sábado, 29 de enero de 2011

Libertinaje lingüístico



El ciberespacio está lleno de ignorantes de las reglas ortográficas y sintácticas más básicas. Las reglas del lenguaje sirven para que las cosas que decimos y escribimos tengan sentido, para que podamos comunicarnos. Deberíamos cumplirlas y, para ello, es imprescindible conocerlas y respetarlas, saber que tienen un fundamento histórico, cultural y filosófico o, lo que es lo mismo, un fundamento etimológico. Conocer la etimología de las palabras ayuda a escribirlas correctamente.

El hecho de que escribamos en internet en vez de escribir sobre el papel no significa que podamos romper las reglas. Si rompemos las reglas, rompemos la comunicación. Como mínimo, deberíamos respetar la regla de oro: S + V + P (sujeto + verbo + predicado) y nunca, nunca, deberíamos poner una coma entre el sujeto y el verbo (salvo en cláusulas explicativas). Un exceso de comas interrumpe el texto, pero la ausencia de signos de puntuación puede hacerte perder el conocimiento por falta de aire. Escribir bien no es muy complicado, aunque evitaríamos algunos sustos si el diseñador de los teclados qwerty no hubiera, o hubiese (el pluscuamperfecto admite las dos formas), tenido la infeliz ocurrencia de poner juntas las teclas de la “B” y la “V. Todos sabemos que no es lo mismo “iba” que “iva” (el iva es un impuesto), como tampoco es lo mismo “yo tuve” que “Youtube”. Que la “ny” no es una letra en español y que los puntos suspensivos son tres, no dos ni ocho, por más que te estés pensando algo. El hecho de estar escribiendo en internet no significa que podamos omitir alegremente los signos de exclamación e interrogación al principio de la frase (que seas catalanoparlante tampoco lo justifica). El etcétera se pone sólo después de una enumeración larga para sustituir el resto que se sobreentiende o que no se quiere expresar (y se pone una sola vez, no dos ni tres). Si la enumeración sólo tiene dos componentes, es suficiente con utilizar cualquier conjunción disyuntiva o copulativa.

La pobreza de expresión escrita, la ausencia de sintaxis y el paupérrimo vocabulario de los jóvenes ha llegado a Facebook, donde 34 ignorantes se han unido a un grupo llamado “yo no tengo faltas de ortografia tengo estilo propio”. El “estilo propio” lo demuestran ya en el título cometiendo dos faltas. Más éxito ha tenido el grupo “Sí, soy un talibán ortográfico.”, al que se han unido 1.200 personas, y que es, muy probablemente, el único que incluye el punto al final de su título. Sus miembros denuncian el laísmo, el leísmo, el queísmo y el dequeísmo (porque tan incorrecto es poner un “que” cuando no debes como no ponerlo cuando sí debes), entre otras cosas, y algunos de ellos forman parte, también, de otro grupo llamado “Por la inclusión en el Código Penal de las faltas de ortografía como delito”.


Quizás el nuevo deporte nacional consiste en darle patadas al diccionario: se están perdiendo los complementos circunstanciales y se suele añadir una enigmática “s” al final de la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple. A esto debe referirse, entre otras cosas, el grupo de Facebook llamado “contra más lo dices, más filólogos mueren” (porque el adverbio relativo de cantidad es “cuánto” no “contra”). Cada vez se usan menos adjetivos, las cosas sólo son “fuertes” o “guays” o “chulas” y “Migo” y “Tigo” parecen haberse convertido en dos personas con las que puedes hacer cosas (y a las que se les ha dedicado un grupo de Facebook titulado “La ajetreada vida social de Migo y Tigo”). El concepto de párrafo se está perdiendo y los puntos y las comas se colocan sin orden ni concierto (la coma del vocativo también es importante). A mis colegas juristas les daría sólo un consejo: el abuso del gerundio ilativo es pernicioso (y, cuando no es ilativo, es posible que su uso sea incorrecto). El resto, sed buenos: no uséis el infinitivo cuando debáis usar el imperativo.

