sábado, 11 de junio de 2011

El circo de Sol



Llegué a la Plaza de Sol pocos minutos después de las nueve de la noche. El moderador estaba explicando el funcionamiento de la asamblea, megáfono en mano. “Por favor, hablad entre vosotros y poneros de acuerdo, así, si varias personas quieren decir lo mismo, será suficiente con decirlo una sola vez”. Una persona, de las escasas treinta o cuarenta que se habían sentado en el suelo en semicírculo, levantó ambas manos en señal de aprobación. Más tarde, alguien sugirió inventar otro gesto que significara algo así como “te estás pasando ya; que le quiten el megáfono”. A mí se me ocurren varios gestos que ya existen y que servirían para expresar disconformidad. No hace falta que inventen otro.

Un grupo de acampados, insolidarios ellos, tocaba los bongos a pocos metros de allí, así que era realmente difícil escuchar (y entender) lo que decía el moderador. Después me contaron que los indignados ya estaban divididos. No sólo el colectivo Democracia Real Ya se había desvinculado del movimiento campista, sino que las propias comisiones de Sol estaban en desacuerdo en bastantes cuestiones. En aquella asamblea sólo se decidió que se aplazaba; se propuso desmantelar Sol y llevar las acampadas a los barrios. No hubo acuerdo, para variar. Algunos se están dando cuenta de que el sistema asambleario no funciona. Se propuso, también, ir dejando de pernoctar allí, reduciendo el campamento de forma progresiva hasta que quedaran sólo puntos informativos permanentes. Sin embargo, dos días después volví a Sol y el campamento había crecido.


Paseé por las “calles” del interior de la acampada. Leí algunos slogans ciertamente curiosos, como el que rezaba “Si viene la policía, coged las uvas y disimulad”. Junto a la “cocina” colgaba una lista de todo lo que hacía falta, por si alguien se animaba a donar comida y utensilios. Olía a rayos, no como la zona de la Comisión de Espiritualidad y Amor, dónde estaban quemando incienso. En otras comisiones olía a otras sustancias, legales e ilegales, que no mencionaré, aunque toda la plaza estaba plagada de carteles que decían “si descontrolas con el alcohol, esto ya no tiene sentido”. 

Fotos no. Son niños” decía el cartel de la Comisión Infantil (también conocida como la guardería ilegal). Fotos no, pero ah, pero cables y enchufes, sí. Y puestos de cualquier manera, sin ninguna medida de seguridad  Al otro lado de la “calle”, la biblioteca, con muchos libros y un pequeño cuenco para donaciones. Me acerqué a la Comisión de Educación para ver qué movimiento había. Tenían un listado de escuelas supuestamente alternativas y les sugerí añadir la educación en casa como opción educativa. Me dijeron que se consideraba que la opción estaba incluida dentro del apartado de “pedagogías alternativas”. El “apartado” en cuestión eran dos palabras escritas en el margen del listado: “pedagogías alternativas”. No había propuestas; como tampoco las hay en el Manifiesto del colectivo Democracia Real Ya ni en el panfleto de Hessel (que merece una crítica aparte).

Pero, sin duda alguna, la comisión que se lleva la palma es la de Feminismos. Sobre la mesa, el Manifiesto “transmaricabollobi” propone usar el asterisco como símbolo de lenguaje inclusivo. Así, ya no somos “nosotros y nosotras” sino que somos “nosotr*s”. Un cartel describe la “violencia sexista” como “gestos, miradas y comentarios”. Otro describe el feminismo: “feminismo es horizontalidad”. Semejante afirmación me deja un rato pensando, aunque más preocupante es el cartel que equipara las muertes por accidente laboral a las muertes por terrorismo. Ese mismo terrorismo que Hessel asegura comprender aunque no apoyar, basándose en el único argumento de que “el terrorismo no es eficaz”. Porque, si fuera eficaz, Hessel lo apoyaría.

Normalmente, soy partidaria de los actos de desobediencia civil, pero con una condición: que sean actos responsables. Pero la acampada de Sol no me parece un acto responsable. Se quejan del Estado y piden más de lo mismo. Se quejan de hipotecas abusivas que contrataron sin que nadie les pusiera un arma en la sien para firmar. Piden libertad de prensa pero agreden a los periodistas de determinados medios. Piden libertad de expresión pero amenazan a los católicos. Han seguido a pies juntillas la recomendación de Hessel: primero se han declarado indignados y después han buscado los motivos. Y, claro, se han liado.



Paseando entre las comisiones y las tiendas me di cuenta de que tienen asumido que se han convertido en una atracción turística. No te explican nada si no les preguntas directamente, no te piden ninguna firma y no te intentan convencer. Algunos ni siquiera están seguros de por qué están allí. Están a su rollo e ignoran a quienes pasean por la plaza observándolos, como quien observa a los animales del zoo. O del circo, para el caso.

*Artículo publicado en Última Hora Menorca el 11.06.2011