sábado, 28 de abril de 2012

Plataforma por la Libertad Educativa - Presentación



Pero fue llegando gente que tenía otro tipo de problemas relacionados con la libertad educativa, así que decidimos ampliar nuestros objetivos y, por tanto, nuestro ámbito de actuación. Muchos padres de niños con necesidades educativas especiales acudían a nosotros en busca de apoyo, para hacer frente a la dejadez de algunos centros escolares para con sus hijos. En cualquier circunstancia, hay que adaptar los medios aplicables a las necesidades concretas. La igualdad no consiste a tratar a todo el mundo igual. Tratar del mismo modo a los que son diferentes, a los que tienen necesidades distintas, es discriminación.

Cuando un niño tiene alguna dificultad de aprendizaje, la obligación del centro escolar es proporcionarle los medios que hagan falta para paliar esa dificultad.  ¿En qué país se tolera que los niños con dificultades de aprendizaje sean dejados atrás? Entre otros, en España. ¿En qué país se da la vergonzosa situación de tener a centenares de niños con altas capacidades engrosando las listas de fracaso escolar? Entre otros, en España. ¿En qué país se admite que un centro escolar no acepte una baja médica certificada por un profesional colegiado recomendado la escolarización parcial o la escolarización en casa de forma temporal? De nuevo, entre otros, en España. El mismo país que criminaliza una práctica milenaria y natural, tan antigua como la misma Humanidad, que es educar a los propios hijos en el seno de la familia. No importa que haya evidencias más que suficientes para defender esta opción educativa.

Dice el refrán que quien calla, otorga. Yo pienso que quien calla, en realidad, no dice nada. Y no decir nada, en ocasiones, es mucho peor que otorgar. Así que, finalmente, los que no nos queremos callar nos hemos organizado. Los que queremos educar en casa; los que quieren hacer flexi-schooling (escolarización parcial); los que quieren escolarizar a distancia; los que quieren escolarizar pero sin deberes, sin que el libro de texto y la clase magistral sean el único recurso admitido, sin castigos, con otras formas de evaluación más allá de los exámenes estandarizados, sin materias limitadas por el horario, con enseñanza fractal; los que no quieren imposiciones curriculares; los que no admiten que el Estado pretenda dar una enseñanza moral a sus hijos; los que han visto cómo sus hijos sufrían acoso escolar por parte de otros alumnos o de los propios profesores. Y un, por desgracia, largo etcétera. Mientras los políticos discuten por los recursos económicos, por añadir o quitar dos horas lectivas y por la ratio alumno/profesor por aula, nuestros hijos pagan las consecuencias de su ceguera auto-inducida. No creo que sean unos ignorantes que no son capaces de detectar la raíz del problema. Creo que son unos malvados a los que no les interesa aplicar soluciones. Porque ellos mismos son la raíz del problema. Ellos, y todos los padres que han callado durante tanto tiempo y que seguirán callando porque sus ocupadísimas vidas de adultos les han creado la necesidad de disponer de un parking infantil a tiempo completo, aún a costa del bienestar de sus propios hijos.


viernes, 20 de abril de 2012

La tercera lección



El año pasado, el multimillonario Pether Thiel (co-fundador de Paypal y uno de los primeros inversores de Facebook) ofreció 100.000 dólares americanos a 20 jóvenes menores de 20 años que le presentaran un proyecto empresarial. El único requisito que les exigió, además de la edad, fue que dejaran sus estudios universitarios para dedicarse a tiempo completo al desarrollo de sus proyectos.

La idea no parece descabellada si tenemos en cuenta que personalidades como Mark Zuckerberg, Steve Jobs y Bill Gates dejaron la universidad para dedicarse a sus propias empresas; que Albert Einstein y Sir Isaac Newton fueron parte de lo que hoy se denomina “fracaso escolar”; que a Galileo le tomaron por demente por atreverse a cuestionar las creencias de su época.

Y es que el sistema educativo ha tomado una deriva absurda y se ha rendido ante el currículum; se centra en el conocimiento académico cuando debería centrarse en el pensamiento y en la acción. ¿Por qué alguien indeterminado puede decidir, desde un despacho ministerial, qué cosas deben aprender los niños, y cuándo, cómo y dónde deben aprenderlas? ¿Por qué les hemos dado este poder y nos hemos sometido a él, nosotros y nuestros hijos, condicionando nuestras vidas, tal vez para siempre? Porque hemos interiorizado la tercera lección del maestro John Taylor Gatto: “someterás tu voluntad a una cadena de mando pre-establecida”.