La mayoría de los jóvenes (y también más adultos de los que sería deseable) no abren un libro ni por casualidad, ni para hojearlo ni para ojearlo, que se parece pero no es lo mismo (la “h” es una letra sumamente interesante y más importante de lo que muchos creen). Quienes sí leen son las casi 7.000 personas que se han unido a un grupo llamado Vacío existencial, acompañado de nostalgia, que sientes al terminar un libro”. Pero, sin duda, el grupo definitivo es el de “Tus faltas de ortografía me impiden unirme a tu grupo”, con 143.000 personas.

Quienes pretenden paliar el fracaso escolar aumentando el número de horas lectivas deberían tomar en consideración un hecho que, por su obviedad, parece pasar desapercibido: para estudiar bien, hay que leer bien. Y, en España, se lee poco y mal. Con el bajo nivel de comprensión lectora que tienen, de media y según el informe PISA 2009, los alumnos españoles difícilmente adquirirán conocimientos de biología, de historia o de cualquier otra asignatura que se les presente por escrito.

Si no leemos bien, no podemos escribir bien. Si no escribimos bien, no podemos pensar bien. Y, si no pensamos bien, las consecuencias serán desastrosas.


*Artículo publicado en Última Hora Menorca el 29.01.2011


sábado, 22 de enero de 2011

La casta que nos gobierna


Decía Winston Churchill (aunque Mencken y Shaw lo dijeron antes que él) que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.  Y probablemente tendrían razón, en un mundo en el que los pueblos tuvieran la potestad de elegir y de destituir a los gobiernos. Pero éste no es el caso de España y no lo será mientras no se reformen la ley electoral y la ley de partidos. De momento, parece que las prioridades de Sus Señorías están claras y que dichas reformas no entran en sus planes.

Cuando la tasa de inflación oficial -recuérdese que el método de cálculo del IPC se basa en encuestas muy dudosas y además se ha manipulado enormemente para maquillar los resultados- alcanza el 3% y la tasa de desempleo supera el 20% -dato igualmente cuestionable cuando los parados que se están formando no cuentan como parados y esto en un país con una economía sumergida que ronda el 25%-, ¿qué hacen nuestros gobernantes? Recortar las pensiones de los ciudadanos al tiempo que bloquean las suyas. Los ex-Presidentes del Gobierno, González y Aznar, cobran sendos sueldos vitalicios a pesar de tener ingresos derivados de su actividad en el sector privado. Rajoy considera que estas pensiones son necesarias para que los ex–presidentes “puedan llevar una vida razonable”. Hay que ser cínico para hacer semejante afirmación cuando millones de españoles no tienen ningún ingreso Aunque José Antonio Alonso (portavoz del Grupo Socialista en el Congreso) tampoco se queda corto cuando justifica estas pensiones con el argumento de que “González y Aznar se han dejado mucha piel por España”. La piel del primero vale más de 200.000 euros anuales y, la del segundo, unos 300.000. Aznar. El mismo que considera “imprescindible” la “moderación salarial” para salir de la crisis. Moderación para los demás, claro. Pero no se crean; ser President de la Generalitat de Cataluña sale mucho más a cuenta: casi 10.000 euros mensuales durante cuatro años y 100.000 euros anuales durante el resto de su vida es lo que cobrará el ex-President Montilla, a pesar de que los catalanes han castigado democráticamente su pésima gestión en las elecciones de noviembre. Un descaro.

Lo que sí hacen bien quienes nos gobiernan –aparte de cobrar- es lo que comúnmente se denomina “marear la perdiz”. Declaran el Estado de Alarma sin que venga a cuento y se sacan de la manga una colección de leyes absurdas (como la del tabaco, la de las descargas y la de los feos) para asegurarse de que deje de hablarse de la crisis económica, o sea, de la gente que no tiene ni trabajo, ni dinero ni, en ocasiones, casa. Y, mientras tanto, en un lugar llamado Senado que no se sabe muy bien ni para qué sirve, nuestros (digamos) representantes se gastan la nada despreciable cantidad de 12.000 euros por pleno en un servicio de traducción a cuatro bandas para permitirse el lujo de hablar cada uno en su propio idioma. Eso sí, cuando se encuentran por los pasillos, hablan castellano porque es el idioma que todos conocen. Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Mariano Rajoy: la palabra, para entenderse. Porque lo indignante no es sólo que se contrate un servicio innecesario que nos cuesta 168 euros por minuto (por minuto, han leído bien). No se trata sólo del dinero. Se trata de que hay asuntos que deberían ser prioritarios, con la que está cayendo. Rosa Díez lo califica de “desproporcionado y escandaloso”. Su compañero de partido, el eurodiputado Francisco Sosa Wagner, ve sorprendente que se esté gastando “el dinero, los esfuerzos y la imaginación en esto”. Ciertamente, imaginación no les falta, porque lo que es capacidad intelectual y decencia, brillan por su ausencia en la mayoría de los casos. Y si para muestra quieren un botón, aquí les dejo uno:

