sábado, 30 de julio de 2011

Bajo el arco de seguridad










En el aeropuerto de Barajas me obligaron a descalzarme. En invierno siempre me pasa, porque llevo botas con cremallera y se activaría el detector de metales. Pero ahora es verano y llevaba zapatillas de lona, así que pedí explicaciones. No me las dieron, de modo que insistí. Resulta que deben descalzarse no sólo quienes lleven metal en sus zapatos sino, también, todos los que lleven un calzado que les cubra el tobillo. Me gustaría saber a qué tipo de persona se le ocurrió establecer semejante norma. Me gustaría saber por qué extraño motivo piensan que puede haber algún peligro oculto en los tobillos de los pasajeros, qué creen que puedo esconder dentro del zapato que no pudiera esconder debajo de una camisa un poco holgada o debajo de una falda.

Aprovechando la paranoia colectiva tras los atentados del 11S (Nueva York, 2001) los Estados han ido modificando sus normativas de seguridad en la aviación civil y la han embarullado hasta un límite incomprensible. Además, no todos los aeropuertos aplican la normativa de la misma manera. Es lógico que los controles de seguridad sean distintos en diferentes países, porque no están sujetos a las mismas leyes pero ¿por qué los aeropuertos españoles no han uniformizado la aplicación de la normativa, si ésta es la misma para todos ellos? Una vez más, comprobamos que en España reina la inseguridad jurídica. Es más, hasta el año 2008 la normativa europea sobre seguridad en la aviación civil era secreta de modo que se establecía, de facto, una excepción al tan aclamado Estado de Derecho.








A un lado del arco de seguridad siempre se crea un pequeño –o no tan pequeño- caos. Hay que tirar botellas de agua aunque estén llenas (¿dónde están los ecologistas para quejarse?), quitarse las chaquetas, los cinturones, los zapatos y las joyas, sacar la tarjeta de embarque y, a veces, el dni y prepararse para recibir órdenes a veces surrealistas. Probablemente, la historia que mejor ilustra este sinsentido es la de Joe Foss, quien tuvo que perder 45 minutos de su tiempo en el control de seguridad del aeropuerto de Phoenix, Arizona, porque llevaba consigo un objeto sospechoso. Era metálico y tenía forma de estrella con cinco puntas. Claramente, el señor Foss podía asesinar a alguien con ella, o secuestrar el avión. Como la seguridad es lo primero, daba igual que el señor Foss fuera un veterano de la Segunda Guerra Mundial y que la estrella de cinco puntas fuera la Medalla del Congreso al Honor que le otorgó el Presidente Franklin Delano Roosevelt por “acciones que iban más allá de su estricto deber”. El General Foss se dirigía a la Academia Militar de West Point para dar una conferencia y pensó que a los cadetes les gustaría tener la oportunidad de ver la más alta distinción que otorga el gobierno americano, por eso llevaba la medalla en el bolsillo. Pero los agentes de seguridad ni siquiera fueron capaces de reconocerla y sólo veían un “objeto potencialmente peligroso”. Ahora puedo decir que mis Converse All Star tienen algo en común con la Medalla al Honor del General Joe Foss.







Mientras tanto, continúa la polémica por la implantación de los llamados “pornoescáneres”, que agilizan en gran medida los controles ya que sólo dedican 20 segundos a cada pasajero pero que son claramente invasivos de la intimidad. A pesar de la polémica, la mayoría de la población está a favor de estos artilugios, porque el miedo a la libertad y la falsa sensación de seguridad creada por un celo excesivo en los controles hace que algunos lleguen a aceptar como adecuadas e, incluso, necesarias, medidas que no cumplen en absoluto la supuesta función para la que han sido creadas.

Ya en el avión camino de Menorca seguía sin adivinar qué actos espeluznantes se pueden cometer con una botella de agua o con un cortaúñas, ni qué objetos se pueden esconder dentro de unas zapatillas de lona que un escáner no pueda detectar y que no puedas esconder igualmente bajo la ropa. Y, sobre todo, me sigo preguntando por qué siempre me dejan viajar con el cargador del móvil en el bolso, por qué a nadie se le ha ocurrido que lo puedo usar para estrangular a alguien.





jueves, 14 de julio de 2011

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miércoles, 13 de julio de 2011

Contra el cheque escolar - Artículo en Instituto Juan de Mariana




¿qué tiene la escolarización que la hace tan especial, tan importante, que pueda justificarse la coacción sobre algunos individuos para obligarles a financiar la escolarización de los hijos de otros?

