jueves, 17 de diciembre de 2015

Camino de Santiago con niños



Hacer el Camino de Santiago con niños es posible.

Adri es un niño homeschooler que a los 10 años se fue a hacer el Camino de Santiago con su madre. Durante el camino fue escribiendo un diario y haciendo fotos y, a la vuelta, se puso a trabajar para convertirlo en un libro. Lo publicó primero en inglés, ya que es su lengua materna, y después hizo una campaña de crowdfunding para la edición en español.

La aventura de Adri tiene, para mi, dos facetas muy interesantes: de un lado, el viaje. Las historias de niños que aprenden viajando son fascinantes, y ésta no lo es menos. De otro lado, el libro y el aprendizaje que supone un proyecto de esta envergadura: escribir el libro, conocer el proceso de edición, lanzar una campaña de crowdfunding y, finalmente, poner el libro a la venta iniciando así un sistema de ingresos pasivos.

La semana pasada fuimos a su casa a recoger nuestro ejemplar del libro y le hicimos esta entrevista:


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Documental "Educación a la carta". Los extras






Si te gustó el documental, no te pierdas los extras. Más de 120 minutos inéditos 
disponibles por sólo 9,99€ en vimeo.com/ondemand/educacionalacartaextras


martes, 15 de diciembre de 2015

Libertad para educar. Educar en Libertad.


Hace dos años di una conferencia sobre libertad educativa en Barcelona, invitado por el Partido de la Libertad Individual (ahora Partido Libertario). Allí conocí a Eduardo Martínez quien, inspirado por mi relato, escribió lo siguiente:


Podía haberse ido a otro país (y probablemente es lo que la prudencia hubiese aconsejado), pero decidió quedarse y plantar cara a ese monstruo descrito por Hobbes que usa su inmenso poder para doblegar la voluntad de las personas y su libre albedrío, en nombre de conceptos tan vacíos como "el bien común", "el bienestar social" y "la felicidad colectiva". Y además esa decisión vino acompañada de hechos, sin quedarse en la sola prédica, arropada en valores de libertad y ejerciendo su individualidad de la única forma coherente que existe: actuando. Y lo sigue haciendo al día de hoy. Desobediencia Civil, que diría nuestro admirado Thoreau.

Hablo de Laura Mascaró, una mamá que si bien en un primer momento comenzó a transitar el camino habitual, el que marca nuestro pretendido padrastro Estado en cuanto a la forma en que debemos educar a nuestros niños, un día sintió en carne propia y en primera persona, a través de su entonces pequeño hijo, la desatención, el peligro, el riesgo y el perjuicio irreparable que un sistema educativo hecho no para generar persona libres (tratándolas como tal) ni dedicado a cuidar el valioso material que queda a su cuidado, nuestros bebés, nuestros infantes, nuestros chavales, comenzaba a ocasionarle a su querido retoño. Una agresión contra su chiquillo, Damián, ni siquiera advertida por los docentes encargados de cuidarle, fue el desencadenante.

¿Puede haber causa más noble y digna de respeto que negarse a obedecer unas normas, unas leyes, unas imposiciones implantadas por el Estado, las cuales podrían causar un daño indeleble a personas indefensas? Personas sobre las cuales además tenemos una responsabilidad ineludible, porque hemos sido nosotros quienes los hemos traído al mundo, que se deriva (en la gran mayoría de los casos al menos) del ejercicio de nuestra libertad. Libertad para traer hijos al mundo, claro. Responsabilidad para evitar que nadie les pueda agredir ni perjudicar, no pueden ir la una sin la otra.

Laura se convirtió, contando con el pretexto perfecto para ello y seguramente no por primera ocasión, en una desobediente ante el Leviatán. Su condición de liberal, libertaria, puede que anarquista incluso, pudo canalizarse y ser llevada a la acción decidiendo educar a su hijo por sí misma, fuera del circuito estatal de enseñanza, aplicando y adaptando las experiencias del movimiento "unschooling" (sin escuela) y "homeschooling" (educación en casa) a su caso particular. Palabra y hechos. Coherencia en estado puro.

Después de escuchar a esta vehemente abogada devenida en pedagoga (en formación, como le gusta decir a ella), no puede uno sino sentirse esperanzado al saber que sí hay personas dispuestas no solo a criticar desde una tribuna a los políticos y su perverso instrumento de manipulación y afrenta contra la libertad, el Estado, sino resuelta a llevar hasta las últimas consecuencias la defensa de los derechos de la persona, a actuar bajo el principio de no agresión y a poner en un segundo plano un montón de cosas a nivel personal-profesional con el objeto de cumplir lo que considera su responsabilidad: ser madre.

"En esta sociedad altamente escolarizada, la decisión de educar a los hijos en casa supone hacer una serie de cambios en nuestras vidas que, en no pocas ocasiones, serán interpretados por los demás como una insolencia, un acto de rebeldía que amenaza al status quo establecido. Ésta es una de las grandes cuestiones que se plantean las familias cuando deciden no escolarizar: ¿Cómo vamos a compatibilizar nuestra vida profesional, no ya con la vida familiar, sino con la vida familiar como homeschoolers?".
Laura Mascaró Rotger - "Sin Escuela".

Aquellos que tuvimos el gusto de escuchar la pasada noche a Laura durante su conferencia en Barcelona y conversar con ella, tenemos muchas pistas para intentar descifrar la respuesta.

Quienes se lo hayan perdido y deseéis conocer de primera mano, narrado por la protagonista, en qué consiste y cómo se lleva en el día a día la apasionante tarea de ser madre educando en casa y por fuera de los cánones establecidos por los burócratas estatales, haceros con su libro. O mejor aún: haceros con su libro y asistid a la próxima conferencia en la cual participe esta menorquina universal que decidió pasar al combate, a la brega, y además colaborando con otros en su misma situación.

