domingo, 19 de febrero de 2012

La sombra de Hitler planea sobre Europa



Cuando eliges Irán como país al que exiliarte en busca de la libertad es que algo anda muy mal en el país del que te estás yendo. Si el país del que te estás yendo es Alemania, entonces es que algo anda terriblemente mal en Europa.

¿Merece ser miembro de la Unión Europea un país que continúa aplicando las leyes de Hitler? ¿Merece tener la consideración de "país avanzado" y de modelo a seguir? Alemania prohíbe y persigue duramente el homeschooling, tal como en su día lo hizo el Führer:

La juventud de hoy es el pueblo de mañana. Por este motivo, tenemos ante nosotros la tarea de inocular en nuestros jóvenes el espíritu de esta comunidad a una edad muy temprana, a una edad en la que los seres humanos aún no se han pervertido y, por tanto, no se han echado a perder. Este imperio se sostiene, y se construye a sí mismo para el futuro, sobre su juventud. Y éste nuevo imperio no le dará su juventud a nadie sino que él mismo la cogerá y le dará su propia educación. (Hitler, 1937)


Melissa Busekros fue internada en un hospital psiquiátrico hasta que cumplió los 16 años y, después, el Estado Alemán quiso cobrarle por su estancia en la institución mental. Una familia consiguió asilo político en Tennessee (Estados Unidos), otra se fue a la isla de Wight (Reino Unido), otra a Canadá y otra a Irán. Ahora, el presidente de la asociación sueca de homeschoolers ha tenido que emigrar a Finlandia porque los servicios sociales le citaron amparándose en la ley que, desde hace dos años, prohíbe el homeschooling en Suecia. Al recibir la citación, Jonas Himmelstrand mandó a su hijo de siete años a Finlandia y, luego, acudió los servicios sociales. Les preguntó si su familia podía permanecer segura en Suecia, a lo que respondieron con un categórico "no". Mientras el hijo de Himmelstrand se encuentra a salvo en Finlandia, Domenic Johansson sigue secuestrado por el Estado Sueco (ése que, supuestamente, es el modelo ideal de estado del bienestar) desde el 25 de junio de 2009.

España, de momento, está en tierra de nadie: sin una ley clara que permita ni que prohíba, pero con familias perseguidas por los servicios sociales y por los fiscales de menores. Y con un Tribunal Constitucional que se cubrió de gloria al dictar una sentencia en la que interpretó la Constitución en base a la Ley Orgánica de Educación y no al revés, como era su obligación.


La cuestión, ahora, es: ¿hacia dónde tirará el nuevo gobierno español con su anunciada reforma educativa? ¿Imitará a los países cuya legislación se inspira en los principios del III Reich?

viernes, 17 de febrero de 2012

8 balazos en el portátil






No sé en qué estaría pensando Tommy Jordan cuando grabó el vídeo y decidió colgarlo en Youtube para que el mundo entero pudiera verlo, juzgarlo y comentarlo. No sé en qué estaría pensando cuando sacó su 45 y le pegó 5 balazos al portátil de su hija. “Y uno más por tu madre”, dijo, “porque me lo ha pedido”. “Y dos más porque todavía me quedan dos balas” (ahí, pedazo de argumento).

El vídeo se hizo viral. Lógico. Y la vieja historia de “mi techo, mis reglas” o, lo que es lo mismo, “la familia no es una democracia”, hizo que el 90% de los comentaristas apoyaran al loco de Tommy Jordan.

Hannah sólo pedía un poco de dignidad. Es cierto que podía haber elegido otra forma de hacerlo, que no había ninguna necesidad de airear las miserias de su familia a los cuatro vientos (que, en el siglo XXI, no son cuatro vientos sino un muro de Facebook), que poco nos importa que su padre sea un dictador y que la trate como la madrastra a Cenicienta. Pero su deseo es legítimo. Su necesidad de recuperar (si es que alguna vez la tuvo) la dignidad inherente al ser humano es comprensible y, junto con el cóctel hormonal que supone ser adolescente, justifica plenamente que escribiera a sus padres de forma pública vía Facebook. Probablemente no tenía otra vía de comunicación con ellos. Así que entró en la red social y empezó a escribir todo lo que pensaba y lo que sentía. Que no era justo que, además de ir al instituto y hacer un montón de deberes y exámenes, al llegar a casa tuviera que hacer la comida, y la colada, y las camas de todos, y fregar. Y, encima, aguantar al tirano de su padre (que esto no lo puso, pero seguro que lo pensaba).

De acuerdo, Hannah actuó de forma impulsiva e inmadura. Pero su padre también. Y, ojo, ¿quién es el adulto aquí?

Tommy Jordan se sentó en el jardín, delante de la cámara, leyó el mensaje de su hija y, después, sacó un arma y le pegó ocho balazos al portátil. Le dijo que, si quería otro, se lo tendría que pagar ella. Eso en caso de que alguna vez le levantara el castigo, claro.