Lo hemos hecho. Hemos sometido nuestras voluntades a un poder predeterminado por otras personas. Por eso la sociedad se escandaliza cuando un multimillonario incita a los jóvenes a dejar sus estudios universitarios; por eso, cuando la gente conoce a unos padres que educan en casa, lo primero que objeta es “¡pero no podrá sacarse el título de la ESO!” Como si un título garantizara que se tienen unos conocimientos, unas habilidades o una capacidad para triunfar en la vida. Como si las colas del inem no estuvieran llenas de licenciados universitarios.

Por si tienes ustedes curiosidad, les dejo aquí las siete lecciones de John Taylor Gatto:

  • La primera lección que enseño es: quédate en la clase a la que perteneces.
  • La segunda lección que enseño a los niños es a conectarse y desconectarse como un interruptor.
  • La tercera lección que os enseño es a someter vuestras voluntades a una cadena de mando predestinada.
  • La cuarta lección que enseño es que sólo yo determino qué currículum vais a estudiar.
  • En la quinta lección enseño que tu autoestima debe depender de la vara de medir de un observador.
  • En la sexta lección enseño a los niños que están siendo observados.
  • La séptima lección que enseño es que no te puedes esconder.


John Taylor Gatto ejerció de maestro durante treinta años. Obtuvo el Premio al Maestro del Año de la ciudad de Nueva York en tres ocasiones, el Premio al Maestro del Año del Estado de Nueva York y el Premio a la Excelencia Alexis de Tocqueville por la promoción de la libertad educativa. Cuando se retiró, publicó un artículo titulado “I quit, I think” en el que decía, literalmente, que no quería seguir “haciendo daño a los niños para ganarse la vida”. Desde entonces, se dedicó a dar conferencias y a escribir sobre la educación y la escolarización.

viernes, 13 de abril de 2012

Froilán, Jeremy y Johnny




"Oh, !qué bayoneta más grande tienes!" -
Al encontrar a Caperucita Roja bien protegida, el lobo pidió más control sobre las armas. -
La prohibición de las armas hace que sólo proporciona más seguridad a los depredadores.



Felipe Juan Froilán se pegó un tiro en el pie y la gente se echa las manos a la cabeza porque, como dijo la Defensora del Pueblo, “las escopetas no son para los niños”.

En una sociedad en la que la tenencia de armas no está prohibida, los padres que deciden tenerlas suelen enseñar a sus hijos qué es un arma y cómo y por qué debe o no debe usarse. En cambio, en una sociedad en la que las armas están prohibidas (y, además, mal vistas) lo que sucede es que la gente no realiza un aprendizaje adecuado sobre su uso y, por tanto, se eleva el riesgo de accidente. Tal vez esto fue lo que le pasó a Froilán. Tal vez su padre quería enseñarle a usar un arma pero tuvo que hacerlo a escondidas porque la legislación española no lo permite. Con la legislación española lo único que se consigue es que los delincuentes estén armados y los demás estemos indefensos. Y que los niños no aprendan a usarlas adecuadamente.


En otros países las cosas no son así, y a los niños se les enseñan cosas realmente importantes para la vida real. Como conducir un automóvil o realizar técnicas de primeros auxilios.

En Estados Unidos, el conductor de un autobús escolar sufrió un ataque cardíaco mientras llevaba a los niños a la escuela. Por suerte, los niños supieron reaccionar: Jeremy Wuitschick cogió el volante, lo giró a la derecha y quitó las llaves del contacto. “Sabía que probablemente no llegaría al pedal del freno porque el autobús es muy grande y había leído un libro de superhéroes en el que se paraba un bus quitando las llaves del contacto”, declaró. O sea, que Jeremy sabe conducir porque sus padres le han enseñado cómo hacerlo; además, supo reconocer el infarto que sufría el conductor; y, por si fuera poco, calculó que con su estatura no llegaría a los pedales y decidió aplicar un conocimiento adquirido leyendo cómics. Mientras tanto, un niño llamó al número de emergencias (911 en Estados Unidos) y otro, Johnny Wood, practicó la reanimación cardiopulmonar al conductor.

