miércoles, 19 de diciembre de 2012

Presentación de economía para rubias


Ayer asistí a la presentación oficial del libro Economía para rubias, escrito por Félix Moreno e ilustrado por Isabeloide (Isabel Sánchez-Bella), que reseñé en su día en este mismo blog y que ahora estrena su versión en papel, de la mano de la Editorial Innisfree.






La portada es preciosa, pero la contra tampoco se queda corta. Vean cómo ha quedado:



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Libro Un modelo realmente liberal





Acaban de llegarme mis ejemplares del libro "Un modelo realmente liberal", del que mi hermano y yo somos coautores junto con otros 24 ensayistas, coordinados por el director del Instituto Juan de MarianaJuan Ramón Rallo, que ha publicado Lid Editorial.


Escribe el profesor Carlos Rodríguez Braun en el prólogo
"¿Qué pasos se pueden recomendar desde el punto de vista liberal? Aquí hace su entrada este notable volumen coordinado por el joven investigador y profesor Juan Ramón Rallo.
Una amonestación que recibimos a menudo los liberales es que somos tan generosos para la crítica acerba como avaros para las propuestas concretas. El nuestro, por tanto, sería apenas un liberalismo de salón, de torre de marfil, con la distante comodidad del teórico que se limita a censurar sin aportar.
Pues bien, en las paginas siguientes el lector encontrará una treintena de ensayos breves que refutan esta reprimenda. Se trata de trabajos, a cargo de destacados especialistas, que se centran precisamente en plantear recomendaciones concretas desde el punto de vista liberal en cuatro grandes campos: Estado de derecho, Estado de bienestar, sistema económico y libertades civiles."


viernes, 23 de noviembre de 2012

Ni público ni privado

Vivimos en un estado social y democrático de derecho, según dice ese librito de papel mojado llamado Constitución Española. Eso significa, en teoría y entre otras cosas, que pagamos impuestos (no sólo por lo que ganamos sino también por lo que tenemos y por lo que hacemos) y que con esos impuestos se sufragan los gastos de diversos servicios que luego, irónicamente, se nos presentan como “gratuitos”. Y “públicos”, claro, porque supuestamente se paga con dinero “público”. Así, tenemos educación pública y gratuita, carreteras públicas y gratuitas, sanidad pública y gratuita, justicia pública y gratuita, etc.


El gobierno de Zapatero estableció tasas y elevó las cuantías para recurrir judicialmente. Nadie puso el grito en el cielo, ni los abogados, ni los procuradores, ni los jueces, ni la “sociedad civil”. Claro que la caja de Pandora la había abierto anteriormente el gobierno de Aznar cuando estableció tasas judiciales para las empresas que facturaran un mínimo anual determinado. Pero como las empresas, ya se sabe, son el origen de todos los males, nadie se quejó tampoco. Ni los empresarios ni nadie.


Hemos llegado al punto en que para usar algunas carreteras debemos pagar peajes, para comprar medicamentos con receta debemos pagar un euro y ahora, además, entran en vigor las tasas judiciales para acceder a la justicia. Ésta es la demostración palpable de que el dinero que pagamos en concepto de impuestos no va adónde nos dijeron que iría. Porque el problema no es que haya que pagar por determinados servicios, lo cual sería lícito, sino que no pagamos en función del coste real de dichos servicios. Un euro por cada receta, sea cuál sea el medicamento que adquirimos. 800 euros por una apelación, sea la que sea. Todo ello después de haber pagado grandes cantidades de dinero en impuestos. El resultado es que, al final, los servicios no son públicos pero tampoco privados; no sabemos cuánto cuestan realmente las cosas que pagamos, no sabemos adónde va realmente el dinero que nos confisca el Estado y, mientras tanto, las reformas realmente necesarias y útiles siguen sin acometerse. Empeoran las cosas con cada nuevo parche publicado en el BOE. Al que realmente no tiene ni para comer, poco le afecta la subida del IVA, porque irá a comedores sociales o al contenedor de basura a buscar su comida. Al que es rico, le puede molestar un poco, pero probablemente se trate de cantidades insignificantes en proporción a lo que tiene disponible. Lo mismo pasa con las tasas judiciales: el que tiene derecho a la llamada justicia gratuita está exento de pagar las tasas. Y al que es rico, si la cuantía del pleito es alta no le va a importunar mucho que le pongan una tasa de 100, 200 u 800 euros, porque le valdrá la pena de todos modos. Como siempre, quien paga los platos rotos es la llamada clase media. La gente normal, los autónomos y los mileuristas que no tienen derecho a ayudas sociales pero que tampoco puede contratar a un asesor fiscal que les ayude a eludir impuestos y a los que, desde luego, no les va a compensar pagar 200 euros para reclamar una deuda de 600 que tal vez no llegarán a cobrar ni aun habiendo ganado el juicio. Y es que en España se nos ha roto la vajilla entera y nos está saliendo muy caro reponerla. Nos hemos gastado medio millón de euros en una página web para el Senado (más de 80 millones de pesetas). Más de cincuenta diputados aseguran haber perdido el ipad que nosotros les hemos pagado, porque nos toman por imbéciles, seamos sinceros.



Nos entretienen con la cuestión independentista de Cataluña y la supuesta corrupción de Ciu, y nos instan a odiar a Angela Merckel y a Bankia, que vienen a ser la madrastra de Blancanieves en este cuento. Porque Zapatero y Rajoy sólo son dos buenos hombres que casualmente pasaban por aquí.

¿Será cierto que cada pueblo tiene a los gobernantes que merece?

sábado, 17 de noviembre de 2012

De zoquetes, dendritas y homeschoolers


Una historia que comienza por el final y que recurre constantemente al flashback para volver a dos etapas diferentes de la vida del autor y protagonista me reconcilió (un poquito) con el sistema escolar y con el cuerpo docente. “Mal de escuela” de Daniel Pennac queda definitivamente incluido en mi listado de libros imprescindibles y ocupa un merecido lugar en la estantería de casa, justo entre “El saber proscrito” de Alice Miller y el “Dumbing us down” de John Taylor Gatto.



La misma semana que devoro el libro de Pennac, un entrenador personal destaca en una entrevista el perjuicio que supone para los niños el sedentarismo escolar: demasiadas horas sentados; insuficientes horas dedicadas a la educación física (a la práctica, que no la teórica) y al movimiento en libertad. Dos días después, asisto a una conferencia sobre neuroplasticidad y tengo el placer de conversar con la conferenciante sobre el sistema escolar; sobre cuánto mejoraría si tan sólo los profesores tuvieran un conocimiento adecuado del funcionamiento del cerebro yde los procesos de aprendizaje. Y actuaran en consecuencia, claro.

Se celebra la semana de la ciencia en Madrid. Siete días de actividades gratuitas para acercar la ciencia a los no versados en ella. Hay esperanza, me digo. Se presenta la segunda tesisdoctoral española sobre la opción de educar en casa; la primera en la disciplina jurídica. Quedan pocos días para que se celebre el tercer congreso nacional de homeschooling en España. Todas las mañanas, la bandeja de entrada de mi correo electrónico aparece rebosante de emails de madres desesperadas que buscan una alternativa para sus hijos y de estudiantes universitarios de diversas carreras: magisterio, pedagogía, educación especial, periodismo, filosofía incluso. Ellos intuyen que algo debería cambiar en el sistema escolar pero ¿por dónde empezar? ¿Cómo enfrentarse a este aparato descomunal y fosilizado que está a merced de los intereses de unos pocos? Hay que empezar replanteando la función del docente. ¿Por qué y para qué quiere uno convertirse en profesor? Proliferan los motivos más dispares, motivos erróneos, motivos que arruinan
 todo el significado de la docencia.


