martes, 6 de enero de 2015

Educar en casa como modo de vivir


Por Elizabeth Sánchez



Educar en casa como modo de vivir



Hay personas que me preguntan cómo nos organizamos para educar en casa, que si hago de profesora, que si tenemos un aula, un horario, qué método seguimos….




Al principio no me daba cuenta de lo que me sonaba mal en todas estas preguntas, aunque siempre les contestaba con detalles. Ahora, con el paso de los años, he entendido que todas estas personas plantean las preguntas de esta forma porque siguen separando el aprendizaje – la educación de los hijos – de la vida real y de la vida familiar.



Que quede claro, educar en casa es un modo de vivir, no algo aparte, algo ajeno a nuestra vida diaria; no se trata de horarios o métodos, se trata de moldear nuestra vida familiar de tal forma para que podamos vivir el proceso de aprendizaje-educación con placer y provecho y enlazado a nuestros quehaceres cotidianos.



Quizá por eso empezamos a educar en casa sin darnos cuenta. Es decir ya educábamos en casa desde que nacieron los niños, sólo que, oficialmente, “empezamos” cuando decidimos SEGUIR haciéndolo y no llevar a los niños al colegio. Pero esta decisión no cambió para nada nuestra rutina, simplemente seguimos ocupándonos de ellos, charlando, saliendo con ellos, seguimos contestando a sus preguntas y explicando lo que deseaban saber, seguimos compartiendo experiencias, llevándolos a sus actividades extra escolares, seguimos viajando juntos, viendo conciertos o películas juntos – seguimos siendo padres que acompañan a sus hijos en el proceso de descubrir cómo funciona el universo, y en el de construir su propia conciencia. Nada cambió.



Por estos motivos no aconsejo un cierto método para educar en casa, sino aliento a los padres a observar tranquilamente a sus hijos y a acompañar. Educar en casa como modo de vivir implica una cierta camaradería entre padres e hijos, implica este respeto al que tanto nombro en cuanto a los intereses, talentos, habilidades y ritmos de los niños, y – qué duda cabe – implica el cariño y la complicidad que tienen los que comparten la vida. No me canso de decirlo, los niños no deben sentirse observados críticamente, ni presionados, sino acompañados.



Sé que hay padres que eligen educar en casa para hacer de sus hijos unos “superdotados”, y son los que están muy preocupados por los “métodos”, por los horarios, por los materiales, por tener un “aula”; son padres que ven la educación de sus hijos como un campo de batalla y de competición, y son los que me dicen que la vida es “dura”, que es una “jungla” y que los niños deben estar preparados para la “lucha”. No cabe duda que es un planteamiento igual de válido como el que propongo yo, pero mete mucha presión y ya el objetivo inicial de una educación como ayuda a la formación de un ser humano se transforma en una especie de adiestramiento alterando la noción del aprendizaje como parte de la vida.



Nos cuesta desprogramarnos, quitarnos de la mente el modelo escolar, todavía creemos que el adiestramiento – por muy desagradable y antinatural que sea – nos garantiza el futuro profesional y personal. Hay muchos estudios – y la evidencia – que demuestran que no es así, pero tantos años de lavado de cerebro pesan más.



Nosotros hemos deseado acompañar a nuestros hijos en su aprendizaje, nos pareció lo más práctico y sano; partimos de la base que unos niños que han recibido una educación respetuosa con su desarrollo individual son niños felices, y esta es una buena base para su crecimiento como personas adultas, capaces de aportar cosas buenas a la sociedad de la que forman parte.



La pregunta o la duda más frecuente que me presentan los padres es que “de esta forma los niños no aprenden nada porque no les gusta estudiar, son unos vagos y lo único que quieren es jugar”. A esto les contesto por experiencia (como madre y como observadora de otros niños educados en casa) que 1. en efecto, a los niños les encanta jugar, pero eso no significa que sean “vagos”, sino que aprovechan el recurso natural de aprendizaje de todos los mamíferos: ¡el juego!; 
y 2. que no es verdad que a los niños no les guste aprender (y hago una diferencia entre aprender y estudiar, entre comprender y memorizar sin más), todo lo contrario, les encanta, pero necesitan mucho tiempo, años, para construir su disciplina, para descubrir/ser consciente de su manera de asimilar los conocimientos. Además hay un tercer aspecto que pocos tienen en cuenta cuando piensan en la opción de educar en casa: hasta los 11-12 años los niños no tienen todavía la experiencia vital necesaria para comprender de forma consciente muchas nociones teóricas, para desarrollar unos criterios acerca de su propio aprendizaje y de su persona. 