Lee el artículo en la web del Instituto Juan de Mariana.

sábado, 9 de julio de 2011

Tertulia sobre educación en A Fondo, de Radio Intereconomía


Hablamos de homeschooling a partir del minuto 34.34 de la Parte 1.

Clic aquí para escuchar el programa

Libertad educativa





En el año 2007, 15 policías armados entraronen casa de los Bussekros y se llevaron a su hija Melissa, de 15 años. La internaron en el centro psiquiátrico de Nuremberg durante dos semanas y, después, la llevaron a un hogar de acogida. ¿Su delito? Haber sido desescolarizada dos años y medio antes. ¿La base legal para esta detención? Un decreto del III Reich que nunca fue derogado. 


La juventud de hoy es el pueblo de mañana.- Dijo Hitler en 1937.- Por este motivo, tenemos ante nosotros la tarea de inocular en nuestros jóvenes el espíritu de esta comunidad a una edad muy temprana, a una edad en la que los seres humanos aún no se han pervertido y, por tanto, no se han echado a perder. Este imperio se sostiene, y se construye a sí mismo para el futuro, sobre su juventud. Y éste nuevo imperio no le dará su juventud a nadie sino que él mismo la cogerá y le dará su propia educación.


Es triste que los alemanes, en su afán por seguir controlando a los jóvenes, tengan que echar mano de un decreto del III Reich. Aunque más triste es lo que sucede en España, donde el Estado también quiere controlar a los jóvenes y, sin embargo, va dando palos de ciego porque no sabe a qué normas agarrarse. No hay una base jurídica sólida para perseguir el homeschooling en nuestro país. Así lo demuestran los jueces de instrucción con cada caso que archivan. Así lo demuestran, también, los diferentes defensores del pueblo que se han pronunciado al respecto y que han solicitado a sus respectivos parlamentos que se abra el debate sobre el reconocimiento legal expreso de esta opción educativa. También el Tribunal Constitucional, en una polémica sentencia dictada en diciembre de 2010, admite que "no cabe descartar otras opciones legislativas que incorporen una cierta flexibilidad al sistema educativo y, en particular a la enseñanza básica" e invita al legislador nacional a tomar cartas en el asunto. El propio TC, en otra sentencia de 1994, denegó el amparo solicitado por la Generalitat de Cataluña y rechazó que la falta de escolarización de los menores justificara la asunción de su tutela por parte de la administración pública.

No obstante, siguen existiendo directores de centros escolares, asistentes sociales, fiscales de menores y algún que otro alcalde, que intentan perseguir a las familias que nos hacemos cargo de la educación integral de nuestros hijos, que nos negamos a cedérsela a un pésimo sistema que convierte a España en el hazmerreír de Europa cada vez que se publica un nuevo informe PISA.


Puestos a tirar de leyes antiguas, como hacen los alemanes, en España podríamos (deberíamos) recuperar el espíritu del Plan de Instrucción Pública de 1836 (más antiguo aún que lo de Hitler), en cuyo preámbulo el Duque de Rivas se expresaba de esta forma:


El pensamiento es de suyo lo más libre entre las facultades del hombre; y por lo mismo han tratado algunos gobiernos de esclavizarlo de mil modos; y como ningún medio hay más seguro para conseguirlo que el de apoderarse del origen de donde emana, es decir, de la educación, de aquí sus afanes por dirigirla siempre a su arbitrio, a fin de que los hombres salgan amoldados conforme conviene a sus miras e intereses. Mas si esto puede convenir a los gobiernos opresores, no es de manera alguna lo que exige el bien de la humanidad ni los progresos de la civilización. Para alcanzar estos fines es fuerza que la educación quede emancipada; en una palabra, es fuerza proclamar la libertad de enseñanza.



sábado, 2 de julio de 2011

De caballos, xenofobia y niñas en minifalda


Las fiestas de Sant Joan se están pervirtiendo a un ritmo acelerado. Yo estuve allí este año, desde Sa Convidada hasta el darrer toc de fabiol y fui testigo de muchas escenas desagradables y casi surrealistas.