La Plataforma por la Libertad Educativa pone en marcha su tercera sección. Las dos primeras, homeschooling y altas capacidades, funcionan desde hace algunos meses y crecen imparablemente cada día que pasa. Esta tercera tiene un objetivo mucho más ambicioso: introducir cambios significativos en el sistema escolar.



Del Ministro de educación, ya losabéis, no digo nada. Da absolutamente igual que sea de las gaviotas o de la ceja. No importa cuántas reformas legislativas acometan, no van a arreglar nada, no es su intención. Los padres debemos recuperar el poder que hemos cedido y se nos ha arrebatado a partes iguales. Los profesores deben formarse en neurobiología y plasticidad, revertir la indefensión aprendida y, por supuesto, no pretender enseñar una materia por la cual no sientan pasión. La pasión del profesor y su flexibilidad en la metodología didáctica fue lo que salvó al zoquete que después se convirtió en maestro. El que empezó a contar su historia por el final.

viernes, 2 de noviembre de 2012

De Wert no digo nada


Me preguntan que por qué no he publicado nada sobre el anteproyecto de la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa). Que qué opino de las reformas propuestas por el PP y, ya de paso, que qué opino de Wert.

Si no he publicado nada es, entre otras cosas, porque no me apetece escribir sobre este tema. Me aburre soberanamente, no les voy a engañar. De José Ignacio Wert opino lo mismo que de todos los ministros de educación: que su cargo no debería existir. Punto. De su persona no opino por qué no le conozco. Pero su cargo es de lo peor que le podría pasar a la educación de un país.

De la LOMCE, sinceramente, poco puedo decir. La he leído en diagonal (ya saben, rapidito y por encima, sin entrar en detalles). De entrada, el nombre ya me parece una tomadura de pelo porque para “mejorar” la calidad educativa debería “haber” alguna calidad educativa. Y no la hay. Es un texto absurdo, lo mismo que todas las leyes anteriores de educación, que sólo contienen parches para tratar de remendar un sistema que está resquebrajado por mil lados diferentes, que no se tiene en pie y que ya no tiene arreglo. Casi nadie responde sinceramente y reflexivamente a la pregunta de para qué sirve el sistema educativo o para qué querríamos que sirviera.

Importa francamente muy poco que junten o separen las asignaturas de ciencias sociales y de ciencias naturales, y que las llamen así o las llamen “conocimiento del medio”, convirtiendo las “soci” y “natus” de toda la vida en un malsonante “cono”. Importa también poco que adoctrinen a los niños en una asignatura llamada “educación para la ciudadanía”, “educación cívica y constitucional” o “formación del espíritu nacional” o que los adoctrinen transversalmente, a través de todas las demás asignaturas, como se hacía en la EGB. Que la escuela sea bilingüe, trilingüe o monolingüe, que haya más o menos horas lectivas, que el bachillerato dure un año, o dos, o tres, o que se pueda elegir la rama de estudio un curso antes o un curso después. Todo eso son cortinas de humo para que no nos fijemos en lo que realmente importa. En la maldad que supone dejar a los niños a merced de los estatólatras de turno, que no se preocupan en absoluto por su bienestar, ni por su educación, ni por su desarrollo personal, ni mucho menos por su futura vida laboral. En la maldad de un sistema rígido que obliga a recluir a los niños en centros de adoctrinamiento durante largas horas y largos años. En la perversión de quienes intentan hacernos creer que lo hacen “por su propio bien”, que la educación tal como ellos la entienden no sólo es necesaria sino que también es buena.

Todos los días recibo emails de familias desesperadas, que han vivido historias horribles en los colegios, y todos los días tengo noticias de funcionarios y empleados públicos que anteponen el cumplimiento de una ley injusta que obliga a escolarizar al bienestar de los niños y las familias, a la consecución del verdadero objetivo de la educación, que es la formación de personas moralmente sanas, libres y felices.

Quienes aceptan que el Estado tenga alguna legitimidad para determinar cómo se ha de educar a los niños, que haya un Ministerio de Educación y una ley orgánica que regule la materia, deberían al menos preguntarse si no les están tomando el pelo estos políticos que, cada vez que llegan al banco azul de la cámara baja le meten mano a la ley en cuestión para dejarla, casi siempre, peor de lo que estaba. Es la reflexión mínima que habría que hacer. Y eso sólo para empezar.

sábado, 27 de octubre de 2012

Los desinformativos



Da igual el canal que pongas. Los noticieros televisivos españoles han dejado caer su nivel de rigor en picado, si es que alguna vez lo tuvieron. Ya no es que estén sesgados por una determinada ideología o por intereses que desconocemos, sino que se limitan a dar titulares sin molestarse siquiera en comprobar que se correspondan con los hechos que los han originado.


Salen a la calle a preguntarle a la gente sobre un tema determinado, pero no te dicen cuál es la pregunta concreta que se ha hecho, por lo que cada espectador puede entender una cosa diferente, según sus intereses, sus expectativas, sus conocimientos previos o sus prejuicios.

La ministra de fomento dice que la última cifra del paro en España pone de manifiesto “una moderación en el crecimiento del desempleo” y el presentador del noticiero dice que para la ministra “la cifra del desempleo es moderada”. Nada que ver una cosa con la otra, pero quienes no hayan escuchado las declaraciones de voz de la propia ministra, probablemente habrán pensado que vivía muy alejada de la realidad, que no tenía ninguna sensibilidad, y que era una incompetente y una impresentable.

Sin duda, mi noticia favorita de las últimas semanas ha sido la de la polémica creada en torno a la declaración del ministro de educación y cultura, José Ignacio Wert, diciendo que por supuesto que querían “españolizar a los catalanes”. En realidad, quien habló de españolizar fue la consellera Rigau; el ministro sólo recogió el guante parafraseándola, pero eso lo callaron muchos medios de comunicación. Es cierto que se podía haber ahorrado la gracia, pero se le atribuyó injustamente la ocurrencia de haber usado esa palabra que, además, es muy probable que tenga significados distintos para cada uno de ellos. Suele suceder lo mismo con algunos titulares que inducen a error o confusión sobre cuál es el contenido de la noticia.

Uno se lo puede tomar a broma y hasta divertirse buscando las diferencias entre la realidad y la versión que dan los informativos de cualquier cadena de televisión o de la prensa escrita (imagino que sucede lo mismo o algo parecido en la radio). A veces es sólo una cuestión de incultura o de desidia periodística, como cuando hablan de la provincia de Menorca. Otras veces la falta de rigor informativo es más grave y puede inducir a error a quienes lo escuchen y asuman que los periodistas saben de lo que hablan.

