sábado, 24 de marzo de 2012

Sin mejores amigos





¿Qué habría sido de Tom sin Huckleberry Fynn, de Heidi sin Clara, de Harry Potter sin Ron o de Calvin sin Hobbes?

Me lo preguntaba mientras leía un artículo, publicado en el New York Times, titulado “¿Un mejor amigo? ¡Debes estar bromeando!” en el que se dio a conocer la creciente tendencia que se da en los colegios de separar a los niños de sus mejores amigos. Según los supuestos expertos escolares que recomiendan esta práctica, no es bueno que los niños tengan un mejor amigo sino que deben jugar todos juntos. El objetivo, dicen, es evitarles un hipotético trauma de separación. A lo que contribuyen, en realidad, es a provocarles ese trauma innecesariamente y, en todo caso, antes de que se dé de forma espontánea y natural, si es que hubiera llegado a darse. Eso sin contar con el comprensible efecto colateral de enfado hacia los profesores responsables.

La mejor enseñanza que podemos dar a nuestros niños es permitirles aprender a tomar decisiones conscientes. Es lo único que realmente les será útil a lo largo de su vida, mucho más que cualquier tabla de multiplicar o que la memorización de cualquier dato que pueden encontrar fácilmente con un solo click en internet. Pero, para aprender a tomar decisiones conscientes, el único método válido es el de ensayo y error, con el acompañamiento sin interferencias de los adultos más cercanos que, normalmente, serán los padres y los profesores.

La educación emocional pasa, necesariamente, por las vivencias personales; para aprender a gestionar las emociones hay que sentirlas y procesarlas, no evitarlas. Si, además, quien asegura querer evitarles a los niños un trauma de separación lo hace separándolos de aquéllos con quienes los niños han elegido estar, el dolor provocado por la ruptura tendrá peores consecuencias que si ésta se hubiera dado de forma natural.

 
"Estoy rodeado de ángeles, los llamo "mis mejores amigos"
Pretender obligar a los niños a ser amigos de todo el mundo es una hipocresía y una desconsideración absoluta hacia la individualidad de ese niño. Es tan perverso como obligarles a compartir todos sus juguetes. ¿Acaso somos los adultos amigos de todo el mundo? No, porque a lo largo de la vida hemos aprendido a seleccionar en base a diferentes criterios a las personas con las que estamos dispuestos a compartir nuestro tiempo. ¿Acaso prestamos nuestras cosas –nuestro coche, nuestra casa, nuestro dinero- a cualquiera que nos lo pida sólo porque “hay que compartir”?

Russel Hobby, secretario general de la Asociación Nacional de Directores (del Reino Unido), lo expresó muy claramente: “No creo que sea inteligente, pero ocurre. Para mí es algo inquietante. No comprendo cómo pretenden evitar que las personas entablen amistades íntimas entre sí. Hacemos amigos y los perdemos a lo largo de nuestras vidas: es algo natural”.

De hecho, según una encuesta realizada en los Estados Unidos entre jóvenes de 8 a 24 años, el 94% aseguró tener un mejor amigo. El grado de aberración de las teorías de determinados “expertos escolares” aumenta a pasos agigantados. La pregunta es: ¿qué tipo de problema personal están proyectando sobre los niños estos “expertos escolares” que fomentan la política de separación de los mejores amigos?



2 comentarios:

Georgina Angeles dijo...

Es tan incrongruente exigir a los niños, lo que nosotros como adultos no estamos dispuestos a hacer...

Muy buena aportación, Laura!!

Alexia Stark dijo...

En serio, yo alucino cuando leo este tipo de cosas... como se les puede ocurrir semejantes barbaridades? "Para evitarles futuros posibles traumas?" o mejor dicho "para que no molesten o hablen con su amigo en clase"?
Decisiones absurdas como esas me hacen pensar cada vez más en serio en el Homeschooling.