sábado, 2 de julio de 2011

De caballos, xenofobia y niñas en minifalda


Las fiestas de Sant Joan se están pervirtiendo a un ritmo acelerado. Yo estuve allí este año, desde Sa Convidada hasta el darrer toc de fabiol y fui testigo de muchas escenas desagradables y casi surrealistas.

¿Qué hacía, por ejemplo, aquella mujer –de unos 50 años- bajo el balcón del ayuntamiento diciéndome enfadada “no me empujes” cuando yo estaba siendo empujada hacia ella por decenas de personas arronsadas por un caballo? “Senyora”, le dije “si li fa por se’n vagi a ca seua, que per IB3 es veu molt bé”. Y lo dije poniendo acento de Ciutadella porque, hoy en día, a la mínima te cantan aquello de “no en volem cap que no sigui des nostros” y ya se sabe que, para algunos, a partir de Santa Bárbara todos somos extranjeros.


Bajé al Pla y, por un momento, me pareció estar en la Pasarela Cibeles, de los modelitos que había por allí. ¿Qué hacían aquellas chiquillas veinteañeras, entre dos traseros de caballo, con vestido veraniego y chanclas? ¿Qué fue del sabio consejo “dónde fueres haz lo que vieres”? No creo que sea realista, sensato, ni necesario, limitar el acceso a los Jocs des Pla y permitir que entre sólo un determinado número de personas. Ni mucho menos que no se deje entrar a mallorquines y catalanes, como algunos proponen. Pero lo que sí habría que impedir es que la gente baje sin la ropa y el calzado adecuados.

En Ses Voltes pasamos de Cibeles a Gaudí. Allí, un grupito de catalanas muy jóvenes lucía sus vestidos, sus sandalias e, incluso, algunas botas con tacón. Estaban divinas, las niñas, pero no sabían dónde se habían metido. “Qué bonito”, decía una ante el espectáculo de un caballo desbocado. Otra preguntó por qué un jinete le miraba la boca al caballo, a lo que le respondieron que “le mira las babas para saber si está muy cansado”. Se preguntaban, también, por qué la gente aplaudía tanto cuando pasaban los dos últimos, por qué algunos llevaban pantalón blanco, y por qué pasaban una y otra vez por la misma calle, que hasta cuándo iba a durar “esto”, como si “esto” fuera una tortura insufrible. En ese momento comprendí a los ciutadellencs que cantan lo de “no en volem cap que no sigui des nostros”. ¿Cómo puedes ir a unas fiestas sin informarte antes de qué es lo que se celebra, de cómo y por qué se hace cada acto, y de cuáles son las precauciones que hay que tomar? Mi amiga Montse tuvo que pelearse con un hombre que pretendía ver el caragol de Ses Voltes a pie de calle, junto a la placita des Be, ¡¡con un niño de dos años sentado en el carrito!!

Y luego están los peores, los que corren mayor riesgo, que no son las niñas en minifalda, ni los surfistas con chancletas, ni los borrachos que rozan el coma etílico, sino los que han sustituido el gin de toda la vida por la farlopa. Ésos son unos inconscientes que se meten entre los caballos, en el meollo de la fiesta, con la percepción absolutamente alterada, lo que les impide reaccionar como es debido ante una arronsada o un bot. Y, de éstos, los había de allí pero también de aquí, que algún autóctono también se pasó de la raya.

Vi en Facebook la ya famosa foto de una de las chicas que fueron agredidas durante ses avellanes, junto a la clásica imagen de una niña pequeña que recoge avellanas del suelo cerca de la acera. Debajo de las fotos, una contundente inscripción: “Exigesc que me tornin es meu Sant Joan”. Y se me ocurre que, el día que ses avellanes, que siempre se habían tirado con suavidad y por amor, se convirtió en “la guerra de avellanas”, fue el día que los ciutadellencs empezaron a perder su fiesta. Cuando se quiso convertir Sant Joan en los sanfermines de Menorca, en los sanfermines de caballos, y cuando la retransmisión de IB3 Televisió fue comentada por mallorquines que desconocían la fiesta, las costumbres, las tradiciones y hasta el léxico santjoaner.


Ante la avalancha de propuestas que están surgiendo en internet para mejorar las fiestas y evitar que se repitan hechos lamentables como los sucedidos este año, el alcalde Chiqui de Sintas ha puesto un toque de cordura y sensatez en un mensaje cargado de posibles medidas concretas que espero pueda llevar a cabo. Y los mallorquines han contraatacado a la creación de grupos como el de “Volem recuperar es nostro Sant Joan” o el de “Per un Sant Joan d’avui, com es de sempre” y han creado uno llamado “Som mallorquí i respect Sant Joan de Ciutadella”, porque tampoco debe ser agradable venir a disfrutar de unas fiestas y que te digan que aquí no queremos mallorquins ni catalans.