Cuando se trata de alguna materia que conozco bien, encuentro errores por doquier, así que no puedo evitar poner en duda cualquier cosa que expliquen sobre otros temas. De entrada, desconfío de cualquier noticia que lea o escuche y trato de contrastarla por otros medios. Afortunadamente, hoy en día contamos con fácil acceso a ese maravilloso invento que es internet, y podemos indagar sobre prácticamente cualquier tema que despierte nuestro interés. Lo que no se es por qué seguimos cediendo y callando ante la injusticia que supone estar manteniendo con nuestros impuestos a tantos medios de comunicación que sólo desinforman. Y no me refiero sólo a los medios públicos, sino también a los privados subvencionados, si me permiten el oxímoron.


lunes, 15 de octubre de 2012

Nivel universitario (hechos reales)


Empieza el curso y decido ir a clase el primer día porque, aunque estudiar a distancia y usar internet para ello es muy cómodo, estar físicamente en clase y ponerles cara a los profesores y a los compañeros, tiene un “aquél” que no se consigue online. Ustedes me entienden.

El caso es que entro en mi primera clase, de segundo curso del Grado de Pedadogía, y la profesora se dedica a explicarnos cómo debemos (o deberíamos) estudiar. Que leamos un tema y, si no lo entendemos bien, pasemos al siguiente, que poco a poco iremos componiendo el “puzle” que es esta asignatura, que es una asignatura “un poco rara” pero que ya lo “cogeremos”. Nos dice que vayamos subrayando y anotando las palabras que no entendamos, que si hemos anotado más de 10, no habremos entendido el tema. Y que las palabras que no entendamos, las busquemos en el diccionario. Me surge la duda de si estamos realmente ante una asignatura muy complicada, que tiene un léxico específico de un nivel muy elevado, o si esta mujer está subestimando nuestra capacidad. Hemos superado todas las etapas obligatorias de la educación española, hemos aprobado el examen selectivo, hemos superado el primer curso de este grado y muchos de nosotros estamos cursando nuestra segunda carrera. Pero ella piensa que no somos capaces de comprender el manual de la asignatura.

A segunda hora llega otra profesora y nos cuenta que su asignatura es  “muy bonita”. Para que entendamos un poco de qué va (porque, qué casualidad, también es una asignatura un poco “rara” y nos puede costar entenderla) nos cuenta que el diagnóstico pedagógico es como el diagnóstico médico. Les voy a ahorrar los detalles porque siento vergüenza ajena sólo de recordarlo.

Y a tercera hora, en una asignatura de tercer curso y subiendo el nivel de la tarde, llega el profesor, que todavía no tiene el manual de la asignatura porque, según él “acaba de salir” (aunque la mitad de los alumnos ya lo tenemos); no sabe qué tipo de examen vamos a tener y no sabe qué tipo de tareas componen la evaluación continua. En resumen, no sabe nada de la asignatura y se dedica a leer la guía general que todos los alumnos presentes ya hemos descargado de internet, leído y comprendido. Para eso no nos hacía falta ir a clase.

Luego los alumnos de esta gente son los responsables de los centros docentes de primaria y secundaria, y se comprenden muchas cosas. Como que mientras no se mejore el sistema universitario y, muy especialmente, las carreras relacionadas con la capacitación docente, las etapas de la educación obligatoria serán un creciente fracaso, no importa cuántos parches y cuántas chapuzas hagan los encorbatados del Parlamento. Pueden dedicarse a poner  o quitar horas lectivas, a cambiarle el nombre a la educación para la ciudadanía o a juntar y a separar de nuevo las ciencias naturales y las ciencias sociales. Con ello sólo demuestran que, o bien no tienen ni idea de cuál es la situación y mucho menos de cómo arreglarlo, o bien sí tienen idea pero no les interesa arreglarlo. La segunda hipótesis me parece mucho más plausible. Lo triste es la pasividad de los implicados. De las familias, de los profesores vocacionales (me consta que todavía quedan algunos), de los estudiantes universitarios y de los empresarios que le siguen dando más importancia a un título que en realidad no garantiza nada, que a los conocimientos y aptitudes reales de quienes se postulan para un puesto de trabajo. La educación nos afecta a todos. Mirar para otro lado es ser cómplice de quienes la ningunean y manipulan desde sus escaños.

viernes, 5 de octubre de 2012

El amor condicional



Hace un par de semanas les hablaba sobre cómo todo lo que hacemos y decimos puede afectar a las vidas de otras personas, tanto para bien como para mal. A raíz de ese artículo, un lector me hizo llegar un vídeo de Elisabeth Kübler-Ross, una psiquiatra mundialmente conocida por su trabajo con los moribundos, por sus relatos de experiencias cercanas a la muerte y sus convicciones acerca de la vida después de la vida. En la primera parte del vídeo, Elisabeth relata la historia de una madre que tenía constantes peleas con su hijo a causa de la negativa de éste a dejar de usar siempre la misma vieja camiseta. Tras asistir a una charla de Kübler-Ross, la mujer se dio cuenta de que ése no era un asunto de vital importancia. Pensó que, si su hijo muriera, ella lo haría enterrar precisamente con esa camiseta que tantas discusiones les había costado. Así que al llegar a casa, con su escala de valores totalmente renovada, le dijo a su hijo que tenía su bendición para usar esa camiseta cuanto quisiera, que ella no iba a tratar de convencerle nunca más de que se la quitara. La felicidad de su hijo y la paz familiar eran mucho más importantes.

En la segunda parte del vídeo, cuenta una historia mucho más sobrecogedora. Se trata de un niño de once años que se quitó la vida. Elisabeth le preguntó a la madre qué había pasado, cómo podía ser que un niño de once años se suicidara, teniendo toda la vida por delante y estando, en teoría, en una de las etapas más felices de la vida de cualquier persona. La madre dijo que no lo comprendía, que no había “pasado nada”; que era un niño “normal, sano y feliz que siempre hacía lo que le decíamos”. En el último día de su vida, había sido reprendido y castigado por unas malas notas. Tras ser ignorado expresamente por sus hermanos y por sus padres, quienes pretendían, así, “darle una lección”, se fue a dormir y, a la mañana siguiente, se suicidó. Es lo que Alfie Kohn llama la “retirada del amor”, un castigo de una crueldad incalificable que transmite el mensaje de que el amor es condicional: tus padres y tus hermanos te aman si, y sólo si, te portas bien (traducido: si haces lo que ellos esperan de ti). Tus padres y tus hermanos te aman si, y sólo si, tienes buenas notas en el colegio. Tus padres y tus hermanos te aman si, y sólo si, te casas con la persona adecuada (según ellos). Tus padres y tus hermanos te aman si, y sólo si, tienes un trabajo digno (de nuevo, según su criterio, no según el tuyo). No importa que tengas once años o cincuenta y cuatro.

El amor condicional es una actitud mucho más común y habitual de lo que pudiera parecer cuando uno lo lee crudamente. Lees a Alfie Kohn y te parece que está hablando de casos extremos. Pero no. Escuchas a Elisabeth Kübler-Ross y te sorprende que aquella madre dijera que no entendía lo que podía haber pasado, que su hijo era “normal y feliz”, y vincula esa descripción al hecho de que el niño siempre hacía “lo que le decían”. Luego te cuenta el brutal castigo al que le sometieron, pero sigue sin entender qué pudo haber pasado.