Enhorabuena Damián, naciste en libertad.

SITIO WEB DE LA PLATAFORMA POR LA LIBERTAD EDUCATIVA: http://www.libertadeducativa.org/


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No sé si la charla de Barcelona se grabó, así que os dejo esta de Cáceres, de este año 2015


viernes, 4 de diciembre de 2015

Conciliación laboral y familiar. ¿Cómo lo hacemos?



En uno de sus paseos matutinos con Víctor, Jon se animó a grabar un pequeño vídeo para mi videoblog y habló sobre la conciliación laboral y familiar.






El tema tiene mucho interés y por eso pensamos que sería bueno ampliar la explicación.

Lo primero que a uno le viene a la mente (y hemos recibido este comentario muchas veces) es: "Claro, trabajando en casa es fácil conciliar". Error número uno: pensar que por trabajar en casa la conciliación es más fácil, que se da como por arte de magia. Que así, cualquiera. Para empezar, porque trabajar desde casa no es lo mismo que trabajar por cuenta propia. Uno puede ser trabajador por cuenta ajena pero trabajando desde casa o puede ser autónomo trabajando dentro y fuera de casa.

Esto es lo que nosotros hacemos, trabajar por cuenta propia, con todas sus ventajas pero también con todos sus inconvenientes. Esto es un poco como el homeschooling, que aunque se llama educación "en casa" no significa que estemos todo el tiempo en casa. El trabajo a veces nos requiere salir de casa o, peor aún, viajar. Digo "peor aún" no porque eso sea malo en si mismo (que a mi me encanta viajar) sino porque ahora mismo, con un bebé, no puedo permitirme viajar y eso, en mis circunstancias, significa que estoy perdiendo dinero.

La clave que facilita la conciliación, entonces, no es el hecho de trabajar desde casa sino la independencia. El hecho de que podamos elegir si trabajamos mucho o poco, a unas horas o a otras, y de comprometernos sólo a aquello que podamos cumplir.

Los domingos organizamos la agenda familiar. Vemos qué actividades tiene Damián, si tenemos alguna cita médica, si hay alguna gestión inaplazable, y qué tareas laborales tiene que hacer cada uno y les asignamos un día, junto con las tareas domésticas. Así todas las semanas (y todos los días) sabemos cuáles son las tareas prioritarias y cuáles son secundarias.

Desde hace algún tiempo hacemos la compra por internet, que no es ideal pero nos ahorra mucho tiempo. Donde vivimos sólo hay un supermercado que tenga servicio online con reparto a domicilio, así que no hemos podido elegir. De hecho, no es el supermercado donde solíamos comprar cuando íbamos a la tienda así que nos estamos adaptando. Lo más importante es nunca hacer la compra sin antes haber hecho la lista. Y nunca hacer la lista sin antes haber hecho la planificación de menús diarios. Esto sirve para ahorrar tiempo y dinero.

La planificación de menús es fácil porque solemos comer igual todas las semanas. A veces cocinamos para varios días y comemos varios días seguidos lo mismo o lo congelamos (nuestro congelador está siempre lleno de lentejas). Los días de más trabajo hacemos brunch, ese invento inglés mezcla de "breakfast" y "lunch". Tomamos un café por la mañana, después comemos el brunch sobre las 11 o 12 y ya no comemos hasta la cena (en esta casa cenamos temprano, que nadie se asuste por este semi-ayuno). Con esto el día cunde mucho más, recomiendo probarlo en épocas de mucho trabajo.

Nuestra vida social no es una prioridad para nosotros ahora mismo. Eso también es una ventaja a la hora de cumplir con todas las obligaciones laborales y familiares, porque el día sólo tiene 24 horas y la semana 7 días, así que no queda otro remedio que priorizar y descartar actividades.

Además aprovechamos el tiempo mucho mejor que cuando "teníamos tiempo" para todo. Por ejemplo, en los ratos de lactancia veo vídeos en internet. Audiolibros, conferencias o entrevistas (no penséis que me dedico a ver al Rubius). Todo eso es material que luego me sirve para hacer artículos o para mejorar el contenido de mis cursos. Incluso se me ocurren ideas para nuevos libros, pero eso queda aparcado hasta que, de verdad, volvamos a tener tiempo "para todo". Aprovechamos los paseos con Víctor para hacer recados en el pueblo e incluso llamadas si va durmiendo.

¿Tenemos suerte? No, en absoluto. Lo que tenemos es arrojo y la templanza necesaria para tomar decisiones que pueden parecer arriesgadas. Hemos decidido prescindir de la seguridad de una nómina que, de todos modos, tampoco es ninguna seguridad real hoy en día. Y sin embargo, hemos ganado independencia. Sobre todo la independencia financiera, por lo que nuestra supervivencia no depende de una nómina, ni siquiera de un único trabajo y, sobre todo, no de un jefe.



Recuerdo cuando me fui de viaje a América con Damián. Dos meses recorriendo ese bello continente y dando charlas de homeschooling. Mucha gente me dijo "qué suerte" y "qué envidia". Pero déjate de envidias. Si quieres hacerlo, hazlo. Yo no digo que sea fácil. Educar en casa, viajar con niños, conseguir independencia financiera, todas ellas son cosas que suelen causar envidia, supuestamente. Pero no las hago porque tenga suerte, no porque me haya tocado. Las hago porque así lo he querido. Porque he estado dispuesta a pagar el precio necesario para lograrlo. Y aquí estoy. Así es como creo que deben ser las cosas. Porque no tenía ninguna intención de quedarme sentada esperando a que una ley me permitiera conciliar mi vida laboral y mi vida familiar. Como tampoco me he quedado esperando a que una ley me permitiera educar a mi hijo como considero más conveniente para él.


miércoles, 2 de diciembre de 2015

¿Es importante el consenso educativo?