¿Qué hacía, por ejemplo, aquella mujer –de unos 50 años- bajo el balcón del ayuntamiento diciéndome enfadada “no me empujes” cuando yo estaba siendo empujada hacia ella por decenas de personas arronsadas por un caballo? “Senyora”, le dije “si li fa por se’n vagi a ca seua, que per IB3 es veu molt bé”. Y lo dije poniendo acento de Ciutadella porque, hoy en día, a la mínima te cantan aquello de “no en volem cap que no sigui des nostros” y ya se sabe que, para algunos, a partir de Santa Bárbara todos somos extranjeros.


Bajé al Pla y, por un momento, me pareció estar en la Pasarela Cibeles, de los modelitos que había por allí. ¿Qué hacían aquellas chiquillas veinteañeras, entre dos traseros de caballo, con vestido veraniego y chanclas? ¿Qué fue del sabio consejo “dónde fueres haz lo que vieres”? No creo que sea realista, sensato, ni necesario, limitar el acceso a los Jocs des Pla y permitir que entre sólo un determinado número de personas. Ni mucho menos que no se deje entrar a mallorquines y catalanes, como algunos proponen. Pero lo que sí habría que impedir es que la gente baje sin la ropa y el calzado adecuados.

En Ses Voltes pasamos de Cibeles a Gaudí. Allí, un grupito de catalanas muy jóvenes lucía sus vestidos, sus sandalias e, incluso, algunas botas con tacón. Estaban divinas, las niñas, pero no sabían dónde se habían metido. “Qué bonito”, decía una ante el espectáculo de un caballo desbocado. Otra preguntó por qué un jinete le miraba la boca al caballo, a lo que le respondieron que “le mira las babas para saber si está muy cansado”. Se preguntaban, también, por qué la gente aplaudía tanto cuando pasaban los dos últimos, por qué algunos llevaban pantalón blanco, y por qué pasaban una y otra vez por la misma calle, que hasta cuándo iba a durar “esto”, como si “esto” fuera una tortura insufrible. En ese momento comprendí a los ciutadellencs que cantan lo de “no en volem cap que no sigui des nostros”. ¿Cómo puedes ir a unas fiestas sin informarte antes de qué es lo que se celebra, de cómo y por qué se hace cada acto, y de cuáles son las precauciones que hay que tomar? Mi amiga Montse tuvo que pelearse con un hombre que pretendía ver el caragol de Ses Voltes a pie de calle, junto a la placita des Be, ¡¡con un niño de dos años sentado en el carrito!!

Y luego están los peores, los que corren mayor riesgo, que no son las niñas en minifalda, ni los surfistas con chancletas, ni los borrachos que rozan el coma etílico, sino los que han sustituido el gin de toda la vida por la farlopa. Ésos son unos inconscientes que se meten entre los caballos, en el meollo de la fiesta, con la percepción absolutamente alterada, lo que les impide reaccionar como es debido ante una arronsada o un bot. Y, de éstos, los había de allí pero también de aquí, que algún autóctono también se pasó de la raya.

Vi en Facebook la ya famosa foto de una de las chicas que fueron agredidas durante ses avellanes, junto a la clásica imagen de una niña pequeña que recoge avellanas del suelo cerca de la acera. Debajo de las fotos, una contundente inscripción: “Exigesc que me tornin es meu Sant Joan”. Y se me ocurre que, el día que ses avellanes, que siempre se habían tirado con suavidad y por amor, se convirtió en “la guerra de avellanas”, fue el día que los ciutadellencs empezaron a perder su fiesta. Cuando se quiso convertir Sant Joan en los sanfermines de Menorca, en los sanfermines de caballos, y cuando la retransmisión de IB3 Televisió fue comentada por mallorquines que desconocían la fiesta, las costumbres, las tradiciones y hasta el léxico santjoaner.


Ante la avalancha de propuestas que están surgiendo en internet para mejorar las fiestas y evitar que se repitan hechos lamentables como los sucedidos este año, el alcalde Chiqui de Sintas ha puesto un toque de cordura y sensatez en un mensaje cargado de posibles medidas concretas que espero pueda llevar a cabo. Y los mallorquines han contraatacado a la creación de grupos como el de “Volem recuperar es nostro Sant Joan” o el de “Per un Sant Joan d’avui, com es de sempre” y han creado uno llamado “Som mallorquí i respect Sant Joan de Ciutadella”, porque tampoco debe ser agradable venir a disfrutar de unas fiestas y que te digan que aquí no queremos mallorquins ni catalans.