Algunas personas quieren tener hijos obedientes porque es más cómodo que tener hijos libres. Un hijo libre supone un cuestionamiento constante de nuestras propias convicciones. Si tu hijo o tu hermano murieran mañana, ¿cómo querrías que hubiera sido su último día? ¿Qué papel querrías haber desempeñado tú en esas últimas veinticuatro horas? ¿Querrías haber discutido con él por una vieja camiseta? ¿Querrías saberte responsable de no haber hecho nada por mejorar siquiera un poquito su existencia?

viernes, 28 de septiembre de 2012

Expertos en leyes


En España, le das una patada a una piedra y salen cinco o seis expertos en algo. Muy probablemente en Política y Derecho. Aunque la Medicina también es un asunto recurrente. Hay gente que se cree experta en Derecho porque una vez tuvo un juicio y extrapola los detalles de aquella vivencia a cualquier otro caso que se le ponga delante. En cierta ocasión, una persona me dijo que sabía de leyes porque llevaba muchos años “tratando con abogados”; por eso se permitía aconsejar a quien estuviera dispuesto a escucharle. Otros no se conforman con regalar sus consejos a pie de calle y van más allá, ofreciendo públicamente sus servicios de asesoría legal, rozando el intrusismo profesional y, por ende, la ilegalidad. A veces lo hacen al amparo de una entidad sin ánimo de lucro, pues en España parece que cualquier cosa que se haga, aparentemente, de buena voluntad está permitida. “La intención es lo que cuenta”, te dirán.

Estos autodenominados expertos tienden a aseverar categóricamente que algo pasa “siempre” o que otra cosa no pasa “nunca”. Es una curiosa tendencia que he observado muchísimas veces. Creo que sienten que, al afirmar contundentemente lo que puede o no puede pasar, están vendiendo seguridad y la seguridad es lo que, en no pocas ocasiones, busca el cliente. Bien, les diré dos cosas: la primera, que no hay nada seguro en esta vida. Nada. La segunda, que la respuesta correcta en Derecho casi siempre es “depende”. El Derecho no sirve para lo que nos han contado que debe servir, aunque todavía queda gente que cree que la justicia y la ley van de la mano, que tienen algo que ver, que no hay ley sin justicia. Bendita y peligrosa inocencia.

Lo más peligroso de estos falsos expertos es que actúan movidos por intereses personales de los que quizás ni ellos mismos son conscientes. Como su fuente de información es su propia experiencia personal y las experiencias vividas en segunda persona, a través de sus conocidos, sus consejos están viciados y carecen por completo de objetividad y de una base jurídica real. Ya lo dijo Conan Doyle, por boca de Mr. Holmes: “Los factores personales son antagónicos del razonar sereno”.


Otro factor altamente perjudicial es la influencia de Hollywood. Los juicios cinematográficos suelen ser muy espectaculares y, además, muchas veces ganan “los buenos”, los que tienen la razón aunque no tengan a la ley de su parte. El abogado siempre encuentra un recoveco legal para ganar el juicio o, a falta de un recoveco legal, encuentra la forma de tocarle la fibra sensible al juez o al jurado, según corresponda. Pero eso es ficción, amigos. Y cuando no es ficción, se basa en el sistema judicial estadounidense, que no tiene nada que ver con el español. Lo he visto muchas veces: encausados que pretenden que se les defienda alegando todo tipo de argumentaciones morales o de otra índole, pero despreciando las argumentaciones meramente jurídicas que son las que, al fin y al cabo, va a usar el juez para dictar su sentencia. Porque los juicios son teatro, pero son un teatro que tiene una reglas bien determinadas que debemos aprender a usar en nuestro favor.


lunes, 24 de septiembre de 2012

Un poquito de por favor - Por Daniel del Río


Daniel del Río es un buen amigo al que conocí en la facultad de Derecho hace ya bastantes años. Durante un tiempo, compartí con él la columna de artículos jurídicos De Iure, publicada en una revista local. Ahora la columna es toda suya. Le pedí permiso para reproducir aquí su último artículo, titulado "Un poquito de por favor". Espero que os guste.


Un poquito de por favor.

Después de esto perderé unos cuantos amigos. Pero, les soy sincero, cada día que pasa pienso que la solución a esta crisis económica pasa, primero, por solucionar la crisis de humanidad y de estulticia que vivimos.

Como abogado laboralista me ha tocado vivir escenas realmente dramáticas. Clientes que perdían su empleo o, incluso, familias enteras que iban al Inem. Y mientras recibían la noticia de su pérdida de empleo tenía la decencia y la vergüenza torera de no quejarme si me habían subido un punto o dos el IRPF.  En cambio, ante una sala llena de trabajadores que llevaban meses sin cobrar sueldo ni desempleo porque la empresa había cerrado, el personal de justicia no tenía reparo en quejarse de una bajada de sueldo del 5%. Es aquello del chiste de “qué mala suerte, a ti se te muere el padre y a mí se me pierde el bolígrafo”.

Y esto sigue igual. Fue el otro día, en Terrassa, Barcelona. Me encontraba en la oficina del INEM que es donde se realizan los CMAC mientras observaba a una larga lista de personas haciendo ordenada cola con el papelito del número esperando el turno. De pronto, no sé si porque eran las doce, todos los trabajadores de la oficina se levantaron y salieron a la calle a quejarse de que les han quitado la paga de Navidad. Y, sorprendentemente, animaban a los desempleados a que se unieran a ellos. Un hombre, cincuentón y con cara de circunstancias se quedó mirando a la funcionaria que le animaba a que saliera con ellos a protestar.

           Hace nueve meses, aquí al lado. Nos fuimos treinta tíos a la calle. Y cortamos la calle dos veces. No te vi por allí para echarnos una mano. Sinceramente, que te....

Lo comparto plenamente. Parece que haber quitado una paga extraordinaria a la función pública es el motivo  por el que España entera debe salir de manifestación. Los últimos tres años quien sufrido de lo lindo ha sido el sector privado y no he visto que los empleados públicos, hayan salido con camisetas y silbatos a quejarse porque SEAT despedía a 330 empleados o muchas empresas despedían a su personal o cerraban. Eran empresas privadas y, por tanto, ni les iba ni les venía.

Bueno, sí les iba, y mucho, en realidad. Los servicios públicos son DEFICITARIOS por naturaleza y dependen de las aportaciones públicas que viven de los impuestos que, en su mayor parte, genera el sector privado. Así que la función pública pretende ahora que España salve sus sueldos cuando ellos miraban para otro lado cuando los que estamos en el sector privado veíamos reducidos los nuestros por nuestros empresarios, despedidos a compañeros con familia y, además, pagábamos más impuestos para que “subsista” la función pública. Nos hemos acordado tarde de Santa Bárbara, vamos.

Pues qué quieren que les diga. Retirar una paga a la función pública es que el país no va bien y eso no me gusta. Pero quejarse de tu bajada de sueldo ante una persona que viene a cobrar un subsidio de 400 euros... me parece inhumano.

Quizá de esta aprendamos.  Aunque sí les soy sincero yo ya no tengo esperanza en que aprendamos nada. 



sábado, 22 de septiembre de 2012

Lactancia materna en el Thyssen


Una familia acudió al Museo Thyssen de Madrid para visitar la exposición de Edward Hopper. En la entrada, se le comunicó que no podía entrar mientras amamantaba a su bebé de ocho meses, algo que hacía discretamente desde una mochila portabebés. Se le informó de que el museo dispone de salas de lactancia, que podía hacer uso de ellas y ver la exposición más tarde.