Respondo entrevistas casi todas las semanas (algunas recopiladas aquí). La mayoría de ellas, centradas en el homeschooling, son prácticamente un calco unas de otras. De vez en cuando aparece una pregunta fuera de lo común o fuera del tema del homeschooling.

Ésta es mi respuesta políticamente incorrecta a la pregunta sobre el consenso educativo:

¿Hasta qué punto es importante lograr un consenso educativo? ¿Es posible ese consenso? ¿Crees que un Pacto de Estado en Educación sería una solución deseable para nuestro sistema educativo?


Si asumimos que la solución al problema educativo pasa por cambiar de nuevo la ley, entonces sí es necesario un consenso. Sin embargo, aquí soy pesimista y no creo que sea posible alcanzarlo. Poner de acuerdo a padres, profesores y, sobre todo, a los diferentes partidos políticos con representación parlamentaria se me antoja misión imposible. El motivo es, sencillamente, que todos los implicados tienen ideas diferentes sobre cuál es el objetivo de la educación. Y mientras no haya un consenso sobre cuál es el objetivo, no podrá haber consenso sobre cómo ha de llevarse a cabo la reforma.


Ahora bien, el consenso no sería necesario si se permitiera que cada familia tuviera libertad de elegir qué tipo de educación quiere para sus hijos y, asimismo, si cada colegio pudiera decidir, también libremente, qué tipo de pedagogas quiere seguir y qué metodologías aplicar. De hecho, es algo que ya está sucediendo. Mientras una parte de la sociedad está enfrascada en el sempiterno debate sobre el estado del sistema escolar, otra parte de la sociedad está actuando y organizándose libremente para ofrecer a sus hijos la educación que necesitan. Cada año que pasa hay más escuelas libres y más homeschooling por el simple motivo de que nuestros hijos necesitan una buena educación hoy y no tenemos tiempo que perder.






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domingo, 29 de noviembre de 2015

Lo llaman periodismo y no lo es


Hace sólo dos semanas envié en mi boletín semanal un artículo sobre la relación de los homeschoolers y los medios de comunicación. Suelo lamentar que las familias que educan en casa en España no estén muy por la labor de colaborar con los medios a la hora de dar a conocer esta opción educativa. Pero luego pasan cosas y entiendes por qué las familias no quieren hablar con los periodistas, ni abrirles las puertas de sus casas o de sus escuelas libres. Pasan cosas como ésta que cuenta Marvan o como la que ha pasado hoy.

Un periodista del periódico digital El Confidencial contactó con la PLE porque estaba haciendo un “reportaje sobre pedagogías alternativas en España”. Le pregunté, como hago siempre con los periodistas, cuál sería el enfoque del reportaje y esta fue su respuesta: “El enfoque es: retratar el auge de la educación "alternativa" en España, comparando con otros países. He visitado tres proyectos en el norte de Madrid para hablar del tema.” También me dijo que había visto mi documental, Educación a la carta, en el que “está muy bien explicado todo”, por lo que sólo necesitaba hacerme un par de preguntas. Sus preguntas y mis respuestas están aquí. 

Cuál fue mi sorpresa cuando, al entrar en la web de El Confidencial esta mañana, leo el siguiente titular: “Cariño, vamos a experimentar con los niños”. Por un momento tuve la esperanza de que no fuera el reportaje que había estado esperando. Pero lo era.

Empiezo a leer y mis ojos no dan crédito. Éste era el primer párrafo:

“Se abre el telón y aparecen seis niñas. Una interpreta el papel de madre, dos son sus hijas y el resto yihadistas a punto de cometer un atentado “como el de París”. Durante más de una hora, y sin que nadie las interrumpa, las actrices sirven té, se asesinan por turnos y a carcajadas, se esconden debajo de una mesa y conversan entre ellas. Ningún adulto ha impulsado, guiado o supervisado la obra teatral. "Fue todo idea suya", nos dicen.”

Lo que pasó, en realidad, es que los niños de la escuela El Dragón habían trabajado el tema de los atentados de París de diferentes maneras y precisamente para ese día habían preparado una representación teatral sobre la cuestión. Que permitieran a los periodistas asistir era, como bien dice Barbara Serrano, “como un regalo”.

A lo largo de todo el artículo se utilizan las comillas y la negrita para destacar frases fuera de su contexto y haciendo que, al remarcarlas, cambie el sentido de la frase. Cuando dice, por ejemplo, que el Dragón es un centro autodefinido como “libre y democrático” y lo destaca así pero no destaca que ““pasan el día aprendiendo” está lanzando un mensaje determinado. Cuando destaca “no les enseñamos a leer” pero no destaca que “todos acaban aprendiendo porque hay actividades que realmente les motivan y para las cuales necesitan leer y escribir”, está dando a entender que nadie se hace cargo del aprendizaje de la lectoescritura de estos niños.Sigue destacando que “es algo que ocurre siempre en tiempos de crisis”, pero como no destaca que eso sucede porque “la sociedad busca soluciones”, el lector inevitablemente asociará escuelas libres a crisis.

De Waldorf, a la que denomina la “homeopatía de la educación” dice que encuentran niños y adolescentes “cosiendo, moldeando cobre con un soplete y  “moldeando sentimientos” con arcilla.” Que no sé por qué lo de moldear sentimientos va entrecomillado y lo demás no. Quizás debería decir también que los encontraron haciendo estas cosas porque los visitaron por la tarde porque, como dice el director de la escuela Micael, Antonio Malagón, “Todo se hace en inglés, alemán y español. La primera parte del día desarrollan el intelecto, el pensar. La segunda parte del día trabajan la variante artística, el sentir.” Pero supongo que eso de la educación trilingüe y el desarrollo del intelecto no interesaba para este reportaje en concreto. 

