenía razón Dostoievsky cuando escribió, en su novela “Los hermanos Karamazov”, que “el abogado es una conciencia alquilada”. Porque el cliente, al poner un asunto en manos de un abogado, se está deshaciendo en gran medida de la responsabilidad por las acciones que se tomen y por los resultados de éstas y sus consecuencias.


Les dejo el fragmento de la novela de Dostoievsky, porque expone un ejemplo muy claro del concepto de la conciencia alquilada:
Pero no se trata más que de un caballo, y los caballos nos los ha dado Dios para que los azotemos. Así nos lo explicaron los tártaros, que nos legaron, en recuerdo, el knut. Pero también es posible azotar a las personas. Y he aquí que un señor inteligente y culto, y su dama, azotan con un vergajo a su propia hija, una niña de siete años; lo tengo escrito con todo detalle. El papaíto se alegra que la verga tenga nudos, "dolerá más", dice, y comienza a "tundir" a su propia hija. Hay personas, me consta, que se excitan a medida que pegan, cada nuevo golpe les hace experimentar una sensación de voluptuosidad, de auténtica voluptuosidad, en progresión creciente. Azotan un minuto; azotan, al fin, cinco minutos, azotan durante diez minutos, siguen azotando, más, con frecuencia, con más fuerza. La niña grita, la niña al fin no puede gritar, se ahoga: "¡Papá, papá! ¡Papaíto, papaíto!". Por un azar diabólico e indecoroso, el asunto llega hasta los tribunales. Se "alquila" un abogado. El pueblo ruso hace tiempo que ha dado nombre a los abogados: "el abogado es una conciencia alquilada". Grita el abogado en defensa de su cliente.



viernes, 30 de septiembre de 2011

La revolución de las rosas



La Revolución de las Rosas se inició en España como reacción a una serie de viñetas que se publicaron en el boletín de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia y en la que se hacía burla de situaciones muy delicadas que, en no pocas ocasiones, son causadas por los propios profesionales de la salud. Hacer burla del prolapso uterino, de los embarazos prolongados, del nivel intelectual de sus pacientes, o de su peso, e incluso, de conductas tan indecorosas como mirar a la paciente con lascivia es una grotesca obscenidad, se mire cómo se mire.

Al movimiento de la Revolución de las Rosas se le ha objetado carecer de sentido del humor y no respetar la libertad de expresión. Pero el sentido del humor, así como la libertad de expresión, tiene varios límites y uno de ellos es la ética profesional. Lo cierto es que algunas de esas viñetas (no todas, sólo unas pocas) podrían tener alguna gracia si las firmara cualquier otra persona y las hubieran publicado en cualquier otra parte. Aunque la mayoría de las viñetas resultarían igualmente ofensivas las firmara quien las firmara. Pero que sea un médico ginecólogo el que las dibuje y que sea en la gaceta oficial de su profesión donde se publican es un claro indicio de que algo anda muy mal en la sociedad española. Cuando las mujeres que luchan por conseguir partos más humanizados y protocolos hospitalarios más respetuosos (y que, en muchas casos, han sido víctimas directas de la violencia obstétrica que tanto abunda en este país) son ninguneadas de esta forma, es que hemos llegado a un punto de no retorno. Porque un sector del colectivo médico se ha olvidado del Juramento Hipocrático auspiciado, en parte, (reconozcámoslo) por cierto tipo de mujeres desnaturalizadas, desconectadas de su esencia femenina y maternal, que prefieren una cesárea con anestesia general antes que tomarse la molestia de parir. Porque para que haya un verdugo tiene que haber, necesariamente, una víctima, y hay mujeres que desempeñan ese papel a la perfección.

Pero hay otras mujeres que son muy conscientes de cuál es su papel en este asunto de dar vida. Mujeres que se han informado y que han tomado sus propias decisiones. Mujeres con las ideas claras que saben qué están dispuestas a tolerar y qué no. Mujeres que presentan sus propios planes de parto en los hospitales; planes de parto muchas veces aceptados administrativamente pero ignorados en la práctica. Y que son víctimas de la violencia obstétrica cada vez que se les realiza una cesárea innecesaria, que no se les da libertad de movimiento, que son obligadas a parir en posición horizontal (se me ocurren pocas cosas más anti-naturales que ésa), que se las mutila con una episiotomía, que se les realiza una maniobra de Kristeller o que se las separa de su bebé recién nacido.


