lunes, 15 de diciembre de 2014

Think like a freak


El periodista Stephen J. Dubner y el economista Steven Levitt, conocidos por su primer libro conjunto “Freakonomics”, escribieron otro libro titulado “Think like a freak

En él cuentan la historia de Takeru Kobayashi, conocido como “Kobi” que superó el record mundial de comer hot dogs gracias a su peculiar forma de enfocar el problema. Como no tenían dinero, su novia le inscribió en un concurso televisado que consistía en cuatro fases eliminatorias con una comida diferente en cada una de ellas. Kobi estudió las ediciones anteriores y se dio cuenta de que muchos de los concursantes comían tanto en las primeras fases que, aunque llegaran a la final, estaban demasiado agotados y demasiado llenos como para ganar. Así que decidió utilizar una estrategia diferente: comer en cada fase sólo lo suficiente para pasar a la siguiente. Y ganó. Ganó 5.000 dólares y eso le motivó para inscribirse en otro concurso: el Famoso Concurso Nathan de Comer Perritos Calientes del 4 de julio. El record en esa época estaba en 25 y 1/8 en 12 minutos. Kobi, un joven japonés delgadito y que no sólia comer mucho, batió el record y lo dejó en 50. También ganó las cinco siguientes ediciones.

¿Cómo lo hizo?



No siguió la estrategia tradicional de los demás participantes, que consiste en semi-ayunar los días anteriores al concurso y en comer lo más rápido posible. Lo que hizo fue pensar, no dar nada por sentado y preguntarse si otras formas de hacerlo podrían ser más eficaces. Lo que todos los participantes hacían era coger el hot dog (con panecillo incluido), morder, masticar, tragar y beber un poco de agua. Pero en ningún lugar estaba escrito que hubiera que comer el perrito de principio a fin. Así que Kobi practicó partiendo el perrito por la mitad y pudo comprobar que ganaba algo de tiempo, ya que al usar las manos para partirlo liberaba a la boca de hacer ese mismo trabajo. Durante meses practicó, se grabó en vídeo y fue recopilando todos los datos. Esta estrategia se conoce desde entonces como “el método Salomon”.

Pero Kobi no se conformó con ese avance y siguió cuestionándose el sistema tradicional. Se dio cuenta de que, al comer el perrito y el panecillo juntos, se producía un conflicto de densidades así que decidió intentar comerlos por separado. Comía primero unos cuantos perritos y luego los correspondientes panecillos. De nuevo, lo registró todo y comprobó que volvía a ganar tiempo. No contento con ello, ideó una nueva estrategia: mientras masticaba el perrito, puso el panecillo en el vaso de agua, lo mojó, lo escurrió, lo chafó y se lo comió. Eso le daba ventaja en dos sentidos: por un lado, era mucho más fácil comer el panecillo, pues requería menos tiempo masticando y, por otro lado, le mantenía hidratado y no tenía que dejar de comer para beber agua.

Sus experimentos parecían no acabar nunca. Practicaba durante meses y lo anotaba absolutamente todo para detectar cada milisegundo que pudiera utilizar más eficazmente. No sólo dio con la estrategia que le permitió ganar cinco concursos seguidos sino que pronto sus rivales comenzaron a imitarle. Durante sus experimentos, además, comprobó que muchas estrategias que podrían parecer lógicas no daban tan buen resultado como cabría esperar. Cualquiera se habría preguntado: “¿Cómo puedo comer más hot dogs?” pero Kobi se preguntó: “¿cómo puedo hacer que un hot dog sea más fácil de comer?”. 

Algunas de las más grandes ideas son también las más obvias, sólo que la mayoría de nosotros estamos demasiado ocupados haciendo las preguntas equivocadas.

Esto es lo que deberíamos permitir que todos los niños continúen haciendo: recopilar información (observando y haciendo) pero también analizarla sin ningún prejuicio establecido. Ellos ya saben hacer las preguntas adecuadas y lo único que necesitan es que no haya un adulto a su lado diciéndoles si la pregunta es pertinente o no.

De hecho, aunque los autores de Think like a freak ofrecen muchas técnicas y ejemplos para aprender a pensar más inteligentemente, su conclusión se reduce a algo tan sencillo (y tan complicado a la vez) como esto: piensa como un niño.


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