Del bosque-escuela dice que es una moda importada y que los niños están “sentados en un corro en el suelo” y sigue: “rodeados de encinas y boñigas de vaca” y que “no se asustan al ver a un grupo de unas veinte vacas que nos observan a diez metros de distancia, sin ninguna barrera de por medio.”

Como representante de la “comunidad pedagógica española” el profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación de la UNED Jesús Martín Cordero dice que “estas pedagogías tienden a estar infiltradas de posiciones maniqueas de la realidad, muy ideológicas, a veces con tintes paranoides”. Ignora a una gran cantidad de pedagogos, psicólogos y profesores que están implicados en la educación libre y a otros muchos que, sin estar implicados directamente, son favorables a ella.

Continúa el profesor Martín Cordero: “Ya no estamos en 1900, cuando cada grupo social proponía un método educativo. La pedagogía no alcanza el nivel de la medicina, pero ahora tenemos información técnica de sobra sobre el aprendizaje y la escuela pública española no es impermeable a los nuevos descubrimientos y avances, aunque es cierto que hay mucha resistencia al cambio entre el profesorado.” Me parece a mi que hay datos objetivos de sobra para considerar que la escuela pública española está fallando, empezando por el hecho de que cada vez más familias buscan alternativas fuera del sistema. El propio artículo afirma que hemos pasado de tener 40 escuelas libres en España en 2013 a tener más de 600 en 2015. ¿Y debemos creer que la escuela pública aplica las mejores metodologías para el aprendizaje? Permítanme que dude.

Como era de esperar -aunque el redactor no tuvo mucha vista en preverlo-  el reportaje ha sido mal recibido por la “comunidad” de la educación alternativa española, como supongo nos llamaría él y las reacciones no se han hecho esperar en las redes sociales y en la web del periódico. Probablemente éste ha sido el motivo de que, unas horas después de su publicación, se haya cambiado el título de “Cariño, vamos a experimentar con los niños” a “Cariño, vamos a liberar a los niños”.


Barbara Serrano ha ejercido su derecho de rectificación y ha publicado la siguiente aclaración:

Ángel Villarino, supuesto periodista, me contactó interesado en visibilizar la educación alternativa en España. Vino a El Dragón International School, donde fue atendido por estudiantes, profesores y por mí misma. 
Le contamos muchísimas cosas interesantes, le invitamos a nuestra casa. Vio una obra de teatro especialmente preparada por el grupo de teatro para tratar el tema de los atentados en París, tema que les ha preocupado mucho y han tratado de muy diversas maneras. Ángel acabó su visita diciéndome que le gustaría matricular a su hija en El Dragón. 
Quedó en enviarme el reportaje y las fotos para que yo diera permiso. Hoy, sin avisar, publica esto. Un artículo tendencioso en el que miente abiertamente, entrecomilla frases que yo no he pronunciado, oculta información muy relevante y pone énfasis en temas de forma completamente amarillista. 
Estoy decepcionada y asustada por lo que se puede llegar a hacer y decir en un periódico. Lo que más me preocupa de todo es cómo se mofa de los niños, cómo intenta ridiculizarlos tergiversando información. Niños y niñas que confiaron en él y le mostraron, orgullosos, su colegio. Mañana tenemos una lección para aprender en el colegio: hay formas deleznables de ejercer el periodismo. Una auténtica pena que lo tengan que aprender así.

Desde luego, si yo fuera profesora de periodismo, utilizaría este reportaje como ejemplo de cómo no ejercer esta profesión, de cómo escribir un artículo tendencioso tergiversando los hechos, de cómo hacer un ejercicio de deshonestidad intelectual y de cómo terminar de estropearlo al intentar arreglarlo cambiando el título después de la publicación (si es que con el cambio estaban intentando arreglar algo, que eso son suposiciones mías).

Porque se puede estar en desacuerdo, pero lo que un periodista no debe hacer nunca es manipular contando sólo una parte de la verdad y destacando unas frases escogidas que deforman el sentido del mensaje. Se puede estar en desacuerdo y entonces lo que hay que hacer es presentar los hechos como son, acompañados de argumentos que sustenten nuestra tesis. Lo que hay que hacer es no confundir un reportaje con un artículo de opinión. Y, sobre todo, hacerlo sin traicionar la confianza de unos niños inocentes que se prestaron a compartir una parte de su vida con los periodistas. 

Para aclarar la cuestión de que “no se enseña a leer”, decidí liberar una pequeña parte de los extras del documental Educación a la carta en la que Barbara Serrano habla sobre el proceso de aprendizaje de la lectoescritura.


jueves, 30 de julio de 2015

Valiente - Un niño de 10 años en el Camino de Santiago








Nuestro amigo Adri (que nunca ha ido al colegio) se fue con su madre al Camino de Santiago. A la vuelta, se puso a escribir su aventura y la ha publicado bajo el título "Valiente, la aventura de un niño de 10 años en el Camino de Santiago" (clic aquí para comprarlo).

Como Adrián es bilingüe, la primera versión de su libro es en inglés -su lengua materna- pero ya está trabajando para traducirlo al español. Por ello ha lanzado una campaña de crowdfunding en la que podéis colaborar a cambio de una camiseta o uno o varios ejemplares de su libro en el idioma de vuestra preferencia.

Éste es su vídeo de presentación:




Podéis hacer vuestras donaciones a través de este enlace: https://www.kickstarter.com/projects/1590593304/valiente-la-aventura-de-un-nino-de-10-anos-en-el-c

Para seguirle en Facebook: https://www.facebook.com/valientethebook?pnref=story

Y para ver las fotos que incluye en el libro: http://adricercasilver5.wix.com/valientefotos


martes, 21 de julio de 2015

Educar a hijos de edades diferentes, por Liliana Castro


Cuando nazca mi segundo hijo, el mayor tendrá 10 años. Es una diferencia de edad muy considerable, por eso llevo una temporada hablando con madres de hijos que se llevan muchos años. Una de ellas es Liliana Castro, quien ha accedido a publicar aquí su testimonio.