A raíz de este incidente se puso en marcha, de nuevo, la maquinaria social de la tribu maternal cuyo punto de encuentro es internet, las mismas que hicimos la Revolución de las Rosas cuando se publicaron aquellas viñetas ofensivas, las que luchamos contra la violencia obstétrica, las que nos seguimos moviendo para que Domenic vuelva a casa, las que intentamos que se legalicen las escuelas libres y los hogares educadores.

Aquella madre en cuestión, remitió una educadísimas carta a la señora baronesa, dueña del museo y conocida, entre otras cosas, por su simpatía hacia las causas humanitarias y naturales. El Club Lions Gijón la premió con el Melvis Jones por “su apoyo al acceso público de un impresionante patrimonio artístico y por su solidaridad y su filantropía demostradas en múltiples causas humanitarias”. ¿Y se acuerdan de cuándo se encadenó a los árboles del Paseo del Prado y de Recoletos para evitar que fueran talados? Alguien que se encadena por unos árboles y que, además y por encima de todo, es madre, no puede ser insensible ante un hecho tan natural, necesario y beneficioso como es la lactancia materna.


El caso es que se organizó una tetada enfrente del museo y la madre afectada le remitió esa carta que les comento a la Baronessa. Recibió una muy formal por parte del museo en el que se disculpaban y aclaraban el malentendido: “quisiera hacerle llegar nuestro agradecimiento por su comentario, rogándole, a su vez, que nos disculpe por el grave error cometido por nuestro trabajador al impedirle acceder a las salas amamantando a su hijo, ya que no existe tal prohibición en nuestro Museo. Únicamente debíamos haber trasmitido que, para su comodidad el Museo dispone de una sala específica en la que Vd. podría dar el pecho a su hijo en la más absoluta tranquilidad y comodidad, como entendíamos requería ese momento, pero en ningún caso negarle el acceso a las salas y mucho menos utilizando los argumentos que hemos visto reflejados en su escrito”.

Se agradece no sólo el detalle de haber respondido y de haberse disculpado sino, también, la política que al parecer tiene el lugar acerca de la lactancia materna. Porque está muy bien disponer de salas específicas para las madres que quieran retirarse y tener cierta intimidad y tranquilidad mientras amamantan a sus hijos. Pero no está tan bien que algunas personas, en algunos lugares, pretendan obligar a hacer uso de dichas salas, condenando a cierto ostracismo social a las madres lactantes y consiguiendo que algunas lleguen a avergonzarse por ello.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Corre, Lola, corre





Cada cosa que hacemos, por insignificante que parezca, afecta a nuestro presente, a nuestro futuro y a las vidas de otras personas. La mayoría de las veces ni siquiera llegamos a saber a quién ha afectado algo que hemos hecho o dicho, ni en qué medida les ha afectado. La película de la que he tomado prestado el título para este artículo, protagonizada por Franka Potente, nos muestra varios ejemplos de cómo las vidas de varias personas pueden cambiar (para bien o para mal) en sólo décimas de segundo.
A pesar de saber que esto sucede, normalmente seguimos viviendo y actuando de un modo bastante inconsciente. Como las madres que han estivillizado a sus hijos y quieren creer que “no pasa nada”, porque prefieren no pensar en las consecuencias negativas que a medio o largo plazo puede tener este hecho sobre sus hijos, y prefieren quedarse solamente con el hecho de que, efectivamente, sus hijos han “aprendido” a dormir y ya no les dan la brasa por las noches. O como los padres de niños que han sufrido acoso escolar pero no les han cambiado de centro ni les han desescolarizado porque con eso “no se soluciona el problema”. Obviamente, no se soluciona el problema que padece el sistema, pero sí podrían evitarse mayores males para sus hijos.

Caroline Myss y Erin Pavlina cuentan varias historias sobre personas que, sin saberlo, han salvado la vida a desconocidos y nos instan a hacernos conscientes de que todos estamos conectados de un modo o de otro. Pero, sin necesidad de irnos tan lejos, podemos empezar por hacernos conscientes del efecto positivo que podemos tener sobre las personas a las que tenemos más cerca. Y del negativo. Por ejemplo, sobre nuestros hijos.


Escribo esto el 15 de septiembre, cuando se celebra el Día Internacional por la Libertad Educativa. Esta celebración se centra, sobre todo, en la educación sin escolarización. Dado que muchos padres desescolarizan para evitar que sus hijos sigan sufriendo las consecuencias negativas de una escolarización inadecuada, por no ver cubiertas sus necesidades educativas especiales (sean éstas cuáles sean) o para evitar que sigan siendo víctimas de acoso escolar, quiero con este escrito rendirles un pequeño y modesto homenaje. Un homenaje merecido por no conformarse con seguir la corriente, por haber tenido la lucidez de darse cuenta del daño que se estaba infligiendo a sus hijos, por no permitir que continúen siendo víctimas mientras tratamos de arreglar este decrépito sistema. Porque es cierto que hay mucho por cambiar dentro del sistema, y es cierto que no se arregla sacando a los niños. Pero sí es cierto que, a veces, la única manera de salvar a nuestros hijos es alejándolos de las aulas y devolviéndolos adónde pertenecen, a sus hogares. Al niño superdotado que fue (o iba camino de ser) “fracaso escolar”; a la niña con una enfermedad crónica a la el centro escolar no permitía medicarse si no era en presencia de sus padres; a la niña que sufrió el incomprensible acoso de sus compañeros; al niño que fue drogado legalmente tras un diagnóstico erróneo de déficit de atención. A todos ellos sus padres les salvaron la vida cuando decidieron que hasta ahí podían llegar. Mientras tanto, que sigan discutiendo sobre los 3 euros por tupper quienes crean que ése es su mayor problema.


jueves, 6 de septiembre de 2012

Qué aprendimos en el Orient Express






Cuando era más joven y más ingenua creía en la justicia. Creía en el estado de Derecho, en la separación de poderes, en la tutela judicial efectiva y en todas las pamplinas que nos contaron en la Facultad de Derecho.

Después salí de la burbuja de la Universidad al mundo real. Empecé a pisar juzgados y a ver cómo eran realmente las cosas. Recuerdo el despacho en el que tres magistrados de la Audiencia Provincial de Barcelona trabajaban hacinados. Cuando entré, uno de ellos me miró casi con vergüenza y se encogió de hombros, como diciendo “es lo que hay”. Así no se puede trabajar, pensé. Claro, luego salen las sentencias como salen. Por los recursos materiales que tienen, fruto de una pésima gestión, y por el aún peor sistema normativo que deben aplicar. Un sistema confuso, intrincado y excesivo. Padecemos una acentuada inflación legislativa: hay demasiadas leyes y están demasiado mal hechas. Los procesos contra homeschoolers son un claro ejemplo de la inseguridad jurídica que hay en este país. El caso Bolinaga es otro. Unos dicen que la excarcelación no sólo es legal sino que, de no hacerlo, el Gobierno estaría prevaricando. Otros dicen que es legal pero no obligatoria. Otros, que es claramente ilegal. Lo peor es que, con la debida ley en la mano, probablemente todos tengan razón.

