sábado, 29 de octubre de 2011

Las noches que no duermes en tu casa



http://www.ine.es/censos2011/censos2011_cuestionario.pdf. Pasen y lean. Lean las 20 páginas de cuestionario del censo de población y vivienda para el año 2011. Cuestionario que está obligado a responder todo aquél que lo reciba en su casa bajo pena de multa de entre 60 y 30.000 euros si no se responde o si se dan datos falsos.

Primero, te piden que escribas los nombres y apellidos de todas las personas que viven en la casa, incluyendo a los hijos en custodia compartida si viven ahí la mayor parte del tiempo, a los estudiantes que estén temporalmente ausentes, a los que convivan aunque no tengan lazos familiares y, como ya se sabe que los españoles somos un poco cortos, te recuerdan que te incluyas a ti mismo. Claro.

Luego te preguntan algunas cosas acerca de la vivienda, como si es de compra o de alquiler o si está hipotecada. Como si todo esto no lo supieran ya ellos (siendo “ellos”, el Estado, que no se sabe muy bien quién o qué es, pero que nos tiene a todos bien controlados). Después empieza un cuestionario individual para cada habitante de la casa. Es como el confesionario de Gran Hermano, sólo que nadie te nomina para que abandones la casa. Al menos, de momento.

Algunas preguntas son absurdas por redundantes, porque se trata de datos de los que el Estado ya dispone y que podría recopilar fácilmente si hiciera uso de las tecnologías de la información y cruzara los datos de todos los registros en los que estamos fichados. Te preguntan por tu estado civil, por los lugares de nacimiento de tus padres, por tus estudios y por tu situación laboral. ¿Es que no pueden buscarlo en sus propias bases de datos?




Pero también hay preguntas personales, como cuántas noches has pasado fuera de tu municipio y dónde las has pasado. Es raro que no pregunten con quién estabas y qué hacíais. Y es raro, también, que el pueblo no se haya sublevado contra semejante intromisión en la intimidad personal. A Comisiones Obreras les parece poco que un 10% de los habitantes de este país sean obligados a responder a preguntas personales porque, según dicen en un comunicado del pasado mes de febrero, el censo debería constituir un “recuento exhaustivo de la población”. De ahí a que pidan que se nos implante un chip con todos nuestros datos y gepe ese incorporado, sólo va un paso. Un paso pequeño que no les va a costar mucho dar, puesto que este ente monstruoso llamado Estado no hace más que crecer y, para que él crezca, nosotros tenemos que menguar. Menguar en nuestra individualidad, en nuestra independencia y, en definitiva, en nuestra libertad.  ¡Cuánta razón tenía Goethe cuando dijo que nadie es más esclavo que el que se cree libre sin serlo! Y eso lo han hecho muy bien las democracias actuales, mediante una discreta pero eficaz labor de ingeniería social, con la que nos han hecho creer que somos libres. Al fin y al cabo, la soberanía nacional reside en el pueblo, y “el pueblo” somos todos y cada uno de nosotros. Ergo, somos soberanos ¿verdad?

Por otro lado, nos han metido el miedo en el cuerpo con el asunto de la seguridad y han conseguido que la mayor parte de la población esté dispuesta a sacrificar su libertad a favor de una supuesta seguridad que, en realidad, tampoco pueden garantizarnos.


Y, sin embargo, pusimos el grito en el cielo cuando nos enteramos de lo que podía hacer Facebook con las cosas que subíamos a nuestros perfiles. Pero Zuckerberg no nos obliga a usar su plataforma ni tampoco nos amenaza con multarnos. Nos quejamos de que Facebook pueda usar fotos que hemos subido libremente a la red y no nos quejamos de que el gobierno quiera saber cuántas noches hemos pasado fuera de casa. Y así nos va.