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Hola, mi nombre es Liliana Castro.



Soy madre de tres, reciente unschooler, o más claro, desescolarizada.



Fui convocada por la querida Laura, para contarles cómo es esto de educar a hijos con edades tan diferentes.



Ellos tienen 24, sí, ¡años!, 21 y 10 respectivamente.



La verdad es que no sabía cómo empezar esta historia, y todavía creo aun no saberlo, a pesar de que ya lo hice.



Eso sí, puedo contarles como fue en mi caso.



Fui mamá a los 3 años de terminar mi secundaria. Con el papá de Gabriel y Paulino, nos casamos a mis 19, enamoradísimos y llenos de ganas de formar una familia, si era numerosa, mejor.



Pasé mi infancia creyendo que mis padres eran muy mayores para mi edad, por algunos sinsabores que viví, cosa que hacía que yo los viera poco o nada agiornados, y fundamentalmente no me entendieron casi nada. Y me formé la idea de que a los niños no les gustan los padres viejos. -Ya sé, una taradez, pero estaba convencida-. 



Siendo como desde niña muy curiosa y amante de la TV como compañía, no me perdía programa ni sección de pediatría, psicología, o de todo experto en temas de maternidad, límites, alimentación sana y todo lo que tiene que ver con la crianza de los niños. Pasando por el Dr. Socolinsky, hablando de la mentira del empacho y del mal de ojo, de alimentación saludable, hasta algún psicólogo refiriéndose a casos emblemáticos en Argentina de la época respondiendo sobre cómo prevenir casos de abuso sexual. Y solo les doy un par de miles de ejemplos más.



Hasta el día de hoy continúo en esa línea, de informarme muchísimo, buscando en las fuentes que a mi criterio son las más confiables para cada caso. Así que podría decirles que tengo casi 25 años de carrera en “crianza de hijos varones”, aunque los últimos 10 años la misma se aceleró gracias a la multilplicación de los recursos, que se volvieron infinitos, por los giros de la vida que me llevaron a especializarme en cada tema que nos involucraba. Para empezar, hace unos 10 años comencé a disfrutar del placer de la lectura, sin dejar de ser muy fanática del cine y las series. Lo practico tanto con libros en papel como vía internet.



Para qué negarles que muchas de mis lecturas devenían de inquietudes, otras veces de preocupaciones por alguna dificultad u obstáculo que aparece ante alguna conducta que ante mis ojos (aclaro que en aquel momento miraban como era yo: exigentes y estructurados) veía en ellos. Muchas otras por mera curiosidad y afinidad con la Psicología, con el fin de pulir mis acciones para su bienestar y así lograr que lleguen a ser personas de gran humanidad.



Así transcurrió la infancia de Gabriel y de Paulino, en un barrio de edificios, con plazas y espacios verdes diseminados, donde desde mi ventana podía verlos jugar…hamacas, toboganes, bicicleta, y más niños, con una libertad cuidada, y yendo al jardín de infantes y luego colegio, con las arduas jornadas infaltables e infinitas de la tarea en casa. Esto último considerado por mi al principio la única opción, y luego, a medida que se hacía enorme trabajo en casa y casi nada en los colegios, uno de los enormes garrones (como decimos en Buenos Aires) para padres e hijos. De colegios y tareas fueron desilusionándose, según analizo recién ahora, pues desde sala de 3 iban felices, y a medida que pasaban los años se fue perdiendo la magia, entre otras cosas muy básicas.



Recuerdo una anécdota que ocurrió en la primera adolescencia de Gabriel e infancia de unos sobrinos, donde yo les preguntaba –¿les gusta el cole? Ellos respondían sonriendo que sí. Y Gabriel les dijo: - Ya les va a dejar de gustar… ¿Qué tal? Y les confieso que así fue, menos con la nena, pero los dos varones dejaron de gustar del cole, como bien dijo Gabriel. Premonitorio hasta para mí, a quien le fascinaba el colegio desde la propia sala de 3. Eso de que me gustaba tanto, entre otras cosas lo atribuyo a un poco de ganas de despegar de problemas en casa y a mi espíritu competitivo y celoso, alimentado seguramente sin maldad por mis adorables seños y por mis padres: “Sos de las 2 mejores” “sos de las 3 mejores” “sos la mejor”. Anécdota: “mayor puntaje en el examen de ingreso a la secundaria, entre 180 aspirantes”…y así me fue a nivel soberbia y sus consecuencias.



Creo que es terrible para una persona soberbia encotrarse con los obstáculos que la vida te presenta. No lo es tanto para alguien a quien la humildad se le enseña desde pequeño. Este último no fue mi caso.



Así tuve que ir a terapia a mis 24 años, donde entre millones de cosas descubrí que ese pozo depresivo profundo en el que estaba, entre otros factores estaba impreso por mi perfeccionismo.



Ahora bien, saltearé épocas… si hace 15 años se cambió el chip de mi filosofía de vida que hasta el momento era muy…¡muy! estructurada, hace 11 me recibí de lo que yo llamaría “persona capaz de patear su propio tablero”. Aunque muchos le digan loca, que por cierto hoy ya lo siento como un halago.



A ver, nos conocimos con Marcelo, el papá de Lucca, mi pareja desde hacen 10 años y medio.



Gabriel y Paulino ya me buscaban novio, y cuando lo conocieron pegaron la mejor.



A partir de nuestra amistad, preguntaron si nos íbamos a poner de novios, y a partir de que sucedió, si iba a vivir con nosotros, y sin tiempo a responderles por completo, si íbamos a tener un hermanito…así de espontáneos y alegres. Siempre quisieron un tercer hermano, no me pregunten por qué. Además les cuento que a mis 3 hijos siempre les gustaron los bebés.