Cuando tengan un rato libre, conéctense a internet, entren en Youtube y busquen un vídeo titulado “Una concejal de Santa Cruz no sabe lo que es una ONG”. Vean los siete minutos que dura la grabación porque no tiene desperdicio, aunque es ciertamente desalentador: en el Pleno del 4 de noviembre de 2008, se le preguntó a la concejala de Patrimonio, Doña Esther Sarraute (del Partido Nacionalista Canario) por la situación de los inmuebles cedidos a ONG’s y su respuesta fue que “con las siglas ONG no figura ninguna. Sí figuran otras asociaciones, como San Miguel o Cruz Roja, pero con esas siglas, no”. Don Guillermo Guigou (concejal por Ciudadanos de Santa Cruz) le explica lo que significan las siglas ONG y le pide al Sr. Alcalde un poquito de por favor, “que esto parece de Groucho Marx”. La Sra. Sarraute intenta justificarse diciendo que tiene “a varias personas trabajando” que ha solicitado esta información y “se la han pasado así”. Y, después de esta impresionante lavada de manos, el Sr. Alcalde intenta quitarle hierro al asunto diciendo que es una “concanetación de errores”.

Y, éste, señoras y caballeros, es el lamentable nivel intelectual, cultural y moral de la casta que nos gobierna.



 *Artículo publicado en Última Hora Menorca el 22.01.2011

viernes, 21 de enero de 2011

Enseñar a Pescar - Mi segundo libro sobre homeschooling

Recopilatorio de artículos basado en mi blog Enseñar a Pescar.
Próximamente, en lulu.com.


Con portada de Malvina Sellanes y prólogo de Azucena Caballero.




jueves, 20 de enero de 2011

Educar sin castigar - Artículo en Atalis Digital



La revista Atalis Digital del primer trimestre de 2011 publica un artículo mío titulado "Educar sin castigar". Podéis leerlo en la página 47 de la publicación, siguiendo este enlace:








lunes, 17 de enero de 2011

Feminazis



Feminazis: dícese de las feministas radicales que pretenden imponer la superioridad de las mujeres sobre los hombres usando métodos totalitarios.
 

La hipocresía se ha institucionalizado al amparo de lo políticamente correcto (aunque sea inmoral, absurdo o aberrante, eso da igual) y ahora nos gobiernan una serie de elementos y elementas que pretenden eliminar cualquier rastro de diferencia. Pero lo cierto es que somos diferentes, por suerte. No todos tenemos útero. No todos tenemos las mismas capacidades. No todos queremos las mismas cosas. Pero tenemos ministras (feministras) que se han quedado en los setenta y que pretenden defendernos no se sabe muy bien de qué ni de quién.

Han inventado el concepto de “violencia de género” para definir la violencia de los hombres contra las mujeres. Sin embargo, este concepto no contempla las “actuaciones” de mujeres contra hombres, según indicó el Instituto de la Mujer. Ésta es una grave discriminación contra los hombres (en España viene siendo habitual saltarse la Constitución a la torera, será que somos muy taurinos) pero, además, es una aberración lingüística llamar “actuaciones” a los malos tratos que demasiado a menudo acaban en homicidio.


Es loable que se quiera acabar con ciertas discriminaciones que durante años han sufrido las mujeres pero, si ello se consigue a costa de discriminar a los hombres, estaremos perdiendo la dignidad y el sentido común. De tiranía a tiranía y tiro porque me toca. ¿Es eso lo que queremos? 