Johnny y Jeremy

En España no se enseña a los niños a conducir, ni a reconocer síntomas de enfermedades graves, ni mucho menos a practicar una RCP porque, supuestamente, sólo los adultos están capacitados para hacerlo. Sin embargo, un estudio desarrollado porinvestigadores australianos en 2009 puso de manifiesto que  es el índice de masa corporal, y no la edad, el factor principal para conseguir la adecuada profundidad de las compresiones de la RCP y la cantidad de exhalaciones de aire. Eso significa, según los investigadores, que un niño de nueve años fornido puede ser tan capaz de hacer RCP como un niño mayor.

Me pregunto cómo habría terminado la historia si el suceso del autobús escolar hubiera tenido lugar en España. No sé si los niños habrían sabido reconocer lo que le pasaba al conductor; ni si habría sabido a qué número llamar (tal vez ni siquiera hubieran llevado un móvil encima, porque algunos colegios los prohíben); ni si habrían sabido cómo parar el autobús; ni si habrían sabido cómo atender al conductor. Porque en España casi todo está prohibido y, además, no confiamos en los niños.


viernes, 6 de abril de 2012

Física o Química





En 2008, Carlos Montero creó una serie titulada “Física o Química” ambientada en un colegio privado de Madrid. Para que se hagan una idea del argumento, si no lo conocen, el resumen de la serie empieza así: “a comienzo de septiembre una joven de 26 años conoce a un chico a la salida de una discoteca. Él es bastante joven, 19 años, dice, pero, a pesar de la diferencia de edad, pronto surge una atracción y acaban acostándose. A los dos días, la joven empieza en su nuevo trabajo como profesora y allí descubre que el chico con el que se acostó es uno de sus alumnos... y que es menor de edad”

“Física o Química” fue un gran éxito en España, si tenemos en cuenta que se grabaron y emitieron 7 temporadas. La cadena italiana Rai 4 decidió emitir la serie en su país pero, finalmente, ésta fue censurada después de que el periódico conservador Libero Quotidiano dedicara varios artículos a descalificar a la serie. "La esfera sexual se hace pública hasta la náusea", escribió Francesco Borgonovo. "La serie nace en la España de Zapatero y encarna sus ideales: libertad es igual a ausencia de reglas". Al parecer, el director de la Rai llamó al periódico y los insultó llamándolos “fascistas” por su intento de censura. Así que Carlo Freccero, el director de la cadena, fue suspendido de empleo y sueldo durante diez días por motivos disciplinarios por haber faltado Freccero a la obligación de «corrección y buena fe» que le exige el reglamento disciplinario del ente público, según informa ABC.


Dejando de lado el hecho de la censura, que siempre es reprobable porque indica una actitud paternalista y una absoluta falta de respeto hacia la libertad individual, aquí la cuestión de fondo consiste en determinar por qué a tantos jóvenes (y no tan jóvenes) españoles e italianos les ha enganchado esta serie. Por qué les gusta ver una historia en la que alumnos y profesores mantienen relaciones sexuales (y también sentimentales) unos con otros, heterosexuales y homosexuales, en la que determinadas actitudes y prácticas son revestidas de un carácter de absoluta normalidad, en la que no existe el respeto a la autoridad del profesor (¿tal vez porque ya no existe tal autoridad?) y a la que, en definitiva, subyace el relativismo como código moral. ¿Les gusta porque refleja sus propias vidas? ¿O les gusta, precisamente, porque muestra lo que sus vidas no son y no serán?


El problema de la censura es que quienes la promueven no se esfuerzan por responder a estas cuestiones. No saben por qué la serie gusta a un sector de la población y desagrada profundamente a otro. Tal vez tengan miedo de que las conductas reflejadas en la serie se conviertan en modelos a seguir en la vida real. Pero, entonces (y he aquí uno de los principales problemas de la censura), ¿por qué no censurar también las películas de terror, en las que salen asesinatos, violaciones y todo tipo de hechos crueles e inhumanos? Y, si lo que vemos en la tele es potencialmente un modelo a seguir, ¿por qué no censurar también las películas de superhéroes? No vaya a ser que algún telespectador crea que tiene superpoderes…

Cuando uno empieza a censurar cosas (las que sean) inevitablemente se encontrará con el dilema de dónde poner los límites a su propia censura. El afán por controlar las vidas de los demás parece ser adictivo y siempre creciente. ¿Quieres reglas? Ponlas en tu vida, pero no trates de imponérselas a los demás. Sería más justo y coherente dejar que cada uno elija por sí mismo. Para eso se inventó el mando de la tele. Para cambiar de canal –o apagarla- cuando pongan Física o Química o Sálvame. O para subir el volumen.