Cuando Lu nació creo que para sus hermanos fue amor a primera vista, pelearse por hacerle upa y por darle la mamadera era parte de lo cotidiano. Tenían 14 y 11 años respectivamente.





Y Laura me solicita hoy que cuente cómo es ser madre de tres varones de tan dispares edades…



Y puedo decirles: son muy ¡muy! diferentes, y yo fui siendo con cada uno muy diferente también.



Porque cada uno me enseñó alguna cosa, que con el siguiente vi que no funcionaba. Y también algunas otras que volvía a poner en práctica entre uno y otro y sí funcionaban en ambos casos. Igualmente hoy por hoy me doy cuenta de que nunca aprenderé lo suficiente para mi curiosidad. 



Pero hay algo que recién aprendimos cuando Lucca tenía 3 años: todos tenemos tiempos diferentes, pero literal, infinitamente diferentes, y por lo tanto tenemos necesidades diferentes. Tenemos talentos, inquietudes, fortalezas, habilidades y experiencias totalmente diferentes unos de otros, todos y cada uno de los seres humanos sobre la Tierra. Lo aprendimos a partir de llantos de los 4, cuando nos dijeron que “era” diferente. Fue una pesadilla, que es para otro relato, de la cual salimos progresivamente, juntos y con la compañía y el sostén amoroso de su neurólogo, sus fonoaudiólogas, su psicóloga y su psicopedagoga. Por supuesto también con la contención de mi psicóloga, su amor y su paciencia. Pero además con toda la información que no solo leí, vi, escuché, sino que DEVORÉ. Hoy Lucca tiene su alta, ya se cumplieron ni sé cuántos años de que la obtuvo, porque no recuerdo si fue en 2011 o en 2012, pero tampoco me preocupa.





Y yo, su mamá, estoy comprometida de por vida a brindarles a los tres mi paciencia (confieso que más reciente de lo que me gustaría), mi compañía, mis conocimientos, además de mi amor enorme. Pero principalmente a transitar junto a ellos el camino para llegar hasta el infinito de la felicidad de cada uno.




Cada niño se educa no solo de su mamá (cosa que en mi idilio con Gabriel y Paulino creí fervientemente), sino de su papá, de su hermano, primos tíos, abuelos y entorno en general.


Cada niño aprende de cada miembro de su familia, pero además enseña a cada miembro de su familia algo. Pero gente, ese algo es muy pero muy valioso, porque tiene una dimensión enorme, tal vez infinita. Como cada persona con la que uno se relaciona, que puede imprimir en nuestra vida muchísimo de su propia humanidad. 



Tal vez en algún momento tendí a generalizar, por eso les pido que sepan que solamente hablé de nuestra historia, de la de nuestra familia.





Y además un favor muy personal: que me envíen preguntas, porque estoy segura de que algo falta, siempre, cuando se trata de “contar” aunque sea parte de la vida de las personas.


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Para contactar con Liliana: Unschoolers en Argentina (Facebook)


viernes, 17 de julio de 2015

Londres con niños



Un día Damián me dijo que pronto se iba a celebrar la Minecon. 

Sí, yo también puse esa cara.

¿¿¡La qué!?? 

La Minecon, decía con toda naturalidad. Es la convención mundial de Minecraft, que se hace cada año en una ciudad diferente. Al parecer el año pasado no se celebró (tal vez porque Mojnag estaba en trámites de ser adquirida por Microsoft y había dudas de lo que pasaría con la empresa). Estuve pendiente del tema y, cuando se publicó el destino de 2015 y vi que era Londres, decidí que teníamos que ir. Pensé que tal vez tardaría años en volverse a celebrar tan cerca de casa. ¿Y si los años siguientes se hacía en Australia, Japón o Canadá? No sería tan fácil como ir a Londres y Damián está realmente metido en este mundillo, así que no lo dudé ni por un momento.

Conseguir entradas es difícil y sobre todo este año, que había mucha expectación por el hecho de que el año pasado no se celebrara. Para que os hagáis una idea: en la primera edición, en 2011, asistieron unas 200 personas. En la de 2015, 10.000.

La mitad de las entradas se pone a la venta un día concreto a una hora concreta y la otra mitad sale a la venta al día siguiente también a una hora determinada. Leí que, en años anteriores, se habían agotado en los tres primeros minutos. Pero, aún así, lo intenté. No lo conseguí pero tampoco me rendí. Seguí actualizando la página insistentemente, como Sheldon Cooper y sus amigos cuando intentaban conseguir entradas para la Comicon. Finalmente, alguien no debió conseguir completar la transacción y quedó una entrada disponible. ¡¡Horror!! No sabía qué hacer. Necesitaba al menos dos entradas. Idealmente, tres. Decidí comprarla porque sabía que luego podían devolverse. Así que la compré y seguí actualizando la página casi con desesperación. Media hora después, y en contra de todo pronóstico, aparecieron otras dos entradas disponibles. ¡¡Podíamos irnos los tres!!

Entonces decidimos que, ya que íbamos a Londres podíamos hacer un poco de turismo. Dos días de turismo y dos días de Minecon. Yo había estado dos veces en Londres pero eso fue antes de tener hijos, así que no sabía muy bien qué hacer esta vez. Finalmente, éstos son los lugares que visitamos (Londres da para mucho más, pero sólo teníamos dos días).

- Churchill War Rooms. Forma parte del Museo Imperial de la Guerra. Se pueden visitar las salas del gabinete de guerra, las oficinas bajo tierra desde donde Churchill y su equipo tomaron todas las decisiones sobre los movimientos británicos en la segunda guerra mundial. Cuando lo visité en el año 1996 sólo se podía ver el gabinete de guerra, pero ahora hay además un amplio museo sobre la vida de Winston Churchill con algunas aplicaciones interactivas, vídeos y objetos auténticos que le pertenecieron. La visita completa dura unos 90 minutos.