Y luego están todas esas víctimas que no han tenido justicia. Madeleine y Yeremi, por ejemplo, que no se sabe si están vivos o muertos ni dónde están. O Marta del Castillo. O Ruth y José, que ya veremos en qué acaba el juicio, si lo hay, pero que no van camino de que se les haga justicia. ¿Y qué pasa cuando el Estado, que se supone es el garante de tus derechos, te deja en la estacada? Pues que estás incompleto, claro. Si no han leído ustedes la deliciosa novela de Agatha Christie “Asesinato en el Orient Express”, les recomiendo encarecidamente que la lean. O, mejor, vean la adaptación televisiva dirigida por Philip Martin y protagonizada por David Suchet. No se pierdan la magnífica escenificación de la crisis moral del detective Hercule Poirot en el clímax de la historia. ¿Es lícito que las víctimas inocentes de un crimen se tomen la justicia por su mano después de que el sistema judicial se la denegara? “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, dicen las Escrituras. Y nosotros, Sr. Poirot, estábamos libres de pecado”, dice una de las protagonistas. Estaban libres de pecado y se sentían incompletos porque la justicia les había sido denegada. Así que decidieron actuar.

El Estado tiene la terrible tendencia de poner a la gente buena e inocente al límite. Cuando se cruza ese límite, el ciudadano honrado se convierte en pasajero del Orient Express: se siente incompleto porque la justicia le ha sido denegada. En semejantes circunstancias, incluso el alma más bondadosa piensa en tomarse la justicia por su mano.  ¿Quién no ha querido alguna vez acabar con aquél joven asesino que nunca dijo dónde estaba el cuerpo de la víctima? ¿O con aquél padre que mató a sus hijos? ¿O con aquél terrorista, raptor y carcelero, que pudiera ser excarcelado por extraños motivos humanitarios? ¿O con aquél convecino pederasta al que todos saben criminal y que, sin embargo, vive libre entre sus víctimas?




viernes, 31 de agosto de 2012

Ralph K. Swanson (1926-2012)




A sus 84 años, el veterano de la Segunda Guerra Mundial, Ralph Swanson, contactó conmigo vía Facebook para proponerme que colaborara con la Organización Liberal Internacional, dada mi condición de abogada y defensora de la libertad educativa en todas sus formas. Tras dos años de contactos y colaboraciones, el pasado mes de agosto seformalizó mi ingreso en la organización, en calidad de consejera y en sustitución de la también abogada Geraldine Ferraro. Pocos días después, supe que Ralph había fallecido el 2 de agosto en Saint Petersburg, Florida, a los 86 años de edad.


Ralph entró en la organización de la mano de Paul Gilson y del español Salvador de Madariaga, cuando al frente de la misma se encontraba Herbert George Wells. Los miembros del Grupo han colaborado, en diversas épocas, en la promulgación del Kellog Pact y de la Declaración de las Naciones Unidas, la desactivación de la Guerra Fría y mucho más. Ralph fue el último testigo superviviente de muchas de estas acciones así como de otros importantes proyectos iniciados durante los últimos setenta años.


No encuentro mejor manera de honrar a su memoria que traduciendo sus propias palabras, en un artículo que dirigió a los liberales de Costa Rica y que tituló “Hay trabajo que hacer”.


“Entendiendo el liberalismo internacional. El liberalismo moderno es un movimiento para la mejora del mundo mediante soluciones voluntarias, basadas en los derechos y, preferiblemente, abiertas y no autoritarias. En las últimas décadas se ha dado gran importancia a las soluciones voluntarias en las administraciones públicas y los sistemas jurídicos. La Organización Liberal Internacional opera como núcleo central de una red de activistas locales en cada área de mejora, ayudando a guiar, mejorar e inspirar las actividades, tanto a corto como a largo plazo. Tras empezar a principios de los años setenta con pocas personas en pocos lugares, para el año 2005 ya había grupos liberales modernos en muchos territorios y prácticamente en todos los países. Hemos guiado cambios masivos en la orientación pública (la ratio entre medidas fascistas y medidas liberales ha pasado del 40% y 5%, respectivamente, al 10% y 30%), colaborando a la apertura de la sociedad y revirtiendo la inclinación hacia sistemas políticos tiránicos. Por supuesto, todavía queda mucho por hacer en cuanto a los abusos al tiempo que elevamos la consciencia sobre la gran cantidad de maravillosas opciones y herramientas voluntarias que existen, desde cooperativas a mercados, universidades libres, nuevas formas de encuentro social y de espíritu empresarial. (…) Para entender el liberalismo, es necesario no confundirlo con sus aplicaciones concretas (gobierno limitado o formas de no gobierno; minarquismo, socialismo, anarco-loquesea, u otras formas de organización). ¡Todas ellas funcionan para alguien! La clave está en comprender que son herramientas para una sociedad voluntaria, proactiva, defensora de los derechos y no punitiva”.



No llegué a conocer a Ralph personalmente, pero puedo asegurar que tenía un gran sentido del deber para con la humanidad y que tenía, también, un gran sentido del humor, rasgo propio de las personas inteligentes. Descanse en paz.


viernes, 24 de agosto de 2012

Lo que los abogados (y nuestros clientes) debemos aprender de Brave




Brave (Indomable) es el título de la última película que Disney Pixar ha estrenado en España. Cuenta la historia de Mérida, una princesa que quería ser libre para escribir su propia historia. Siguiendo la tradición del lugar, el Rey convoca a los hijos de los tres Lores para competir por la mano de su hija. Las normas establecen que sólo los primogénitos pueden competir y que es la propia princesa quien elige el arma del combate. Así que Mérida, ni corta ni perezosa, decide dos cosas: una, que el arma del combate será el arco (cuya técnica ella misma domina espectacularmente); y dos, que ella, que también es primogénita en su casa, competirá por su propia mano. Por supuesto, Mérida gana el combate para el desespero de su madre, la Reina (porque, si no, ya no sería una película Pixar, sino sólo una película clásica de princesas de Disney). Pero Mérida ha cumplido las normas, sólo que de un modo imaginativo y diferente a lo que los demás daban por hecho.

¿Y qué es lo que podemos aprender de esta escena? Que la justicia no es más que un juego con una reglas determinadas y que, cuanto mejor conozcamos esas reglas, mejor podremos aplicarlas en nuestro favor. Y que en cada caso del que nos ocupamos tenemos la posibilidad de reinventar el uso que le damos a las normas, sin necesidad de incumplirlas. Ahora bien, hay unos básicos que deben respetarse.

He visto a abogados penalistas y mercantilistas actuando en juicios civiles. Y perdiendo. La ética profesional (y personal) habría impuesto la necesidad de no aceptar el encargo. Es nuestro deber educar a los clientes para que sepan qué pueden esperar de cada uno de nosotros. El cliente no tiene por qué saber que un abogado penalista no le conviene para un juicio civil, aunque puede aprenderlo, como también aprendió que no le conviene pretender que el dentista le cure el cáncer.
También he visto a abogados defender a familias homeschoolers en base a los beneficios pedagógicos de esta modalidad educativa y a las graves (y evidentes) carencias del sistema escolar actual. Bien, ésta es una buena defensa para presentar en un medio de comunicación o en una ponencia de un congreso universitario, pero no ante un Juez. Ante un Juez lo que hay que hacer es darle a la legislación vigente las vueltas que hagan falta para que hable en nuestro favor. A Su Señoría no le importa que el sistema oficial haga aguas por todos lados; no le importa el posicionamiento de España en PISA y no le importa que el homeschooling refuerce enormemente el vínculo entre padres e hijos. Ni le importa ni debe importarle.

