lunes, 17 de enero de 2011

Feminazis



Feminazis: dícese de las feministas radicales que pretenden imponer la superioridad de las mujeres sobre los hombres usando métodos totalitarios.
 

La hipocresía se ha institucionalizado al amparo de lo políticamente correcto (aunque sea inmoral, absurdo o aberrante, eso da igual) y ahora nos gobiernan una serie de elementos y elementas que pretenden eliminar cualquier rastro de diferencia. Pero lo cierto es que somos diferentes, por suerte. No todos tenemos útero. No todos tenemos las mismas capacidades. No todos queremos las mismas cosas. Pero tenemos ministras (feministras) que se han quedado en los setenta y que pretenden defendernos no se sabe muy bien de qué ni de quién.

Han inventado el concepto de “violencia de género” para definir la violencia de los hombres contra las mujeres. Sin embargo, este concepto no contempla las “actuaciones” de mujeres contra hombres, según indicó el Instituto de la Mujer. Ésta es una grave discriminación contra los hombres (en España viene siendo habitual saltarse la Constitución a la torera, será que somos muy taurinos) pero, además, es una aberración lingüística llamar “actuaciones” a los malos tratos que demasiado a menudo acaban en homicidio.


Es loable que se quiera acabar con ciertas discriminaciones que durante años han sufrido las mujeres pero, si ello se consigue a costa de discriminar a los hombres, estaremos perdiendo la dignidad y el sentido común. De tiranía a tiranía y tiro porque me toca. ¿Es eso lo que queremos? 

Hagamos un breve repaso por la historia reciente del feminazismo en España:

En 2006 se aprobó la Ley de Igualdad, que imponía cuotas femeninas en los consejos de administración de las empresas y en las candidaturas electorales. Desde ese día, la valía de las mujeres ha quedado en entredicho, porque a una siempre le queda la duda de si la están contratando porque es la mejor candidata para el puesto o sólo porque tiene útero. Y es que el feminismo oficial, con su afán igualitarista, es un insulto a las mujeres. Porque ni somos iguales ni queremos serlo. No queremos que nos bokanovskifiquen[1].

En 2008 el Gobierno, carente ya de toda cordura, creó el Ministerio de Igualdad al más puro estilo orwelliano. El feminismo forzoso, finalmente, había sido institucionalizado. La Señora Aído protagonizó momentos estelares en el poco tiempo que duró su Ministerio y dejó perlas de gran calibre en las hemerotecas españolas. La creación de un Ministerio de Igualdad implica que las mujeres aceptamos el tradicional rol de “sexo débil” que merece ser protegido y defendido de los hombres y de nosotras mismas.



 

En 2010, la Junta de Andalucía publicó una “Guía sobre comunicación socioambiental con perspectiva de género” que fue el resultado de un encuentro titulado “Ecofeminismo. Una Mirada de Género al Medio Ambiente” y que pretende acabar con el uso del lenguaje llamado “sexista”. En realidad, se están cargando el principio de economía del lenguaje. Pero, después de cargarse la Constitución una y otra vez, a quién le importan los principios lingüísticos. El caso es que ahora “el número de parados” es (ha de ser) “el número de personas sin trabajo”, “el hombre” es (ha de ser) “la Humanidad” y “los alumnos” son (han de ser) “el alumnado”. La broma les ha costado 18.000 euros a los andaluces (perdón, a las personas andaluzas). Lo mismo que cobra Leire Pajín todos los meses por inventar leyes liberticidas que nadie necesita y que la han convertido en la reina del despiste: nadie habla ya de los millones de parados (o de personas sin trabajo) que no pueden pagar sus hipotecas ni darle de comer a sus hijos (e hijas).


Como colofón a esta sucesión de despropósitos feminazis, la escritora Alicia Giménez Bartlet, Premio Nadal y campeona del pensamiento único, le pone la guinda al pastel y sentencia: “no considero que la opción sea ser feminista o no serlo, hoy la cuestión es ser feminista o ser gilipollas”. Ahí, sin medias tintas.


[1] La bokanovskificación es la técnica de fabricación en serie de seres humanos, creada y explicada por Aldous Huxley en su novela “Un mundo feliz”

 *Artículo publicado en Última Hora Menorca el 15.01.2011


1 comentario:

venmago dijo...

Nuestro “libre albedrío” está muy condicionado por factores genéticos y socio-culturales. A falta de poder modificar los primeros, aunque en un futuro cercano probablemente sea factible ¡Un Orwelliano Mundo Feliz!
A lo largo de la Historia la Sociedad y la Cultura han modificado nuestra forma de ver y comprender el Mundo. El proceso de secularización y nuevas ideologías que hemos vivido, ha dado lugar a nuevas creencias como la “Ideología de Género”, que alguno/as han abrazado con más fervor que los mismísimos descendientes del Concilio de Trento. Lo perverso es que esta no es una “guerra/lucha” entre religiones, ideas, razas o clases, sino de sexos lo que supone un ataque a la Naturaleza; tal y como la entendemos. ¿Realmente nos encontramos más satisfechos con nuestras vidas?