- Palacio de Westminster. No entramos, pero merece la pena verlo y dar un paseo por los alrededores. Vimos el Big Ben (que después Damián y su amigo Adri reprodujeron en Minecraft), las Casas del Parlamento, la Abadía de Westminster y el London Eye (la famosa noria a orillas del río Támesis). Desde allí fuimos caminando hasta Trafalgar Square a presentar nuestros respetos al almirante Nelson, a quien sentimos como propio dada su vinculación con la isla de Menorca (las lecciones de historia sobre el terreno siempre son las mejores).







- Museo de Historia Natural. Poco hay que decir sobre este museo. No pudimos ir al de Nueva York así que éste no nos lo perdíamos por nada del mundo. Aunque a mi, la verdad, no me gusta mucho la parte de los animales disecados... Pero, bichos aparte, es el típico sitio donde compraría la tienda entera.



- Museo de Ciencias. Fue, sin duda, el que más nos gustó a todos. Fuimos con unos amigos unschoolers que también estaban en Londres para ir a la Minecon. Lo mejor de este museo es que casi todo es interactivo y aprendes sin darte cuenta y divirtiéndote mucho. En realidad, yo aprendí algunas cosas que supuestamente me habían enseñado en el colegio. Si digo la verdad, casi tuvieron que echarnos porque era la hora de cerrar y no nos queríamos ir. Si hubiéramos tenido más días probablemente habríamos vuelto, porque la entrada es gratuita.









- Museo Británico. Una visita imprescindible en esta ciudad, sobre todo después de haber visto la película "Noche en el museo 3".

- Hyde Park. Fuimos porque nos venía de paso y teníamos un rato libre pero, sinceramente, prefiero el Parque del Retiro de Madrid. Eso sí, el Memorial a Diana de Gales es un lugar precioso, con un ambiente tranquilo y muy familiar. No dejéis de visitarlo si vais a Londres con niños pequeños.





La traca final del viaje fue la visita a la Minecon en la que, sin saberlo, ayudamos a obtener un record Guiness: el evento con mayor asistencia dedicado a un sólo videojuego. Fuimos 10.000 personas de todas las edades.




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miércoles, 8 de julio de 2015

Unschooling: qué es y, sobre todo, qué no es


*Boletín gratuito enviado el 6 de enero de 2015.





“Unschooling” significa, literalmente, “no escuela”. El término lo acuñó el profesor John Holt en la década de los 70, inspirado por un anuncio de 7 Up cuyo slogan era “there’s no cola like the uncola”. Se definía al refresco por contraposición a los clásicos refrescos de cola; se definía por lo que no tenía en vez de por lo que sí tenía. Así que a Holt se le ocurrió que era exactamente lo mismo que él proponía para la educación de los niños, una educación que se define por lo que no tiene de escolar en vez de definirla por lo que sí tiene. ¿Por qué? Porque los unschoolers no separamos el aprendizaje del resto de la vida, así que es casi imposible definirlo como “método” educativo en base a sus características si no es comparándolo con la escuela y poniendo el énfasis en la diferencia.


Pero ahora el unschooling se ha puesto de moda (lo cual no es para nada una buena noticia), hay gente que escribe sobre ello sin conocerlo y, peor aún, hay gente que decide practicarlo sin conocerlo bien o sin haberlo comprendido. Se está reduciendo el unschooling a algo así como “dejar al niño en libertad, para que aprenda solo, sin intervención de los adultos”. Eso lleva fácilmente a una dejación de funciones por parte de los padres.



El principio básico del unschooling es que no se separa el aprendizaje del resto de la vida. Se parte de la convicción de que se puede aprender (y de hecho, se aprende) en todo momento y lugar. Desde este punto de vista es igual de educativa una clase magistral, como una exposición, un libro, una película, un juego o un paseo por el campo. En realidad el aprendizaje ni siquiera es el objetivo fundamental. El objetivo de la familia unschooler es el desarrollo personal de cada uno de sus miembros y la convivencia armónica y pacífica en la familia. El aprendizaje no es más que un deseable efecto secundario de una vida plena.



Si el padre asume el rol de profesor, será homeschooler pero no unschooler. Esto no es un juicio, sino un hecho. No hay nada de malo en ser homeschooler. Pero para ser verdaderamente unschooler uno tiene que librarse de la inercia de convertirse en profesor, de extraer lecciones de cada cosa que se haga y se diga. Los padres unschoolers no damos lecciones a nuestros hijos. Tenemos conversaciones con ellos, como las tendríamos con otros adultos o con niños cuya educación no sea nuestra responsabilidad.



Se suele decir que el interés debe partir del niño y que, si no es así, no es unschooling. Ese tipo de afirmación sólo puede hacerla alguien con la mente muy escolarizada porque lo importante no es el origen del interés sino su satisfacción. El papel de los padres, precisamente, es el de proporcionar un entorno rico en experiencias y estímulos variados, de modo que el niño tenga muchas opciones a su alcance y pueda probar y descartar las que quiera cuando quiera. Al contrario de lo que algunos parecen entender, el padre unschooler no se queda sentado esperando que un interés despierte en el niño. Un padre unschooler está presente, está disponible para sus hijos, habla con ellos, les enseña lo que hace, los lleva a ver y hacer todo tipo de actividades y está siempre dispuesto a responder a sus preguntas y a buscar cuantos recursos sean necesarios para que los niños puedan satisfacer sus intereses, sean éstos cuáles sean.



El peligro está en simplificar y reducir el unschooling a cuatro frases bien-sonantes, slogans que parecen válidos si uno se queda sólo en la superficie. Veamos, como ejemplo, este texto que compartí hace unos días en Facebook:



“Es una modalidad educativa dentro del homeschooling.” Esto es cierto; el unschooling es una de las muchas formas que existen de hacer homeschooling, es decir, de educar a los niños sin escolarizarles.



