sábado, 6 de agosto de 2011

Pensamientos suicidas - El extraño caso de Domenic




Imagina que tienes siete años y vives con tus padres, feliz, en Suecia. Imagina que tus padres, un sueco y una india, llegaron al país nórdico tras perderlo todo en el terremoto que sacudió la India en el año 2001. Imagina que, a pesar de eso, tus padres son felices porque se tienen el uno al otro y porque te tienen a ti. Tus padres, que son personas generosas y quieren ser útiles a la sociedad, deciden volver a la India para ser misioneros. Eligen una fecha, junio de 2009, en la que se mudarán y empezarán su nuevo trabajo como misioneros. A ti te parece un plan perfecto: recuerda que eres un niño feliz de siete años que sólo quiere estar con sus padres y aprender de ellos. Ellos son buena gente y te quieren. No necesitas nada más.

Imagina que ya lo tenéis todo listo para la mudanza y subís al avión con destino a la India. Imagina que, antes de que el avión pueda despegar, varios agentes de la policía entran armados, detienen a tus padres y te llevan a un centro de menores. Ahora yo imagino que tú no entiendes nada, que piensas que hay un malentendido y que todo se arreglará muy pronto. En realidad, te equivocas. Dos años después, seguirás en el centro de menores. Al principio, las autoridades permitirán que tus padres te visiten durante una hora cada cinco semanas (lo has leído bien, una hora cada cinco semanas), aunque no en Navidades, porque las vacaciones del personal de servicios sociales son sagradas. Después, pasarás diez meses en el centro sin una sola visita de tu familia.

Ahora, querido lector, voy a liberarte de la tensión de tener que vivir esta historia en tu imaginación. Pero voy a pedirte que hagas un ejercicio de empatía antes de continuar con tu agradable vida. Esta historia es real y todavía no ha terminado. Suecia ha ignorado el funcionamiento básico del Estado de Derecho. Ha arrebatado la custodia de un niño a sus padres sin la intervención de un juez por haber hecho dos cosas que no eran ilegales según la legislación sueca. Domenic Johansson no estaba vacunado ni escolarizado. No voy a entrar en el debate moral de si los padres deben o no deben vacunar y escolarizar a sus hijos ni de si los Estados deben obligar a los padres a hacerlo. Sólo voy a entrar en el debate ético-jurídico y lo voy a hacer de forma breve y llana: Nullum crimen, nulla poena sine praevia lege. No hay crimen y, por tanto, no puede haber castigo, si no existe una ley previa que tipifique la acción como delito y establezca su correspondiente pena. Lo sabían los romanos y lo sabía Feuerbach, pero en algún país del norte se están haciendo los suecos con el tema.


Dominic fue secuestrado en junio de 2009 por las autoridades suecas. En noviembre de 2010, su padre, cegado por una más que comprensible desesperación, aprovechó la visita familiar para llevarse a su hijo a casa para que viera a su madre. En esta ocasión, la maquinaria del Estado actuó rauda y veloz: devolvió a Domenic al centro de menores, detuvo a su padre, lo juzgó por secuestro y lo encarceló durante dos meses. De modo que su esposa, Annie, además de no poder ver a su hijo, pasó las Navidades sola porque su marido estaba en la cárcel. No me extraña que haya tenido que ser atendida seis veces en urgencias desde que empezó esta pesadilla. En dos ocasiones tuvo parada cardíaca. ¿Va a tener que responder el Estado Sueco por una muerte, además de por el secuestro de un niño?

No es casual que esta terrible historia esté sucediendo en un país que lleva a gala haberse convertido en el prototipo del Estado del Bienestar. Los ciudadanos suecos han ido cediendo su soberanía individual al Estado de modo que éste ha aumentado su poder hasta límites inconcebibles. La perversión de la mentalidad del que-me-lo-den-todo-hecho hace que perdamos no sólo nuestra libertad sino también nuestra capacidad de defensa. Parece absurdo que puedan quitarte a tu hijo por algo que no es ilegal, que puedan impedirte todo contacto con él y que nadie pueda hacer nada por ayudarte. Ni tú mismo. El martes pasado hablé con Christer, el padre de Domenic. Me dijo que Annie y él tienen pensamientos suicidas. No me extrañó en absoluto, y supe que nada de lo que yo pudiera decirle iba a aliviar su dolor. Y, además, pensé en las nimiedades que nos quitan el sueño a muchos de nosotros y que son ridículas e insultantes al lado de esto.

En la web thepetitionsite.com puedes firmar una petición dirigida a las autoridades suecas para que devuelvan a Domenic a sus padres. El objetivo era recoger 5.000 firmas. Ya tenemos 5.213 pero cuantas más, mejor.

Se está llevando a cabo también una campaña de apoyo llamada “Arte para Domenic”. Los niños de todo el mundo pueden hacer llegar sus obras de arte a Domenic para que vea que no está sólo, que no lo han abandonado y que hay mucha gente que piensa en él y le desea lo mejor. Más información en kidsfordomenic.blogspot.com.

Y si, querido lector, tienes cualquier otra sugerencia de acciones que se puedan llevar a cabo mientras esperamos impacientemente a que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos nos responda, por favor escribe a alllovingmothersassociation@gmail.com






4 comentarios:

Ipe dijo...

Gracias Lau.

Can Jai dijo...

Gracias, Lau, ¿cómo se puede llegar a una situación así??
Àfrica.

Alba Ferri dijo...

Jo, qeu fuerte! No tenia ni idea que estas cosas pasaban en Suecia...
Te enteraste del caso de Habiba?
ahí si que ganamos la batalla, pero han sido muchas, por no decir todas excepto esa, que se han perdido, es increible! donde están los informes psicológicos a esos niños? Les están destrozando la vida...como a sus padres.

Josha Itzel dijo...

Dios mio, pero que crueldad! En que siglo vivimos? Donde ha quedado el sentido común? Donde ha quedado el derecho de ejercer como profesores de nuestros propios hijos? Es preferible dejarlos en las garras del sistema educativo que está fuera de tiempo? Pobre familia. Me pregunto si en España pueden hacer lo mismo, pues yo después de un año he sacado a mi hijo del infantil, con solo 4 añitos me pedía a gritos que no porque le pegaban... terrible, en verdad terrible.