Hagamos un breve repaso por la historia reciente del feminazismo en España:

En 2006 se aprobó la Ley de Igualdad, que imponía cuotas femeninas en los consejos de administración de las empresas y en las candidaturas electorales. Desde ese día, la valía de las mujeres ha quedado en entredicho, porque a una siempre le queda la duda de si la están contratando porque es la mejor candidata para el puesto o sólo porque tiene útero. Y es que el feminismo oficial, con su afán igualitarista, es un insulto a las mujeres. Porque ni somos iguales ni queremos serlo. No queremos que nos bokanovskifiquen[1].

En 2008 el Gobierno, carente ya de toda cordura, creó el Ministerio de Igualdad al más puro estilo orwelliano. El feminismo forzoso, finalmente, había sido institucionalizado. La Señora Aído protagonizó momentos estelares en el poco tiempo que duró su Ministerio y dejó perlas de gran calibre en las hemerotecas españolas. La creación de un Ministerio de Igualdad implica que las mujeres aceptamos el tradicional rol de “sexo débil” que merece ser protegido y defendido de los hombres y de nosotras mismas.



 

En 2010, la Junta de Andalucía publicó una “Guía sobre comunicación socioambiental con perspectiva de género” que fue el resultado de un encuentro titulado “Ecofeminismo. Una Mirada de Género al Medio Ambiente” y que pretende acabar con el uso del lenguaje llamado “sexista”. En realidad, se están cargando el principio de economía del lenguaje. Pero, después de cargarse la Constitución una y otra vez, a quién le importan los principios lingüísticos. El caso es que ahora “el número de parados” es (ha de ser) “el número de personas sin trabajo”, “el hombre” es (ha de ser) “la Humanidad” y “los alumnos” son (han de ser) “el alumnado”. La broma les ha costado 18.000 euros a los andaluces (perdón, a las personas andaluzas). Lo mismo que cobra Leire Pajín todos los meses por inventar leyes liberticidas que nadie necesita y que la han convertido en la reina del despiste: nadie habla ya de los millones de parados (o de personas sin trabajo) que no pueden pagar sus hipotecas ni darle de comer a sus hijos (e hijas).


Como colofón a esta sucesión de despropósitos feminazis, la escritora Alicia Giménez Bartlet, Premio Nadal y campeona del pensamiento único, le pone la guinda al pastel y sentencia: “no considero que la opción sea ser feminista o no serlo, hoy la cuestión es ser feminista o ser gilipollas”. Ahí, sin medias tintas.


[1] La bokanovskificación es la técnica de fabricación en serie de seres humanos, creada y explicada por Aldous Huxley en su novela “Un mundo feliz”

 *Artículo publicado en Última Hora Menorca el 15.01.2011


sábado, 8 de enero de 2011

Ponerse a parir por 2500 euros



Antes, los bebés venían de París y con un pan debajo del brazo. Entonces, llegó el Presidente Zapatero (de León, que no de París) y los niños empezaron a llegar con dos mil quinientos euros en forma de cheque bebé. Se suponía que esta medida serviría para incentivar la natalidad pero, oh sorpresa, el Instituto Nacional de Estadística indica que la natalidad en España ha descendido un 5% desde el año 2008 debido al “efecto combinado de una reducción progresiva del número de mujeres en edad fértil y de una menor fecundidad”.



Durante las últimas semanas del año 2010, los medios de comunicación se han hecho eco de la temeridad de algunas embarazadas que pretendían que se les indujera el parto con la única intención de parir antes del Año Nuevo y, así, poder cobrar los dos mil quinientos euros del cheque bebé. Y es que esta medida ha sido una de las afectadas por el recorte en gastos sociales, de modo que nacer un minuto antes o un minuto después de las campanadas supone, este año, una diferencia de 2500 euros.


