jueves, 13 de junio de 2013

Devuelvan a Domenic




A final de mes se cumplirán cuatro años del secuestro de Domenic Johanson por parte del estado sueco. Cuando se lo llevaron sólo tenía ocho años. Ahora está a punto de cumplir doce y la única esperanza de sus padres es que, con esta edad, sea ya capaz de deshacerse del lavado de cerebro al que ha sido sometido. ¿Por qué? Porque las autoridades suecas únicamente permitirán las visitas familias si el niño las pide. Pero, lógicamente, tras cuatro años separado de su familia biológica, integrado en una familia de acogida y en un colegio, con lo que le deben haber contado sobre sus padres y con el miedo que ha tenido que pasar ¿a qué niño se le ocurriría pedir ver a su familia de origen? En junio de 2009 se llevaron a Domenic. En noviembre de 2010, en una de las escasas visitas permitidas, su padre se lo llevó, por lo que fue detenido y encarcelado. Annie pasó las Navidades sola. En agosto de 2011 me dijeron que tenían pensamientos suicidas. No es para menos. Annie ha sido hospitalizada en varias ocasiones. A mí también se me pararía el corazón si estuviera en su lugar. ¿Y a quién no? Domenic podría ser tu hijo. 

No hicieron anda ilegal: estaba bien cuidado, bien alimentado, bien educado y era feliz. Se iban a ir todos a vivir a la India, el país de origen de Annie, donde iban a desempeñar su nuevo trabajo como misioneros. Estaban en el avión a punto de iniciar el vuelo internacional. Suecia ya ni siquiera tenía jurisdicción sobre ellos. Suecia no respetó su propia legalidad y los detuvo por dos hechos que no eran ilegales en ese momento: no vacunar y no escolarizar. Dos cuestiones que atañían al ámbito estrictamente privado de la familia. Es como si ahora vinieran y le detuvieran a usted por estar leyendo este periódico. ¡Pero si no es ilegal leer el periódico! Tampoco era ilegal no vacunar y no escolarizar. ¿Qué sentido tiene? Es como estar viviendo el proceso de Kafka. 

Queda la esperanza de que, a punto de cumplir los doce años, Domenic tenga acceso a internet y, en algún momento, descubra que sus padres no le abandonaron, que sí están luchando por él, que sí quieren recuperarle. Tal vez, como tanta gente, buscará su propio nombre en Google y cuál será su sorpresa cuando vea que hasta tiene página propia en Wikipedia y que 7000 personas pedimos su devolución desde Facebook. Poco más podemos hacer. Los políticos no se dignan ni a responder. Los periodistas ignoran una historia que no es lo suficientemente jugosa, léase amarillista. Mucha gente prefiere mirar a otro lado y pensar que, si se lo han llevado, “por algo será”. Hasta que les toque a ellos y luego reclamen ayuda y comprensión. Que alguien les salve. 

Si les importa, ni que sea un poquito, únanse al grupo de Facebook, firmen la petición en Avaaz.org, cómprenles un cuadro a Euan y Kier (todo el dinero recaudado es para los Johansson), usen el hashtag #returndomenic cuando twiteen. Si tienen alguna otra idea, escríbannos a alllovingmothersassociation@gmail.com Y cuando alguien les venga a contar que el Estado del Bienestar es la panacea y que Suecia es el ejemplo que todos deberíamos seguir, acuérdense de Domenic y de la policía armada hasta los dientes entrando en el avión para llevárselo.