lunes, 19 de mayo de 2014

A vueltas con la educación (algunas propuestas)



Ahora todo el mundo se preocupa por la educación. Todas las semanas aparece un nuevo grupo en internet que pretende reunir a padres y docentes para debatir el estado del sistema escolar y, a veces, hasta proponer cambios y soluciones. Porque, no se confundan, cuando se habla de “educación” en realidad se está hablando de “escuela”. Pasa lo mismo con la política, la economía y la paz mundial: muchos tienen clarísimo cuál es el problema y, mejor aún, cuál es la solución. Antes en la barra del bar y ahora en internet, pero el hecho es el mismo: nos gusta hablar y demostrar cuánto sabemos y cuánta razón tenemos. Pero a la hora de la verdad nadie hace nada.

El debate se limita siempre a cuestiones ideológicas pero nunca hay un debate pedagógico real. Nadie se cuestiona (ni mucho menos intenta responder) preguntas como cuál es el objetivo de la escolarización, para qué manda la gente a los niños a la escuela, qué es lo que pretenden conseguir, qué creen que pasa dentro de las escuelas y qué consecuencias creen que tendrá y quieren que tenga sobre sus hijos. Tampoco se informan, ni padres ni profesores (y discúlpenme la generalización, que alguno sí hay que se interesa por el tema) sobre cómo aprendemos los humanos: cómo funciona el cerebro, cómo afectan factores como el entorno y las emociones a los procesos de aprendizaje; qué resultados tienen los diferentes métodos y modelos de enseñanza y en qué se distingue el estilo de aprendizaje de cada niño. A nadie parece sorprenderle que se apliquen los mismos métodos a personas que tienen diferentes formas de aprender. Todos han compartido en internet esa viñeta en la que un profesor dice a sus alumnos “para que la selección sea justa, van a pasar todos ustedes el mismo examen”. Y resulta que los candidatos son diferentes animales que, obviamente, no serán capaces de realizar la misma prueba en igualdad de condiciones. Se suele acompañar a la viñeta con esta cita atribuida, no sé si correctamente o no, a Albert Einstein: “Todos somos genios. Pero si juzgamos a un pez por su habilidad para trepar árboles, crecerá toda su vida pensando que es estúpido”. Después apagan los ordenadores y, ya en la “vida real”, vuelven a presionar a sus hijos para que hagan exactamente lo mismo que los demás, para que vayan a la escuela a sentarse durante toda la mañana, a adaptarse, a tratar de encajar, y a hacer lo que se les diga y cómo se les diga.



De vez en cuando una se lleva una sorpresa y se encuentra con personas que aportan propuestas concretas y con fundamento que van más allá de la palabrería vacía que está tan de moda. Algunas de las que he leído últimamente y creo que merecen consideración son éstas:

  • Cambio en la carrera docente, tanto magisterio como pedagogía y los cursos de capacitación pedagógica para que sirvan no sólo para formar docentes sino también como filtro para que sólo los más válidos accedan a la profesión.

  • Cambio en el sistema de contratación laboral de modo que los docentes estén incentivados para realizar bien su trabajo.

  • Promocionar a los alumnos por asignaturas y no por cursos, sistema que ya se utiliza en la educación superior. 

  • Sistema de evaluación continuada y no basada solamente en exámenes de memorización pero devolviendo al contenido la importancia que merece: valorar positivamente la actitud y el esfuerzo no debe significar que se desmerezcan los resultados obtenidos en cuanto a adquisición de conocimientos y de habilidades.

  • Eliminación de los deberes escolares: si los niños tienen malos resultados, a lo mejor es el profesor el que debería llevarse “deberes” a casa para mejorar. Si creen que hacen falta tantas horas para cubrir el currículum, a lo mejor deben revisarse el currículum y los métodos utilizados. 

  • Atender adecuadamente a los alumnos con necesidades educativas especiales; para atenderlas adecuadamente primero se necesita una evaluación y diagnóstico correctos, cosa que hoy en día no se consigue fácilmente.

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