Algunas mujeres acudieron a los hospitales diciendo que estaban de parto, sin estarlo, y pidiendo que se les practicara la maniobra de Hamilton. Otras, directamente, pedían que se les programara una inducción o una cesárea. El Doctor Sánchez Martos, Presidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia calificó estas actitudes de imprudentes. Creo que se quedó corto y que debió haber hablado de grave irresponsabilidad. Resulta sorprendente que haya parejas que decidan tener o no tener hijos en función de las ayudas a las que puedan acceder. Pero resulta todavía más sorprendente –y preocupante- que haya mujeres, ya embarazadas, que estén dispuestas a arriesgar su salud y la de sus bebés por el cheque bebé. Porque la oxitocina sintética es peligrosa, y hay secuelas y consecuencias que ningún cheque podrá reparar ni compensar jamás.

Es indiscutible que los avances de la medicina han beneficiado, y mucho, a la Humanidad y que se han salvado muchas vidas gracias a la posibilidad de realizar una cesárea a tiempo o de inducir un parto en el momento adecuado. Pero estas prácticas deberían realizarse únicamente por los motivos adecuados, nunca por el ansia de cobrar una ayuda estatal ni porque el personal sanitario no quiera trabajar en fines de semana o en fechas señaladas, como Navidad y Nochevieja.



Han intentado hacernos creer que tener hijos es caro. Que necesitamos hacernos ecografías doppler, a todo color, en tres y cuatro dimensiones. Si no tienes un vídeo de tu hijo en el útero no eres nadie. Y, cuando nazca, intentarán hacerte creer que necesitas una gran cantidad de cachivaches para cuidarlo y alimentarlo: que si esterilizador y calentador de biberones, que si vasito para aprender a beber, que si cuchara con redecilla para que no se atragante… Por no hablar de los carritos de bebé, más modernos y equipados que el último modelo de coche deportivo. Pero tener un hijo puede ser tan caro o tan barato como una quiera. ¡Que la teta es gratis, señoras!


El Gobierno, por su parte, debería tener mucho cuidado al aprobar este tipo de medidas, que son populistas y electoralistas pero, que sobre todo, tienen un trasfondo perverso. Pervierten el sentido de la maternidad y también el de la solidaridad, creando dependencia del Estado. Acuden a un método facilón pero ineficaz para incentivar la maternidad: quitarnos a todos parte de nuestro dinero para repartirlo entre unos cuantos “afortunados”, cuando reformando los sistemas laboral y fiscal sería suficiente. Lo que los jóvenes necesitan para poder permitirse el “lujo” de tener hijos es, sencillamente, más estabilidad y libertad laboral y menos presión fiscal. Fomentar el parto respetado y la lactancia materna, gestionar adecuadamente las bajas por maternidad, reestructurar los horarios laborales y escolares para permitir que los padres y los hijos pasen más tiempo juntos, en vez de provocar la esquizofrenia colectiva de quienes se pasan la vida calculando qué ayudas pueden obtener.



 *Artículo publicado en Última Hora Menorca el 08.01.2011

jueves, 6 de enero de 2011

Debate en Aragón Radio



Participé en este debate en Aragón Radio a raíz del asunto de la sentencia del TC, con Pedro Rascón, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres de Alumnos y con el psiquiatra José Luis Pedreiro.

Ojo al comentario del Sr. Rascón, que reconoce no haber leído la sentencia y ojo, también, al silencio de mis dos contertulios al preguntarles a cuántos niños conocen que se estén educando en casa. No digo más.








domingo, 2 de enero de 2011

La insultante ley anti-tabaco



Hace ya varias décadas, algunos médicos relacionaron el consumo de tabaco con el cáncer de pulmón. Las autoridades del momento –y del lugar- iniciaron una dura campaña contra el tabaco, por el bien de los ciudadanos. Aumentaron los impuestos con la intención de disuadir a los fumadores; se gastaron el dinero en campañas para educar y concienciar a la gente; prohibieron fumar en casi todas partes y restringieron enormemente la publicidad del tabaco. Fue la primera campaña pública antitabaco, pero no funcionó: durante esa década, el consumo de tabaco aumentó entre la población civil y sólo disminuyó entre los militares porque tenían racionados los cigarrillos.