Una madre empática creó un grupo de apoyo para Hannah, donde gente de bien deja sus mensajes para ella, para que no se sienta sola ni humillada, para que sepa que tiene derecho (y obligación, añadiría yo) de rebelarse contra el energúmeno esclavista que tiene por padre. Aunque los mensajes también deberían ser para él. Para que sepa que hay otras formas de educar. Que, entre el extremo del autoritarismo (el suyo), y el extremo de la permisividad absoluta (tan común hoy en día), existen la crianza respetuosa y la disciplina positiva. Para que sepa que, lo que él haga hoy a su hija, su hija lo pagará el día de mañana. Para recomendarle que lea a Alice Miller y a Alfie Kohn y a Laura Gutman y a Naomi Aldort y a Rosa Jové. Para que se dé cuenta de lo absurdo que es lo que está haciendo, de lo peligroso que es y del riesgo que corre su hija a causa de su actitud.

Para que se dé cuenta de lo grave, de lo triste y de lo patético que es haberse ganado el apodo de “the laptop-shooting dad” (“el papá que disparó al portátil”) porque no tuvo más recursos parentales que la inercia de sucumbir a la ira provocada por la humillación de haber sido desafiado en público por su propia hija.

sábado, 11 de febrero de 2012

Lactancia: censurada



Facebook censura de sus páginas aquellas fotos que muestren a madres amamantando a sus hijos porque las considera ofensivas.

Leslie Power
La chilena Leslie Power, psicóloga clínica especializada en desarrollo infantil y líder del movimiento por un postnatal íntegro de seis meses, fue la primera víctima conocida de esta censura. La compañía de Mark Zuckerberg no sólo censuró sus fotos sino que eliminó por completo su cuenta en la red social.

El grupo de apoyo a la lactancia materna, The Leaky Boob, también vio censurada su página en Facebook. Y muchas madres han tenido que retirar las fotos en las que amamantan a sus hijos.



Eso sí, millones de adolescentes (y de adultas) cuelgan en sus muros fotos en las que el decoro brilla por su ausencia y en las que, en ocasiones, se aprecia más parte del pecho que en las fotos de lactancia.

Las mujeres se han organizado para protestar contra la censura de la lactancia en Facebook. Han creado grupos dentro de la propia red social; el más famoso, uno llamado “Hey, Facebook, breastfeeding is not obscene” (“Hey, Facebook, la lactancia materna no es obscena”); han acordado un día en el que cambiar masivamente las fotos de perfil por fotos de lactancia; y, finalmente, el pasado día 6 de febrero, organizaron una protesta mundial ante las sedes de la compañía en diversas ciudades.

Sin embargo, hasta donde alcanza mi conocimiento, Facebook es una empresa privada y tiene derecho, por tanto, a establecer las normas de uso y etiqueta que considere adecuadas. Que la mayor parte de la población mundial (sobre todo la femenina) considere que algunas normas no son en absoluto adecuadas no tiene por qué afectar a quienes las establecen. La censura de las fotos de lactancia únicamente pone de manifiesto la profunda ignorancia de los responsables de esta empresa. Y, aunque resulta loable que algunas mujeres, que se han sentido ofendidas y atacadas, se organicen para intentar cambiar esa absurda norma, es del todo inadecuado que lo planteen en términos de reivindicación de derechos. Se puede reivindicar (como se ha hecho cuando ha sido necesario) el derecho a amamantar en lugares públicos. Pero no se puede reivindicar el derecho de colgar fotos de lactancia (o de cualquier otro tipo que se hubiera prohibido) en un lugar, físico o virtual, que es una propiedad privada, porque no existe semejante “derecho”.

Escribo esto desde mi absoluto rechazo a la censura de las fotos de lactancia en Facebook (o en cualquier otro lugar) y desde mi más profundo respeto hacia las mujeres que han asumido una actitud activista para mostrar su disconformidad y tratar de conseguir que los responsables de Facebook cambien su criterio.

Pero insisto en que esta lucha no debería plantearse en términos de derechos violados. Lo que deberían hacer las mujeres que se hayan sentido gravemente ofendidas es exponer su punto de vista a Facebook mediante una comunicación formal (no mediante una manifestación a las puertas de sus oficinas) y, en caso de que la empresa no cambie su decisión, dar de baja sus cuentas en la red social. Nadie está obligado a ser usuario de Facebook. Estamos allí voluntariamente y, cuando abrimos nuestras cuentas, dijimos haber leído y aceptado los términos de uso (lo cual no era cierto, porque nadie lee realmente los términos de uso en internet). Quien no esté dispuesto a aceptarlos, y no consiga hacerlos cambiar, lo que debería hacer es dejar de ser usuario de ese sitio.

Mark: aprende de Leonardo