lunes, 17 de noviembre de 2014

Educación viva, activa y no dirigida


La semana pasada participé en el Congreso de educación viva, activa y no dirigida que se celebró en la Universitat Jaume I de Castellón. Lo organizaba la asociación Momo, una agrupación de familias que quieren para sus hijos una educación diferente de la convencional. En el espacio que comparten las familias de Momo los niños no son separados por edades, no hay un timbre que marque los ritmos, no hay clases en el sentido tradicional del término sino actividades y talleres, no hay deberes ni exámenes. Al más puro estilo Summerhill, los niños son invitados a participar de las actividades pero nunca obligados.

Al ser la mayoría de los asistentes profesores y estudiantes de educación, les sorprendió enormemente conocer el funcionamiento de las llamadas escuelas libres, que fueron representadas por Inma Serrano de la escuela Donyets, (Valencia), Tinus Wijnakker de la escuela Alavida (Madrid) y Manel Martínez de la escuela Liberi (Cataluña). Hablaron del acompañamiento respetuoso al niño, de fomentar su autonomía dándole libertad sin que ello signifique no establecer límites (y límitesno es sinónimo de castigos) y del respeto por los intereses y los ritmos de los niños. Resulta evidente (y está científicamente demostrado) que el aprendizaje está ligado a las emociones y que es mucho más eficaz cuando se parte del interés de la persona y cuando se da de forma vivencial. Es decir, aprender haciendo. Estos conceptos parecieron sorprender a muchos de los asistentes quienes, si bien los comprendían racionalmente, no alcanzaban a ver cómo podía ser su aplicación práctica, porque hemos llegado a creer que los niños no van a querer aprender si no son obligados a ello. La realidad es que todos los niños quieren aprender. Desde que nacen y comienzan a utilizar todas las herramientas a su alcance, los cinco sentidos, para explorar su propio cuerpo y el mundo que les rodea. Ello no cambia a menos que ahoguemos su deseo innato de aprender mediante imposiciones heredadas.

Tomàs Segarra, profesor de la UJI, y Nely Vicario, organizadora del congreso

Muchos niños que se educaron en escuelas libres, igual que muchos niños que se educaron sin escuela, se han incorporado al sistema convencional sin ningún tipo de problema. Sabían leer y escribir, sabían responder un examen y no eran unos salvajes insociables como mucha gente aún parece creer. Inma Serrano contó que un grupo de niños en Donyets había pedido que se organizara un taller sobre tildes. Sí, han leído bien: sobre tildes. Esas rayitas inclinadas que se sitúan encima de algunas letras cuando escribimos. Anécdotas como ésta podrían llenar libros enteros. Casos de niños que piden que se les enseñen las cosas más variopintas; de niños que aprenden fácilmente y en poco tiempo lo que en la escuela se tarda meses en aprender; de niños que nunca han hecho deberes ni exámenes y no han sido obligados a cumplir un horario a golpe de timbre y que, oh sorpresa, llegan a la edad adulta y resulta que están perfectamente integrados en la sociedad, que tienen familias, trabajos, aficiones y vida social e incluso son felices.

Al público se le iluminaba la cara viendo las fotografías de estos espacios educativos y oyendo las explicaciones de los ponentes. La pregunta, entonces, era: ¿cómo puedo aplicar estos principios cuando la realidad que se me impone, como profesor, es que debo atender a un grupo de 25 niños dentro de un aula y se me exige que cumpla unos objetivos?


Para eso sirvió mi ponencia, que no fue una clase magistral sino una ponencia-taller porque consideré que no podía plantearlo de otro modo si estábamos en un congreso de educación viva y activa. Mi intervención debía ser también viva y activa y contar con la participación directa de los asistentes. Les ayudé a comprender que los principios que inspiran el unschooling (la educación sin escuela) son universales y pueden aplicarse, aunque con limitaciones, dentro del aula. Tal vez éste, y no los debates parlamentarios ni las manifestaciones en la calle, sea el camino para una verdadera reforma educativa.