viernes, 2 de marzo de 2012

La Luna Azul


En el País de los Pitufos, durante las noches de Luna Azul, la cigüeña deposita un bebé pitufo en el poblado para que la comunidad lo cuide. En una sociedad en la que cada uno conoce y asume su función, el bebé obtiene todos los cuidados que necesita. Incluso el Pitufo Gruñón acaba por colaborar y por disfrutar de la presencia del bebé.

Cuando, en una ocasión, la cigüeña volvió con una carta en la que se indicaba que se había cometido un error y que debían enviar al bebé pitufo de vuelta, los pitufos se rebelaron porque, como expuso Pitufina en su carta de queja, “arrebatar a un bebé de una familia que ya lo ama es malvado, perverso y horrible”.




En el mundo de los humanos, en cambio, las cosas son harto distintas. Leí que, en Cataluña, el 0,6 % de losmenores adoptados son devueltos por las familias a las instituciones. Este porcentaje se traduce en un total de 72 niños devueltos durante los últimos diez años. La mayoría de ellos eran mayores de diez años y/o extranjeros.

Este dato ha llevado a la Generalitat a tomar la decisión de modificar los criterios a tener en cuenta para otorgar la idoneidad a las familias que quieren adoptar. "Si una persona elige adoptar debe ser consciente de que su decisión es muy importante y de que su hijo será como uno biológico", dijo el Conseller.

Ahora bien, si de los más de siete mil niños que actualmente están bajo la tutela de la Generalitat sólo 72 provienen de familias adoptivas, eso significa que unos siete mil provienen de sus familias biológicas. Siete mil frente a setenta y dos. Y a la Generalitat sólo se le ocurre endurecer los requisitos para adoptar. Los padres adoptivos suelen ser mucho más conscientes de lo que su decisión implica que muchos de los padres biológicos que se quedan con sus hijos aunque no los cuiden como es debido, o que los tuvieron sin desearlos, sólo porque “vinieron” o porque era “lo que tocaba”.
Éste es el reflejo de una sociedad que ha crecido con el convencimiento de que los propias acciones no tienen consecuencias o que, si las tienen, siempre nos quedará el Papá Estado para hacerse cargo de nuestros embrollos. Es fácil quejarse de los adolescentes que tenemos y no reflexionar sobre la educación que les hemos dado. ¿Qué tipo de crianza habrán dado a sus hijos esos padres que, cuando llega la adolescencia, no son capaces de seguir conviviendo con ellos y deciden dárselos al Estado para que se haga cargo de ellos?

En el mundo de los humanos no tenemos claro cuáles son nuestras funciones. Hemos creado una sociedad en la que no caben los niños y, por eso, muchos padres se ven sobrepasados por la necesidad de coordinar sus responsabilidades laborales con las familiares. Y la única “ayuda” que nos da el Estado consiste en construir centros de menores y escuelas en los que recluir a nuestros hijos cuando nos veamos incapaces de seguir cuidando de ellos como es debido.