jueves, 18 de abril de 2013

Profecías autocumplidas. ¿Quién nos sacará de esta crisis?


Una de las frases más repetidas por las madres de niños pequeños en el parque es “cuidado, te vas a caer”. Al final, el niño se cae. “¿Lo ves? Te lo dije. Sabía que te ibas a caer”. En realidad la madre está programando la situación a través del lenguaje pero en vez de provocar un resultado positivo se está esforzando por conseguir uno negativo.

El efecto Pigmalión y la indefensión aprendida son dos caras de la misma moneda que nos muestran el poder de la mente y de las palabras. Si constantemente tratamos a un niño como si fuera un estúpido incapaz de aprender, lo que conseguimos es incapacitarle realmente, dificultar su proceso de desarrollo e impedir que el aprendizaje suceda en toda su magnitud. De igual forma, si lo tratamos como si estuviéramos convencidos de que es plenamente capaz, fortaleceremos su autoestima y le permitiremos desarrollar todo su potencial. Lo he visto muchas veces en niños desescolarizados que estuvieron cohibidos en el entorno escolar, que fueron convencidos de su inutilidad y que sólo comenzaron a florecer cuando fueron devueltos a un entorno que sentían seguro, donde se confiaba ciegamente en ellos, donde los errores eran una parte imprescindible del proceso de aprendizaje y no una prueba de su inutilidad, y donde el mensaje recibido era siempre positivo.



Lo mismo sucede en las comunidades. Ahora mismo en España sólo se oye hablar de crisis: del estallido de la burbuja inmobiliaria, de la corrupción política, de las tasas de desempleo, de la prima de riesgo, del colapso del estado del bienestar, de jóvenes que abandonan el país, de familias desahuciadas, de gente que busca comida entre la basura y hasta del fin inminente de la monarquía. Retroalimentamos el bucle de negatividad si sólo nos fijamos en lo que va mal sin preocuparnos de analizar su origen, sin abrirnos a la posibilidad de que realmente no haya mal que por bien no venga, sin ver la crisis como la necesaria destrucción de lo antiguo para la creación pacífica de lo nuevo.

Mientras algunos sólo buscan a quien culpar, es de agradecer que todavía haya quien sepa darle una vuelta de tuerca a la situación y lance un mensaje positivo. Como el del spot de la compañía Grant Thornton emitido en octubre de 2012 donde hace un repaso por todo lo que aún funciona en España. ¿Ejemplos? Somos líderes en donación de órganos; somos el tercer país del mundo en esperanza de vida según la OCDE, y el segundo para las mujeres; somos es primer país del mundo en energía solar instalada y el cuarto en eólica; tenemos dos de los mejores bancos del mundo según EuroMoney y empresas españolas están desarrollando una vacuna contra el Alzeimer, construyendo la estación meteorológica del Curiosity Mars Rover, construyendo plantas desalinizadoras en Adelaida y en el desierto de Atacama, construyendo parques eólicos en Escocia, gestionando los aeropuertos de ciudades como Londres, Orlando y Bogotá, construyendo el primer tren de alta velocidad de Oriente Medio entre La Meca y Medina y lideran la ampliación del canal de Panamá. En 2011 los ingresos del sector turístico crecieron un 14% convirtiéndonos en el segundo país del mundo en nivel de ingresos después de los Estados Unidos. Las exportaciones de bienes y servicios crecieron un 18% entre 2009 y 2011 y hemos reducido el déficit de nuestra balanza comercial.

Quizás vaya siendo hora de dejar de auto-compadecernos buscando culpables por doquier, de romper el bucle que retroalimenta nuestra negatividad y de usar esta crisis para hacer algo buenocada uno de nosotros individualmente, sin esperar a que nos salven los demás.


1 comentario:

Carlos Cubillo Rubiato dijo...

Recuerdo mucho una alumna de la que fui profesor particular cuando me sacaba, como tantos, un dinerillo mientras estudiaba la carrera. Tenía una trayectoria impoluta de suspensos y se encontraba nada menos que con la física y las matemáticas de COU, en una modalidad no escogida por ella.
Al principio siempre dejaba a los alumnos que desarrollasen los problemas sin interrupción y en voz alta, sólo para ver cómo pensaban. Ella me demostró una intuición y racionalidad muy notables a la hora de plantear; sin embargo, rechazaba sistemáticamente su primer razonamiento, simplemente porque no creía ser lo bastante inteligente para llegar a la solución correcta a la primera. Y, claro, la solución alternativa era incorrecta. No me costó mucho enseñarle física y matemáticas, lo difícil fue sacarle de la cabeza la costumbre de rechazar su idea inicial, casi siempre acertada.
Aprobó con nota mis dos asignaturas y suspendió las demás, "marías" incluidas.
Su mente era brillante pero hacía tiempo que le habían quitado los medios para utilizarla.
Mirando hacia atrás, pienso que podría haberla ayudado mucho más con un enfoque más general y no particular de esas asignaturas, aunque me disculpo pensando que yo sólo era un estudiante de ingeniería sin mayor visión.
¿Cuántos casos habrá así?