sábado, 28 de mayo de 2011

Confesiones


Retomo esta sección después de una intensa campaña electoral y de unos días de descanso. Esta semana nos deja muchos temas apetecibles sobre los que escribir. Dudé entre los indignados del 15M, la flauta de Bartolo de Rubalcaba y Gil Lázaro y las metidas de pata de Barack Obama en el Reino Unido. Pero, como habrá tiempo para todo eso y  más, hoy hablaré de mí y haré algunas confesiones. Confieso, en primer lugar, que yo era anti-sistema. Yo no votaba porque estaba convencida de que el Sistema era perverso, de que la ley electoral es profundamente injusta, de que los pactos post electorales son una indecencia y una falta de respeto hacia los votantes, y de que todos los partidos políticos eran iguales. Pero un día conocí a un partido que pedía la reforma de la ley electoral, para que todos los votos valgan lo mismo, y que se comprometía a no pactar por un sillón, un título y un sueldo. Un partido que defendía la contención del gasto público, la transparencia en la gestión de las instituciones y la libertad de los individuos. Un partido, en definitiva, que parecía serio y coherente y que era apoyado por el filósofo Fernando Savater y el premio Nobel Mario Vargas Llosa, entre otras “celebridades”.

Juan Luis Calbarro, coordinador de UPyD en Baleares, contactó conmigo y me pidió que me uniera a ellos. Decliné amablemente la oferta: yo no entraba en el juego de este sistema perverso. Pero él insistió “te he leído”, me dijo “defiendes prácticamente lo mismo que nosotros” y me pidió que, al menos, me reuniera con sus compañeros de Menorca. Accedí y esperé la llamada, que no tardó en  llegar: “Soy Palmer Carretero, portavoz de UPyD en Menorca…”.  Nos reunimos, me informó y casi me convenció. “Déjame que lo piense. Yo ni siquiera voto, ¿cómo voy a meterme en un partido político?”. Pero precisamente por eso lo hice, porque llevo muchos años tratando de mejorar las cosas desde fuera, porque siempre he sido activista y he “militado” en organizaciones diversas: en la Fundació Pere Tarrés, en la Cruz Roja, en la Asociación para la Libre Educación, en el Instituto Juan de Mariana… Y, al final, comprendí que el sistema sólo puede cambiarse desde dentro. Así que me afilié y, un año después, terminé encabezando la candidatura de UPyD Menorca para el Parlamento Balear.

No hemos entrado en las instituciones baleares, pero somos la quinta fuerza más votada a nivel nacional. Tenemos una diputada nacional, un eurodiputado, nueve diputados autonómicos, 152 concejales y una alcaldesa con mayoría absoluta. No se puede pedir mucho más después de sólo cuatro años de existencia, poco presupuesto, un bipartidismo férreo, una injusta ley electoral y mucho silencio mediático. 

Estas elecciones, amenizadas por la indignación de los campistas callejeros, las han ganado la abstención y el Partido Popular y las han perdido el PSOE y el movimiento ciudadano #nolesvotes. Al Partido Popular le deseo toda la suerte del mundo, porque la va a necesitar. Aunque lo tiene fácil porque el PSOE les ha dejado el listón a un nivel asombrosamente bajo, le toca desfacer un entuerto de considerable envergadura.

Por mi parte, lo que he aprendido a lo largo de esta etapa vale mucho más que cualquier escaño. He visto que aún hay gente comprometida, dispuesta a luchar por sus ideas y por un mundo más justo. He visto como se formaba un partido político con gente que no era política, que nunca había tenido un cargo público, que nunca había militado… y que, como yo, nunca había pensado que podría llegar a hacerlo. Me reconforta ver que UPyD está cumpliendo sus promesas, que no se vende y que no sucumbe a la tentación de ejercer de bisagra en aquellos municipios en los que podría hacerlo.

Confieso que entré en el partido con cierto recelo. Confieso, también, que me he llevado una agradable sorpresa. Y confieso que me he reconciliado con la política, aunque sea sólo un poquito.

*Artículo publicado el 28.05.2011 en Última Hora Menorca