Y cada uno de estos actos tiene graves secuelas, no sólo para la madre que los sufre en sus carnes, sino también para el recién nacido que llega al mundo. Mientras no le demos al nacimiento la importancia que tiene, mientras no seamos conscientes de que parir y nacer son actos naturales que no deben medicalizarse por norma, seguiremos teniendo una sociedad enferma.

*Imagen diseñada por www.prepapa.es para La Revolución de las Rosas


domingo, 25 de septiembre de 2011

sábado, 24 de septiembre de 2011

Espacios libres de niños




Sucedió que mi vecina y yo queríamos ir a ver un concierto de flamenco en el Hotel Audax (Cala Galdana), pero no pudimos entrar porque con nosotras venían nuestros hijos y el Hotel Audax, desde este verano, no permite la entrada a los niños.





Siempre he defendido la libertadde los dueños de los establecimientos abiertos al público para decidir qué se puede y qué no se puede hacer en ellos. La defendí con el asunto de la SGAE y con la prohibición de fumar, por ejemplo. Y la seguiré defendiendo aunque se trate de asuntos que me afecten negativamente de forma personal, porque el hecho de que un local esté “abierto al público” no significa que sea de titularidad pública; el local sigue siendo privado y, por tanto, su propietario es quien tiene legitimidad para decidir quién entra y quién no, si pueden entrar animales o no, si se puede fumar o no, si se pone música o no (sin pagarles a Ramoncín y compañía) y si pueden entrar niños o no.



Desde que se publicó la noticia de que algunos bares y restaurantes de Bilbao no permiten el acceso a niños, se ha desatado la polémica. Padres y madres de todo el país se rasgan las vestiduras ante una decisión que consideran discriminatoria e injustificada y que, por tanto y según ellos, debería ser ilegal. Ilegal no lo es, porque en España aún existe el derecho de admisión; injustificada, tampoco, porque hoy en día hay muchos niños –y muchos adultos- que carecen de modales.

Hemos creado una sociedad en la que cada vez hay menos sitio para los niños. Es un círculo vicioso: si no permitimos que los niños vayan a según qué lugares, si no dejamos que se relacionen con los mayores, difícilmente aprenderán a comportarse adecuadamente en esas situaciones. Tenemos (tienen, algunos) a los niños aparcados todo el día: en el colegio, en actividades extraescolares, con canguros, etc. Para un adulto es mucho más rápido y sencillo hacer la compra a solas que acompañado de un niño. Si llevamos al niño al supermercado, es probable que nos pida que le compremos cosas que creemos que no debemos comprarle. Por tanto, tendremos que “perder tiempo” explicándoselo y, además, es probable que nos monte un escándalo. Ahora bien, si tuviéramos la paciencia de ir a hacer la compra con los niños siempre que nos fuera posible, ellos aprenderían, poquito a poco, cómo debe comportarse uno en el supermercado y por qué hay cosas que se compran y cosas que no. Pero, si no los llevamos nunca, el día que los llevemos seguramente será un calvario. Para todos. Así que no volveremos a llevarlos. Como dije, es un círculo vicioso.

Así las cosas, en una sociedad en la que muchos niños no saben comportarse adecuadamente en determinadas situaciones y lugares, es comprensible que algunos establecimientos no permitan su entrada y que sigan teniendo clientes. Personalmente, no me molesta cenar en un restaurante donde haya niños. Más bien al contrario, me gustan los niños y creo que una sociedad que separa a los niños de los mayores es una sociedad enferma y decadente. Pero sí me molesta ser testigo directo de algunas escenas que no por ser habituales me resultan menos desagradables: como los padres que hablan mal a sus hijos, o los hijos que hablan mal a los padres. Los padres conductistas y los que actúan en función del qué dirán sin importarles qué es lo mejor para sus hijos. Los niños que gritan en vez de hablar. Los que montan rabietas gratuitas porque sus padres no han sabido ayudarles a canalizar y gestionar sus emociones. Los padres que, a la mínima, amenazan con castigar o que castigan directamente, sin amenazar siquiera. Si les levantan la mano, ya habremos agotado el cupo de mi resistencia.



Así que hay bares, restaurantes y hoteles que no permiten la entrada a los niños. ¿Y qué? Si fuera mi bar, tampoco querría tener que soportar a ese tipo de críos que están echados a perder por culpa del pésimo sistema escolar que tenemos, que ha degenerado tanto que ya no merece siquiera la atención de ser llamado sistema educativo. Porque no educa. Des-educa o mal educa. Y todo ello a un coste de 6.000 euros anuales por cada plaza pública y 3.000 por cada plaza concertada. Porque no, laeducación no es gratis y nos cuesta mucho más que sólo dinero.