lunes, 15 de octubre de 2012

Nivel universitario (hechos reales)


Empieza el curso y decido ir a clase el primer día porque, aunque estudiar a distancia y usar internet para ello es muy cómodo, estar físicamente en clase y ponerles cara a los profesores y a los compañeros, tiene un “aquél” que no se consigue online. Ustedes me entienden.

El caso es que entro en mi primera clase, de segundo curso del Grado de Pedadogía, y la profesora se dedica a explicarnos cómo debemos (o deberíamos) estudiar. Que leamos un tema y, si no lo entendemos bien, pasemos al siguiente, que poco a poco iremos componiendo el “puzle” que es esta asignatura, que es una asignatura “un poco rara” pero que ya lo “cogeremos”. Nos dice que vayamos subrayando y anotando las palabras que no entendamos, que si hemos anotado más de 10, no habremos entendido el tema. Y que las palabras que no entendamos, las busquemos en el diccionario. Me surge la duda de si estamos realmente ante una asignatura muy complicada, que tiene un léxico específico de un nivel muy elevado, o si esta mujer está subestimando nuestra capacidad. Hemos superado todas las etapas obligatorias de la educación española, hemos aprobado el examen selectivo, hemos superado el primer curso de este grado y muchos de nosotros estamos cursando nuestra segunda carrera. Pero ella piensa que no somos capaces de comprender el manual de la asignatura.

A segunda hora llega otra profesora y nos cuenta que su asignatura es  “muy bonita”. Para que entendamos un poco de qué va (porque, qué casualidad, también es una asignatura un poco “rara” y nos puede costar entenderla) nos cuenta que el diagnóstico pedagógico es como el diagnóstico médico. Les voy a ahorrar los detalles porque siento vergüenza ajena sólo de recordarlo.

Y a tercera hora, en una asignatura de tercer curso y subiendo el nivel de la tarde, llega el profesor, que todavía no tiene el manual de la asignatura porque, según él “acaba de salir” (aunque la mitad de los alumnos ya lo tenemos); no sabe qué tipo de examen vamos a tener y no sabe qué tipo de tareas componen la evaluación continua. En resumen, no sabe nada de la asignatura y se dedica a leer la guía general que todos los alumnos presentes ya hemos descargado de internet, leído y comprendido. Para eso no nos hacía falta ir a clase.

Luego los alumnos de esta gente son los responsables de los centros docentes de primaria y secundaria, y se comprenden muchas cosas. Como que mientras no se mejore el sistema universitario y, muy especialmente, las carreras relacionadas con la capacitación docente, las etapas de la educación obligatoria serán un creciente fracaso, no importa cuántos parches y cuántas chapuzas hagan los encorbatados del Parlamento. Pueden dedicarse a poner  o quitar horas lectivas, a cambiarle el nombre a la educación para la ciudadanía o a juntar y a separar de nuevo las ciencias naturales y las ciencias sociales. Con ello sólo demuestran que, o bien no tienen ni idea de cuál es la situación y mucho menos de cómo arreglarlo, o bien sí tienen idea pero no les interesa arreglarlo. La segunda hipótesis me parece mucho más plausible. Lo triste es la pasividad de los implicados. De las familias, de los profesores vocacionales (me consta que todavía quedan algunos), de los estudiantes universitarios y de los empresarios que le siguen dando más importancia a un título que en realidad no garantiza nada, que a los conocimientos y aptitudes reales de quienes se postulan para un puesto de trabajo. La educación nos afecta a todos. Mirar para otro lado es ser cómplice de quienes la ningunean y manipulan desde sus escaños.

2 comentarios:

jose manuel dijo...

Me ha encantado, lo comparto por facebook a mis amistades y amigos.

Saludos

Silvia Durá dijo...

Viene muy bien conocer lo que vive en la universidad un estudiante de pedagogía. Con esta información se entienden aún más cosas. Lo comparto.