sábado, 22 de septiembre de 2012

Lactancia materna en el Thyssen


Una familia acudió al Museo Thyssen de Madrid para visitar la exposición de Edward Hopper. En la entrada, se le comunicó que no podía entrar mientras amamantaba a su bebé de ocho meses, algo que hacía discretamente desde una mochila portabebés. Se le informó de que el museo dispone de salas de lactancia, que podía hacer uso de ellas y ver la exposición más tarde.

A raíz de este incidente se puso en marcha, de nuevo, la maquinaria social de la tribu maternal cuyo punto de encuentro es internet, las mismas que hicimos la Revolución de las Rosas cuando se publicaron aquellas viñetas ofensivas, las que luchamos contra la violencia obstétrica, las que nos seguimos moviendo para que Domenic vuelva a casa, las que intentamos que se legalicen las escuelas libres y los hogares educadores.

Aquella madre en cuestión, remitió una educadísimas carta a la señora baronesa, dueña del museo y conocida, entre otras cosas, por su simpatía hacia las causas humanitarias y naturales. El Club Lions Gijón la premió con el Melvis Jones por “su apoyo al acceso público de un impresionante patrimonio artístico y por su solidaridad y su filantropía demostradas en múltiples causas humanitarias”. ¿Y se acuerdan de cuándo se encadenó a los árboles del Paseo del Prado y de Recoletos para evitar que fueran talados? Alguien que se encadena por unos árboles y que, además y por encima de todo, es madre, no puede ser insensible ante un hecho tan natural, necesario y beneficioso como es la lactancia materna.


El caso es que se organizó una tetada enfrente del museo y la madre afectada le remitió esa carta que les comento a la Baronessa. Recibió una muy formal por parte del museo en el que se disculpaban y aclaraban el malentendido: “quisiera hacerle llegar nuestro agradecimiento por su comentario, rogándole, a su vez, que nos disculpe por el grave error cometido por nuestro trabajador al impedirle acceder a las salas amamantando a su hijo, ya que no existe tal prohibición en nuestro Museo. Únicamente debíamos haber trasmitido que, para su comodidad el Museo dispone de una sala específica en la que Vd. podría dar el pecho a su hijo en la más absoluta tranquilidad y comodidad, como entendíamos requería ese momento, pero en ningún caso negarle el acceso a las salas y mucho menos utilizando los argumentos que hemos visto reflejados en su escrito”.

Se agradece no sólo el detalle de haber respondido y de haberse disculpado sino, también, la política que al parecer tiene el lugar acerca de la lactancia materna. Porque está muy bien disponer de salas específicas para las madres que quieran retirarse y tener cierta intimidad y tranquilidad mientras amamantan a sus hijos. Pero no está tan bien que algunas personas, en algunos lugares, pretendan obligar a hacer uso de dichas salas, condenando a cierto ostracismo social a las madres lactantes y consiguiendo que algunas lleguen a avergonzarse por ello.

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