sábado, 2 de abril de 2011

Escépticos desde dentro





Cuando conocí a Lord Harris of High Cross él tenía 76 años y destacaba por su jovialidad y su sentido del humor. Coincidimos en el año 2000, en Milán, donde asistimos a un ciclo de conferencias titulado “Europa, l’Ultimo Leviatano”. El título no deja lugar a dudas acerca de la temática del evento, que reunió a la crème de la crème de los pensadores liberales, críticos con la Unión Europea (Anthony de Jassay, Hans Herman Hoppe y Alberto Mingardi, entre otros).

Lord Harris participó en la fundación de la Universidad (privada) de Buckingham; fue cofundador de la organización “Global Britain”, que analiza las relaciones entre Gran Bretaña y la Unión Europea; del Instituto de Asuntos Económicos de Gran Bretaña (del que fue Director General durante 30 años); del grupo “No turning back” y del “Bruges Group”, institución que lidera la batalla intelectual en contra del concepto de “una Europa más unida” y de una mayor integración europea en perjuicio de la soberanía nacional de cada Estado miembro y, en especial, de Gran Bretaña. Pero el Bruges Group no se limita a realizar una función crítica sino que también estudia y analiza políticas y relaciones internacionales alternativas a la actual Unión Europea, incluyendo la posible salida de Gran Bretaña de la UE. Fue bautizado con este nombre tras el discurso que Margaret Thatcher pronunció en la ciudad belga de Brujas en 1988, en el que alertó del peligro que suponía para Gran Bretaña lo que sucedía en Bruselas.


Thatcher no se equivocaba. “Europa es una amenaza no sólo para nuestra prosperidad, sino para nuestras libertades y nuestra paz”, así lo expuso Bernard Connolly en su polémico libro “The rotten heart of Europe” (“El corazón podrido de Europa”) en el que desvela los motivos reales por los que Francia y Alemania se empeñaron en arrastrar a los demás miembros de la Unión Europea hacia una unión monetaria. Pero ¿quién es Bernard Connolly? Connolly ha sido uno de los pocos economistas (si no el único) que predijo la actual crisis económico-financiera. Fue miembro del sub-comité de política monetaria de la Comisión Europea hasta que fue destituido por la publicación de su libro.


Al movimiento crítico con la Unión Europea se le ha llamado “euroescepticismo” y es especialmente fuerte en Gran Bretaña, Hungría y Letonia. Los principales motivos de oposición a la UE son que debilita a los Estados, limitando no sólo su soberanía sino también las libertades individuales de los ciudadanos, así como la excesiva burocratización de sus instituciones y la falta de democracia en su funcionamiento.

Nigel Farage y Daniel Hannan, del Bruges Group, son dos claros exponentes del euroescepticismo británico y, además, ambos son miembros del Parlamento Europeo. Es más, Hannan fue el parlamentario que más votos obtuvo en las últimas elecciones europeas, lo cual demuestra el apoyo que los ciudadanos británicos dan a sus propuestas de defender la soberanía y la independencia nacionales, el derecho de propiedad y las libertades individuales, así como a la posibilidad de abandonar el Euro y de derogar el Tratado de Lisboa. Hannan quiere recuperar para los países europeos el principio básico que subyace a la Constitución de los Estados Unidos: que las decisiones deben tomarse lo más cerca posible de la gente a la que afectan. Como él mismo reconoce, “es difícil imaginar una búsqueda de Google más aburrida que la de ‘discurso ante el Parlamento Europeo’”. Y llama la atención sobre la diferencia (algo más que simbólica) entre el inicio de la Constitución estadounidense (“Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos…”) y el inicio del Tratado de Roma (“Su Majestad el Rey de los Belgas, el Presidente de la República Federal de Alemania, el Presidente de la República Francesa, el Presidente de la República Italiana, Su Alteza Real la Gran Duquesa de Luxemburgo, Su Majestad la Reina de los Países Bajos…”).

Farage, por su parte, coincide con Hannan en denunciar la “era post-democrática” de la UE, que coloca al personal a dedo y que celebra elecciones a las que concurren “diferentes partidos con el mismo programa”. La integración europea ha supuesto, afirma, la pérdida de las libertades, el establecimiento del estado policial y el secuestro de la democracia. No en vano ha sido llamado “el Ron Paul europeo”.

¿Cómo se explica que en Bruselas haya parlamentarios euroescépticos? ¿Por qué deciden participar en un sistema al que quieren destruir o, al menos, limitar? Pues precisamente porque han aceptado las reglas del juego y han decidido trabajar por el cambio que quieren desde dentro del sistema en vez de enzarzarse en una lucha desde fuera y “en contra de”. Nos están dando una lección de democracia.


 *Artículo publicado en Última Hora Menorca del 02.04.2011