sábado, 11 de agosto de 2012

Domenic, tres años después


Hace exactamente un año les conté el extraño caso de Domenic Johansson, el niño secuestrado “legalmente” por el Estado Sueco. Les conté que la familia fue detenida y separada cuando se encontraban a bordo del avión que les iba a llevar a la India, país de origen de la madre y al que pretendían mudarse definitivamente para trabajar como misioneros laicos. Los cargos eran dos: falta de vacunación y falta de escolarización del niño. Cargos asombrosos si tenemos en cuenta que, en esa fecha, ninguna de las dos cosas era obligatoria en el país escandinavo.

¿Cómo puede un Estado detener a dos ciudadanos que no han hecho nada ilegal según las leyes vigentes? ¿Dónde quedó el principio general del derecho “no hay crimen ni pena sin ley”?

Domenic lleva tres años separados de sus padres. Las visitas fueron restringidas a una hora cada cinco semanas. Su padre se lo intentó llevar y lo encarcelaron. Su madre ha pasado varias veces por urgencias, con paros cardíacos. Han tenido pensamientos suicidas, lógicamente. La cara de Domenic ya no es la misma. Su mirada ya no es la misma. Imagino que su voz, tampoco.



En el todo poderoso Estado Sueco, admirado y envidiado por ciudadanos de otros estados que lo consideran un modelo casi ideal de “Estado del Bienestar”, se detiene a los ciudadanos que no han cometido ningún crimen, se separa a las familias ignorando el principio general del derecho por el que el interés superior del menor debe regir cualquier actuación en materia de familia, se produce un boicot mediático en la prensa nacional y, además, los tribunales tienen la extraña potestad de rechazar la actuación de un defensor manifiestamente incompetente. Obviamente, también tiene la potestad absoluta de interpretar el concepto de incompetencia a su antojo. Así, el defensor elegido por los Johansson ha sido rechazado ya en varias ocasiones. Todo lo que define y caracteriza al “Estado de Derecho” ha sido conculcado en un solo proceso. Se ha violado el interés superior del menor. Se ha impedido el derecho de defensa. Se ha negado la posibilidad de un juicio justo. Se ha ignorado el principio de legalidad. Se ha boicoteado la libertad de información.

En junio de este año, el tribunal declaró que la custodia no se les podía retirar de forma definitiva, así que aún hay esperanza para que Domenic sea devuelto a donde pertenece. Lamentablemente, ésta es la única alegría que han tenido en los largos tres años de secuestro institucional.


El abandono ha sido absoluto. Sólo el movimiento ciudadano a través de las redes sociales ha hecho posible que se conozca el extraño caso de Domenic y que sus padres se sientan apoyados. Mientras tanto, en algunos lugares de Europa, miles de ciudadanos piden más poder para el Estado, más servicios públicos, más prestaciones, más “derechos” reconocidos. ¿Cuándo pediremos más libertad? ¿Cuándo exigiremos que nos devuelvan la soberanía individual? ¿Cuándo dejaremos de desconfiar del prójimo? Toda esa gente que no ha querido saber nada de los Johansson porque “algo habrán hecho” debería preguntarse por qué si realmente hay “algo más” ningún representante del Estado Sueco ha hecho ninguna declaración al respeto; y por qué, incluso aunque hubiera algo más, existe tal grado de pasividad ante la inobservancia de los principios que configuran el Estado “democrático” y “de Derecho”. Piensen un poco. Hagan algo. Cualquiera de nosotros podría ser el señor o la señora Johansson. Nuestros hijos podrían ser Domenic.


1 comentario:

Ivett dijo...

Yo desde que supe de este caso no me lo podia creer que algo así pudiese suceder. Y la verdad no se que haría si me pasase lo mismo. Y me parece increible que a tres años la situación no se haya resuelto aún a favor de la familia.

Y como bien dices lo peor es que la mayoría sigue pidiendo por un estado de bienestar que provea de todo sin percatarse de la consecuente perdida de libertad que eso supone.