En el año 2005, el Gobierno español inició una campaña similar que también fracasó. La mayoría de los bares (que, con la ley de 2006, podían elegir) siguió permitiendo el consumo de tabaco en su interior. Aunque Trinidad Jiménez dijo que, al año siguiente de la entrada en vigor de la ley anti-tabaco, habían “dejado de fumar más de un millón de personas”, lo cierto es que los datos oficiales proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística indican que el número de fumadores ha aumentado desde entonces.

Ahora, en un alarde de dirigismo, la nueva ley antitabaco española ya no permitirá a los dueños de los bares y restaurantes decidir si quieren que sus locales se conviertan en espacios sin humo. Han subido los impuestos, se han gastado el dinero en campañas (que, por cierto, no funcionan) y, además, han convertido a los camareros en policías. A la España del 2011 se le puede aplicar el primer párrafo de este artículo. Por cierto, el “momento” del que hablo en ese primer párrafo era la década de los 30; el “lugar” era Alemania y las “autoridades” eran Adolf Hitler y compañía del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán.



La hipocresía del Estado metomentodo llega al punto de intentar hacernos creer que este tipo de
leyes liberticidas son “por nuestro propio bien”. El ejercicio de la libertad individual consiste, fundamentalmente, en el poder de tomar decisiones conscientes y en la  capacidad de extraer enseñanzas de nuestros propios errores. En el ejercicio de mi libertad individual, y por mi propio bien, puedo decidir no entrar en bares donde se permita fumar, si no soy fumadora, como puedo decidir no entrar en restaurantes donde sirvan carne si soy vegetariana. Pero ni yo ni el Estado tenemos legitimidad para prohibir a los demás que vayan a bares de fumadores si quieren ir, tanto si fuman como si no. Como tampoco tiene el Estado legitimidad para prohibir a los dueños de los locales que permitan fumar en su interior. Lo cierto es que nos las apañamos bastante bien cuando el Estado no se inmiscuye en nuestras vidas. Cuando no hay prohibiciones, el dueño de un local puede decidir que en su bar no se fuma, como en Starbucks. Y cualquier persona que quiera tomar un café sin tener que tragar el humo de los cigarrillos de los demás, puede decidir ir a Starbucks en vez de ir a cualquier otro bar.

La cuestión fundamental es, como escribía mi amigo Albert Esplugas en Libertad Digital, que confunden el derecho a no inhalar humo en contra de tu voluntad con el derecho a no inhalar humo en contra de tu voluntad en una propiedad que no es tuya. Algunos arguyen que uno tiene derecho a fumar pero no a meter—imponer—su  humo en el pulmón ajeno. Argumento falaz, pues equivale a decir que puedo poner mi pulmón en la propiedad ajena y así imponer allí mi voluntad en contra de la del propietario. Mi libertad termina donde empieza la de mi prójimo. Si no quiero ese humo, es tan fácil como no entrar en esa propiedad. Y si entro sin saber dónde me meto, siempre cabe dialogar.

La civilización se caracteriza por dos magníficos inventos sociales basados en el mutuo respeto: la propiedad privada y los buenos modales. Cuanto más se respetan ambos, menos leyes necesitamos y más harmonía tenemos. Pero los modernos gobiernos, cuya ignorancia sólo es igualada por su prepotencia, creen que la propiedad privada y los modales son bárbaras reliquias irrelevantes ante la superioridad del intervencionismo. El problema es que el intervencionismo, basado en la negación del mutuo respeto, no es superior moralmente y, por tanto, tampoco en los resultados. 

Esta ley que hoy entra en vigor es una absoluta falta de respeto a la libertad, a la propiedad privada, a los buenos modales y a la inteligencia de los ciudadanos. Pero hecha la ley, hecha la trampa. La sabia naturaleza humana siempre se abre camino entre la arrogante contaminación intervencionista. El único efecto positivo de las prohibiciones es que agudizan el ingenio, así que nos queda el consuelo de que en España, donde la picaresca es deporte nacional, surja alguna iniciativa parecida a la de Pat Carroll, el dueño de la taberna Crowbar Inc., de Illinois (USA) que recaudó donaciones de sus clientes para pagar las multas por incumplir la ley que prohibía fumar en los bares. O que venga alguien menos metomentodo y derogue esta ley… y otras tantas.


 *Artículo publicado en Última Hora Menorca el 02.01.2011