He visto a abogados repetir en juicio las técnicas y argumentaciones que fallaron en anteriores casos similares. El por qué se escapa a mi razón. Tal vez porque todavía existen abogados que sólo buscan el beneficio propio, aún a costa de la ruina de sus propios clientes. Por eso es importante que los ciudadanos se informen, que se preocupen por conocer qué debe hacer un abogado y cómo debe hacerlo, en lo que a deontología profesional se refiere. Después, apliquemos un poco de pensamiento lateral. ¿Quién dijo que la abogacía no es una profesión creativa?


viernes, 17 de agosto de 2012

Historias de terror en la piscina


Mateo sólo puede bañarse cuando su padre lo decide. Pablo sólo puede usar la piscina para practicar las habilidades nadadoras que le han enseñado durante todo el invierno en sus obligadas clases de natación. Lucía tiene que bañarse aunque le parezca que el agua está más fría que en el Polo Norte. Es agosto, están de vacaciones y tienen una piscina en casa. Pero no tienen ni voz ni voto sobre cómo y cuándo usarla.

Pablo y Nicolás juegan a tirarse juntos; de palillo, de bomba, de señor despistado, de remolino. Pero el papá de Pablo ha decidido que tiene que practicar. Le hace tirarse de cabeza, desde donde él dice, y nadar hasta la escalera más próxima. Salir y volver a tirarse. Salir y volver a tirarse. Hasta que el niño se atreve a decirle que está cansado, porque decirle que está aburrido sería una ofensa para el padre y quién sabe qué consecuencias traería semejante confesión. Así que le dice que está cansado, porque sabe que así podrá parar, y el padre empieza a contarle al socorrista lo débil que es su hijo, lo pronto que se cansa “sin hacer nada”. ¿Imaginan la humillación que debe sentir Pablo? Él en realidad no está cansado, le queda mucha energía para jugar en la piscina libremente. Pero como no le dejan hacerlo, usa la técnica que sabe que funciona para que su padre le permita no volver a tirarse para nadar hasta la escalera más próxima. Y lo hace asumiendo el riesgo de ser humillado delante de todos los demás. Porque el padre y el socorrista no están cerca el uno del otro, así que hablan a voz en grito, y todos los demás nos enteramos de lo que están diciendo. Somos testigos de la vergonzosa escena en la que un padre cree (erróneamente) que debe justificarse por la supuesta debilidad de su hijo. No sabe que los niños son tan frágiles que los podemos desequilibrar con una sola palabra. Lo que este niño ha aprendido no es natación. Lo que ha aprendido es que está bien decir cosas que no sientes para conseguir lo que quieres. Y ha aprendido que está bien burlarse de los demás ante desconocidos. Y ha aprendido que, en ocasiones, no queda otro remedio que soportar la burla. Pablo paga un precio por todos estos aprendizajes, un precio muy alto cuya moneda de cambio es su propia autoestima. La autoestima es fácil de perder y difícil de recuperar. La herida que su padre está provocando es una evidencia vergonzosa de la falta de respeto que la mayoría de los adultos tienen por los niños.

Si hay algo que define la buena crianza, ese algo es la consciencia. No es suficiente con tener buenas intenciones, ni con repetir patrones aprendidos sin antes examinarlos, no es suficiente con tener alegría (que, a veces, ni eso tienen los padres). Es requisitos imprescindible tener consciencia de lo que estamos haciendo, de quienes son nuestros hijos y de qué consecuencias (positivas o negativas) van a tener nuestros actos sobre ellos. A veces, la lección que aprenden nuestros hijos esjustamente la contraria de la que creíamos que les estábamos enseñando. Como cuando se aplica el time out y, para no llamarlo “tiempo fuera” que suena muy feo, lo llamamos “rincón de pensar”. Entonces todavía es peor, porque no sólo estamos provocando un sentimiento de abandono en el niño sino que, además y por si fuera poco, les estamos transmitiendo el mensaje de que pensar es un castigo. Esta es una idea muy peligrosa, que pensar es un castigo, que no es algo deseable.

Como también es peligroso el mensaje de que el niño no puede decidir por si mismo, ya no en cosas “importantes” sino en algo aparentemente tan simple como cuándo y cómo usar una piscina en verano. La tradicional idea de que el verano era la mejor época del año se sustentaba, no sólo en el hecho de que le buen tiempo alegra a cualquiera sino, sobre todo, en el hecho de que en verano los niños recuperábamos la libertad. ¿Les vamos a privar de este placer?


jueves, 16 de agosto de 2012

Libertarian International Organization



La web de la Libertarian International Organization hizo público ayer mi nombramiento como consejera del Grupo en sustitución de la recientemente fallecida Geraldine Ferraro. Quiero agradecer públicamene a Ralph Swanson y a Michael Gilson de Lemos la confianza depositada en mi para este cargo.

El texto completo puede leerse aquí en inglés. Publico a continuación, no obstante, un resumen libre en español para aquellos de ustedes que no dominen el idioma inglés.

La abogada Laura Mascaró Rotger sucede a la también abogada Geraldine Ferraro en el puesto de consejera del Grupo LIO (Libertarian International Organization), que media proactivamente en el diálogo por la democracia, el voluntarismo y la seguridad pública entre personalidades retiradas y jóvenes promesas, enfocando las amenazas a la humanidad con medios voluntarios.
 
La abogada, que fue candidata al Parlamento regional de las Islas Baleares, autora de temas sobre unschooling/homeschooling y crianza, releva a Geraldine Ferraro como consejera y asesora del grupo liberal internacional. 
Ferraro conoció al representante del grupo, Michael Gilson, a mediados de los años 80, durante su campaña por la vicepresidencia de los Estados Unidos y relevó  a William P. Rogers en su cargo de asesor del Grupo. Ferraro se encargó de asuntos como la igualdad de género, el debate internacional acerca del problema de la violencia doméstica, instanco a los partidos a adoptar una postura pro-derechos, así como la paz internacional y la cooperación científica en la inestable era post-comunista/fascista.
 
