sábado, 5 de febrero de 2011

¿Abierto hasta el amanecer? ¡No en España!



Los gobiernos tienden a complicar cosas que son sencillas. Como el asunto de los horarios comerciales, por ejemplo. El legislador todavía no se ha querido dar cuenta de que el prohibicionismo fomenta el mercado negro: pasó con el alcohol durante la vigencia de la Ley Seca en Estados Unidos; pasa actualmente con la bollería industrial en los colegios americanos; pasa en España (y en muchos otros países) con las drogas y con las armas. Y pasa con todo tipo de productos cuya venta no está prohibida pero que no pueden conseguirse, de manera legal, a determinadas horas. En la mayoría de ciudades españolas puedes comprar bocadillos a cualquier hora de la noche en la calle. Y chicles. Y tabaco. Y alcohol. Incluso paraguas cuando llueve. Todo en la calle, libre de impuestos. Este mercado negro nocturno no surge porque esté prohibida la venta de estos productos sino por la limitación de los horarios comerciales.

Uno compra un local, monta un negocio (con todas las dificultades que ello conlleva debido a la indecente cantidad de papeleo a cumplimentar y de impuestos a pagar). Y cuando uno tiene el negocio montado, resulta que no puede elegir cuál va a ser su horario de apertura al público. La ley estatal de horarios comerciales otorga a los comerciantes plena libertad para decidir sus horarios así como los días festivos de apertura. Pero, acto seguido, otorga competencias a las Comunidades Autónomas para regular el tema y, además, establece una serie de limitaciones. Y, claro, las Comunidades Autónomas, en su característico afán regulador, han legislado y han vaciado de contenido esa supuesta libertad otorgada por la ley nacional. La ley balear, por ejemplo, establece un horario máximo de 12 horas diarias y 72 semanales y limita los festivos a 8 anuales. Supuestamente, pretenden proteger a los pequeños comerciantes, al denominado comercio “tradicional” que, también supuestamente, estaría en situación de desventaja respecto de los grandes centros comerciales. 


Pero las preferencias de los consumidores están claras: sigue habiendo mucha gente que prefiere el trato personalizado, y casi familiar, que les ofrece el pequeño comerciante, sobretodo en pueblos y ciudades pequeñas. Sin embargo, cuando los centros comerciales abren en domingos y festivos, se llenan de gente. ¿Será que en la variedad está el gusto? ¿Será que los gobiernos deberían dejar que la gente eligiera? Porque si el comerciante pudiera decidir cuándo abre y cuándo cierra, y el consumidor pudiera elegir a qué hora hace sus compras, los dos comenzarían la búsqueda de una solución óptima para la satisfacción de las necesidades de ambos. 



Pero el intervencionismo impide el funcionamiento óptimo del mercado, dificultando la iniciativa de empresarios, trabajadores y consumidores, es decir, lastrando e incluso hundiendo nuestra prosperidad. Los ciudadanos tenemos derecho a compatibilizar nuestros horarios laborales con el ocio y con las compras. Por ello es necesaria la liberalización de los horarios comerciales unida a una mejora sustancial de la legislación laboral, que permita a empresarios y trabajadores negociar y pactar sus condiciones laborales.


Pero el paternalismo intervencionista o, lo que es lo mismo, el prohibicionismo, es la norma en este país. En España yo no puedo decidir cuál es el horario de apertura de mi tienda; ni puedo decidir que en mi bar se fuma; ni puedo negociar un contrato laboral al margen de lo acordado por los convenios colectivos. El laberinto burocrático para empezar un negocio en España es más parecido al de los países pobrísimos de África que al de las economías más pujantes del mundo. Nuestros gobernantes nos tratan como si fuéramos todos menores de edad, como si tuviéramos una absoluta incapacidad de tomar decisiones, como si fuéramos peligrosamente ignorantes. Quieren ignorar que tantísima soberbia acaba pasando factura: en forma de un plante por parte de las víctimas que no pueden aguantar ya más abusos. O en forma de colapso del sistema cuando, efectivamente, las víctimas ya no son capaces de crear riqueza a un ritmo suficiente para compensar la miseria creada por los intervencionistas.

 *Artículo publicado el 5.02.2011 en Ultima Hora Menorca

4 comentarios:

Joaquín dijo...

En relación con esto: Prohibido comprar

Suscribo el contenido del post de la A a la Z. Solo una puntualización: no se dice pobrísimo sino paupérrimo

Laura Mascaró dijo...

Gracias, Joaquín, por el comentario, por el enlace y por la puntualización.
Sé que la RAE no acepta la palabra "pobrísimo" (aunque su uso está tan extendido que es posible que llegue a aceptarla), sin embargo, a mi me gusta. Será porque el español no es mi lengua materna.

Xevi dijo...

Excel·lent article, totalment d'acord.

Palmer dijo...

Por si es de interés os comentaré que ... declaraciones del verano pasado de varias superficies comerciales, es decir los supers en los poligonos, declararon su mayor punto de venta, rendimiento, los domingos matinales y el Consell... (en colaboración con otras asociaciones) ... los cerró.
sort.