“Se basa en dos premisas fundamentales: El aprendizaje debe partir única y exclusivamente por parte del niño/a”. Como dije antes, el origen del interés por aprender es irrelevante. Es perfectamente legítimo -y sigue siendo unschooling- que un padre músico, por ejemplo, enseñe a sus hijos cómo se toca el piano, cómo son las partituras y cómo se hace el mantenimiento del instrumento. Si eso despierta el interés del niño y éste decide tomar lecciones de piano o intentar aprender por si mismo, entonces seguimos estando ante una familia unschooler. El interés ha partido del padre y se lo ha trasladado al niño sin imposiciones ni chantajes. Siempre que haya habido respeto y el niño haya tenido libertad de decidir, seguirá siendo unschooling.



“y hay que acompañar al niño/a en ese proceso.” Depende de lo que se entienda por “acompañar”. El padre unschooler estará siempre atento a lo que hagan sus hijos, hablará con ellos y compartirá todos los aprendizajes que ambos deseen compartir. A veces, acompañar al niño significa precisamente dejarle libre, quitarse de enmedio, dejarle tiempo y espacio para hacer las cosas a su manera; sin desaparecer, pues el niño debe saber que seguimos estando ahí para él siempre que nos necesite o nos quiera formando parte activamente de sus actividades.



“Cuando la voluntad e interés del niño/a se manifiesta sin intervención previa del adulto/a, estaremos hablando de unschooling.” También aquí depende de la definición que demos a la “intervención”. ¿Es intervenir lo que hizo el padre músico del ejemplo anterior? ¿Es intervenir llevar al niño a una exposición sobre la Segunda Guerra Mundial que acabe despertando en el niño el interés por la historia? “Intervenir”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es “tomar parte en un asunto”. Y es innegable que los padres unschoolers tomamos parte en la educación y en la vida de nuestros hijos.




“Es un aprendizaje no estructurado”. No es una educación estructurada en el sentido de tener una programación anual, con unos objetivos a cumplir y una organización del tiempo y de los recursos como sí tienen algunos homeschoolers y como se tiene en la escuela. Pero el aprendizaje muchas veces sí es estructurado. Un unschooler puede decidir ir a la escuela de música para aprender a tocar el violín porque es muy difícil aprender por uno mismo, sin un profesor que te guíe y te enseñe, pero no por ello dejará de ser unschooler.




“El adulto no hace propuestas formativas ni académicas.” El adulto puede y debe hacer propuestas porque conoce bien al niño y en ocasiones puede pensar que cierta actividad puede gustarle, aunque sea “académica”. Cuando mi hijo se interesó por el karate le propuse que se apuntara a un curso. ¿Es eso una “propuesta formativa”? ¡Desde luego que lo es! ¿Nos convierte eso en no-unschoolers? ¡Por supuesto que no! En realidad, los padres unschoolers nos pasamos casi todo el tiempo haciendo propuestas.




“No debemos confundir al unschooling con dejar al niño sin cuidados o supervisión, todo lo contrario.” Y sin embargo, a causa de artículos como éste mismo hay familias que se lanzan a la aventura del unschooling sin haberlo comprendido, creyendo que deben callar cada vez que se les pase por la cabeza la idea de sugerir a sus hijos una actividad que parezca “formativa” o “académica”, que creen que deben ser sólo espectadores en las vidas de sus hijos que, por generación espontánea, van a desarrollar intereses y a completar aprendizajes sin la ayuda de nadie.



Por ello algunas familias deciden, tras semanas o meses de intentarlo, que el unschooling “no funciona” o que el unschooling “no es para ellos”. La verdad es que el unschooling sí funciona; lo que no funciona es dejar a los niños solos ante el mundo para que lo exploren y descubran sus intereses y hagan sus aprendizajes. En el unschooling los padres tenemos un papel activo. Muy activo, en realidad. Cierto que no nos sentamos al inicio del curso (porque para nosotros el año empieza en enero y no en septiembre) a escribir la lista de nuestros objetivos y la planificación para todo el año. Cierto que no decidimos qué van a aprender nuestros hijos, ni cómo ni cuándo van a aprenderlo. Pero sí nos dedicamos a explorar nosotros mismos todo el mundo que nos rodea buscando cosas que puedan interesar a nuestros hijos. Organizamos actividades y salidas culturales, sociales y lúdicas con la expectativa de que algo resonará con nuestros hijos y querrán seguir investigando alguno de los temas que hayan descubierto en esas actividades organizadas y propuestas por nosotros.



El primer paso, por supuesto, es la desescolarización interior. Difícilmente un adulto podrá hacer unschooling con sus hijos si previamente no se ha desescolarizado a nivel mental y emocional. Como siempre, Sandra Dodd lo explica maravillosamente bien:



"No se trata de “solo decir no”. Solo decir no a los años académicos y los horarios escolares y las expectativas de la escuela, los hábitos y miedos y terminología de la escuela. Solo decir no a la separación del mundo entre cosas que son importantes y cosas que no lo son, separar el conocimiento en matemáticas, ciencia, las artes de la historia y la lengua, con la música, el arte y la educación física ocupando sus pequeños lugares insignificantes.


La mayor parte del Unschooling debe ocurrir en el interior de los padres. Necesitan dedicar algún tiempo a catalogar lo que es real y lo que es estructurado, lo que ocurre en la naturaleza y lo que únicamente ocurre en la escuela (y, por tanto, en las mentes de aquellos a los que les dijeron que la escuela era la vida real, que la escuela era el trabajo a tiempo completo de los niños, que la escuela era más importante que cualquier otra cosa, que la escuela los apartaría de la ignorancia, que la escuela los haría felices y ricos y correctos). Es lo que ocurre después de que todas estas ideas sobre la escuela sean desterradas de tu vida.”





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