De Mascaró Rotger, quien recientemente participó en el Congreso Nacional de Homeschooling en España (país que, irónicamente, ha pasado de una posición favorable al homeschooling a su persecución activa, aunque parece que las tornas vuelven a cambiar, influenciando tanto a Europa como a América Latina), se espera que ayude a lograr la legalización del homeschooling como factor clave del nuevo concepto de familia moderna y no abusiva, entre otros objetivos.
El Grupo deriva de un proyecto que pretendía que los abogados de distintos países trabajaran conjuntamente para conseguir que la legislación internacional fuera efectivamente independiente de cualquier aparato estatal así como mediar proactivamente hacia el crecimiento de la autonomía local, iniciado originariamente por el Consejo Lemos en el siglo XVI. 
El Grupo funciona como un conjunto de redes informales e independientes para compartir experiencia, contactos y datos en asuntos de seguridad pública, y apaciguar situaciones problemáticas uniendo a las personas. Estamos sensibilizados con las tensiones paralelas entre el centralismo global o de otra índole  y el localismo provincial. Los contactos no pueden utilizarse en pro de objetivos propios o no profesionales. Los objetivos son una mejor democracia, la elección de servicio público y las normativas que bloquean las soluciones ciudadanas. Los miembros del Grupo han colaborado, en diversas épocas, en la promulgación del Kellog Pact y de la Declaración de las Naciones Unidas, la desactivación de la Guerra Fría y mucho más.



sábado, 11 de agosto de 2012

Domenic, tres años después


Hace exactamente un año les conté el extraño caso de Domenic Johansson, el niño secuestrado “legalmente” por el Estado Sueco. Les conté que la familia fue detenida y separada cuando se encontraban a bordo del avión que les iba a llevar a la India, país de origen de la madre y al que pretendían mudarse definitivamente para trabajar como misioneros laicos. Los cargos eran dos: falta de vacunación y falta de escolarización del niño. Cargos asombrosos si tenemos en cuenta que, en esa fecha, ninguna de las dos cosas era obligatoria en el país escandinavo.

¿Cómo puede un Estado detener a dos ciudadanos que no han hecho nada ilegal según las leyes vigentes? ¿Dónde quedó el principio general del derecho “no hay crimen ni pena sin ley”?

Domenic lleva tres años separados de sus padres. Las visitas fueron restringidas a una hora cada cinco semanas. Su padre se lo intentó llevar y lo encarcelaron. Su madre ha pasado varias veces por urgencias, con paros cardíacos. Han tenido pensamientos suicidas, lógicamente. La cara de Domenic ya no es la misma. Su mirada ya no es la misma. Imagino que su voz, tampoco.



En el todo poderoso Estado Sueco, admirado y envidiado por ciudadanos de otros estados que lo consideran un modelo casi ideal de “Estado del Bienestar”, se detiene a los ciudadanos que no han cometido ningún crimen, se separa a las familias ignorando el principio general del derecho por el que el interés superior del menor debe regir cualquier actuación en materia de familia, se produce un boicot mediático en la prensa nacional y, además, los tribunales tienen la extraña potestad de rechazar la actuación de un defensor manifiestamente incompetente. Obviamente, también tiene la potestad absoluta de interpretar el concepto de incompetencia a su antojo. Así, el defensor elegido por los Johansson ha sido rechazado ya en varias ocasiones. Todo lo que define y caracteriza al “Estado de Derecho” ha sido conculcado en un solo proceso. Se ha violado el interés superior del menor. Se ha impedido el derecho de defensa. Se ha negado la posibilidad de un juicio justo. Se ha ignorado el principio de legalidad. Se ha boicoteado la libertad de información.

En junio de este año, el tribunal declaró que la custodia no se les podía retirar de forma definitiva, así que aún hay esperanza para que Domenic sea devuelto a donde pertenece. Lamentablemente, ésta es la única alegría que han tenido en los largos tres años de secuestro institucional.


El abandono ha sido absoluto. Sólo el movimiento ciudadano a través de las redes sociales ha hecho posible que se conozca el extraño caso de Domenic y que sus padres se sientan apoyados. Mientras tanto, en algunos lugares de Europa, miles de ciudadanos piden más poder para el Estado, más servicios públicos, más prestaciones, más “derechos” reconocidos. ¿Cuándo pediremos más libertad? ¿Cuándo exigiremos que nos devuelvan la soberanía individual? ¿Cuándo dejaremos de desconfiar del prójimo? Toda esa gente que no ha querido saber nada de los Johansson porque “algo habrán hecho” debería preguntarse por qué si realmente hay “algo más” ningún representante del Estado Sueco ha hecho ninguna declaración al respeto; y por qué, incluso aunque hubiera algo más, existe tal grado de pasividad ante la inobservancia de los principios que configuran el Estado “democrático” y “de Derecho”. Piensen un poco. Hagan algo. Cualquiera de nosotros podría ser el señor o la señora Johansson. Nuestros hijos podrían ser Domenic.


viernes, 10 de agosto de 2012

Pedid y se os dará


Comida gratis
 (mañana)

Nos hemos dejado engañar porque era más cómodo creer que lo que nos contaban era cierto, que lo hacían por nuestro propio bien. Quisimos creer que, realmente, había cosas que son gratis y que teníamos derecho a ellas sólo porque sí, por nuestra cara bonita. Pero, como dijo Heinlein, no existen los desayunos gratis.

Es tentador reclamar derechos. También es tentador tratar de eludir la libertad, porque no hay libertad sin responsabilidad y, en ocasiones, la carga puede parecer demasiado pesada. Como escribió Erich Fromm, junto al deseo innato de libertad existe un anhelo instintivo de sumisión.

Crearon (creamos) un Estado para protegernos y ahora tenemos que protegernos de nuestro supuesto protector. Peor aún, creamos diecisiete pequeños Estados que no acaban de serlo pero que tienen ínfulas de grandeza. Los que gobiernan siguen usando el mismo argumento de que lo hacen por nuestro propio bien y, en parte, tienen razón. Queríamos tener una gran cantidad de servicios públicos y gratuitos y, para mantenerlos, hay que subir el IVA y otros impuestos. Obviamente, esto es por nuestro propio bien, para que podamos tener lo que queríamos. No en vano, Jesucristo y Mahoma coinciden en una parte importante de su mensaje: pedid y se os dará. Lo que algunos no quisieron ver es que el hecho de recibir tiene unas consecuencias.

Hemos asistido impávidos a la completa perversión de la ley, aunque nos seguimos llenando la boca de palabras altisonantes como “democracia”, “voluntad popular” y, sobre todo, “derechos humanos y sociales”. Hemos sido protagonistas del aberrante espectáculo de la destrucción de nuestra libertad. ¿Cuánto tardaremos en despertar? ¿Será cierto que no estamos preparados para asumir la carga de la libertad?

Dijo el escritor Mario Vargas Llosa, en su discurso de aceptación del Premio Juan de Mariana 2012, que “nadie aprecia tanto la libertad como aquellos que, por diversas razones, se han visto privados de ella”. Lo malo es que demasiada gente aún vive en el engaño, sin ser consciente de haber sido privado de la libertad. Tal vez hemos dado ya el primer paso, que es darnos cuenta de que la crisis económica sólo era la punta del iceberg. Ahora falta por ver cuán grande es el bloque de hielo sumergido y cuánto coraje nos falta para traerlo a flote.

Dice el Corán: "Alza tu cabeza, habla y serás escuchado, pregunta y serás contestado, intercede y la intercesión será concedida". Y dice la Biblia: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe y el que busca halla y al que llama se le abrirá.Gandhi dijo: “El hombre es el producto de sus pensamientos. Se convierte en lo que piensa”.

Ahora, ¿qué pediremos nosotros, españoles de a pie? ¿Pediremos que exista, al fin, una verdadera separación de poderes? ¿Pediremos que nuestras administraciones  tengan un tamaño proporcionado? ¿Pediremos un sistema educativo fundamentado en la libertad y en el reconocimiento y aceptación de la diferencia? ¿Pediremos que dejen de quitarnos más del 40% de la riqueza que producimos? ¿O seguiremos pidiendo desayunos gratis?