sábado, 17 de diciembre de 2011

Las políticas y los bebés



En el año 2006, una abogada de Barcelona solicitó el aplazamiento de una vista en el juzgado. Le fue denegado porque el juez estimó que el motivo alegado no constituía causa de fuerza mayor. Llegó el día de la vista y la abogada acudió puntual, con su bebé recién nacido en brazos. Al verla, el juez cambió su criterio y decidió que un parto reciente sí era causa de fuerza mayor, así que le concedió el aplazamiento.

Flaco favor nos hicieron las feministas de los sesenta cuando lucharon por una igualdad que pretendía ignorar el hecho biológico que nos hace diferentes.





 La baja maternal dura, según la ley, 96 semanas (es decir, casi dos años) en Suecia; 52 semanas (un año) en Noruega; y 16 semanas (es decir, 112 días, un tercio de año) en España. De estas 16 semanas, las 6 primeras (42 días) son de reposo obligatorio para la madre. A menos, claro, que tus obligaciones sean más importantes que tu bebé y que tu propia salud. Esto es lo que debió pensar Soraya Sáenz de Santamaría, quien ha preferido dejar a su bebé en manos de otra persona y dedicarse a quehaceres más importantes relacionados con el nuevo gobierno del Estado. Por no decir que está incumpliendo la ley.

Las mujeres cuya vida tiene una proyección pública tienen en sus manos la posibilidad de dar ejemplo y concienciar a la sociedad de la importancia de la maternidad: de la importancia de descansar tras un parto, de la importancia de crear un vínculo con el recién nacido, de la importancia de la lactancia, de la crianza en brazos y de todo eso que, si me permiten la generalización, nuestras abuelas y bisabuelas sabían tan bien, que nuestras madres quisieron ignorar en busca de una igualdad mal entendida y que a nosotras nos tienen que recordar los “expertos” en la materia.







Carmen Chacón dice que sí se tomó los 42 días de descanso obligatorio, aunque matiza que compaginó el cuidado de su hijo con “contactos con sus colaboradores del Ministerio de Defensa”, sea lo que sea lo que quisiera decir con esa frase. Sin embargo, durante su embarazo había sido nombrada Ministra y se dedicó en cuerpo y alma a ese nuevo puesto. Se fue de viaje oficial a Kabul con su equipo médico al completo (“viaje oficial” significa que todos nosotros le pagamos los gastos a ella y a sus médicos). Hizo caso omiso de las recomendaciones médicas que desaconsejan viajar en los últimos meses del embarazo, especialmente si se trata de viajes largos. Y, encima, se tomó un vino con los soldados.

La francesa Rachida Dati es otra que tal baila: la ministra de Justicia se tomó, literalmente, cuatro días de baja. Cuatro.


Por suerte, hay mujeres como la eurodiputada danesa Hanne Dhal, que acudió al parlamento con su hija de dos meses; o su compañera italiana Licia Ronzulli, quien llevó a su hija en un portabebés poco después de nacer y la sigue llevando con ella ahora que ya tiene un año de edad. "Quiero ser un símbolo, con mi hija Victoria, y pienso en todas las mujeres que no pueden conciliar su vida profesional con su vida familiar", declaró Licia tras ser aplaudida por sus compañeros.

En España, en cambio, aplaudimos la “profesionalidad” de Carme y de Soraya. Luego nos quejamos de los adolescentes que tenemos, pero no nos quejamos de la crianza que les hemos dado.






 

1 comentario:

Silvia Durá dijo...

Me ha gustado mucho. Total y absolutamente de acuerdo. Algo parecido escribí en su día en mi raquítico blog, pero cargaba más las tintas sobre la persona que nunca debió pedirle a Soraya que adquiriese esas responsabilidades recién parida. Al leerte, me doy cuenta de que son corresponsables, al fin y al cabo ella es la madre y el otro un señor que pasaba por allí, aunque durante algunos años sea su "jefe" en el trabajo.