Cuando un bebé nace en este mundo empieza a vivir en un universo en tres dimensiones al que necesita descubrir a su manera – con ayuda y acompañado por sus padres – y este proceso tiene lugar a lo largo de muchos años expresándose a través del juego, la herramienta principal de aprendizaje.



Si la educación ha sido respetuosa con este desarrollo natural, a partir de los 11-12 años son los propios niños los que empiezan a estructurarse buscando su propio orden, construyendo su manera de clasificar las cosas que le rodean, desarrollando su propia disciplina – es casi un proceso inevitable y natural.



Nosotros quisimos vivir este proceso natural y, aparte de alentar expresamente el aprendizaje de la lecto-escritura y las cuatro operaciones básicas matemáticas utilizando materiales algo más clásicos, no quisimos interferir más porque esto habría significado la separación forzosa de las disciplinas por “asignaturas”, justo lo que nosotros deseábamos evitar.



También hay padres que dudan de sus capacidades como “acompañantes-en-aprendizaje” para sus hijos. No olvidemos que hasta que las escuelas se impusieran como “obligatorias” todos los padres acompañaban a sus retoños en el proceso de aprender y ninguno tenía miedo a ser “mal profesor”. El miedo surgió a raíz de la imposición estatal de un supuesto “currículo obligatorio” y “benéfico” por el que tenían que pasar todos los niños.



Así que para mí, cuando empezamos a educar en casa, la primera cuestión fue: ¿es realmente necesario el currículum oficial para niños de esta edad? Mi respuesta fue que no. Que simplemente es algo impuesto casi aleatoriamente por un grupo de personas que igual no saben nada de aprendizaje, pero sí mucho de adoctrinamiento y robotización de mentes.



Las dudas de los padres acerca de su propia idoneidad como enseñantes parten del miedo que tienen a no poder “enseñar” el programa escolar oficial y de la seguridad, por otro lado, de que este programa es “obligatorio” para el buen desarrollo intelectual y académico de los críos; en realidad no lo es, y menos para niños de edades más cortas. El programa oficial está diseñado por razones más bien políticas y económicas que por el bienestar y el desarrollo de los niños. Se puede prescindir de él, es más, hasta sería aconsejable hacerlo si es posible.



Y otra cuestión que se plantean los padres es “la socialización”. En esto también nos han engañado haciéndonos creer que la socialización debe realizarse con niños de la misma edad y, evidentemente, eso no es verdad, ni está avalado por estudios científicos, ni por la realidad.



La socialización natural y correcta de un niño debe tener lugar con adultos principalmente, sobre todo familiares y amigos que dan este entorno de seguridad en el que un niño crece sano y feliz. Si hay también otros niños a medida de que vayan creciendo, por supuesto que es enriquecedor, pero no tan necesario como nos dicen continuamente “los expertos”.



Precisamente si la educación en casa hace parte del modo de vivir de la familia la socialización tiene lugar a través de las relaciones que tiene la familia con la sociedad, en general: visitas, recados, trabajo, salidas etc.



Una vez resueltos estos dos puntos tan importantes pensé en el tercero: ¿cómo rodear a mis hijos estímulos intelectuales, culturales, académicos, sociales, emocionales etc. de la mejor manera posible, cómo hacer que ellos los aprovechen? La respuesta fue bastante fácil: utilizándolos nosotros, los padres, y transformando nuestra casa en nuestro “centro de aprendizaje”, cuidando que esté siempre muy al día, y en las mejores condiciones (según nuestras posibilidades y necesidades, claro está).



Por eso pienso que veo difícil el proceso de la educación en casa si no se asimila en la vida diaria, si no se transforma en una manera de vivir, si no se vive como una responsabilidad de la familia. 



De todas formas, con mi artículo no pretendo desanimar a nadie, sino más bien al revés: escribo hoy todo esto para dar ánimo a todos los padres que desean educar en casa, para alentarlos a desescolarizar su mente y para abrirse a nuevos universos de aprendizaje y de vida, es necesario un cambio de paradigma para que el sistema evolucione, las escuelas mismas están estancadas, el sistema está bloqueado y la única esperanza al final queda en nosotros para ir transformando y mejorando el campo de la educación. Y lo primero es verlo como algo que se vive día a día, algo que está enraizado en nosotros y es bueno que sea así, que seamos responsables de ello.