lunes, 26 de enero de 2015

La otra carta [Archivo del boletín]



En el boletín de la semana pasada (puedes leerlo aquí) dije que esta semana iba a hablar sobre las aficiones no compartidas, un tema que trato en mis cursos de La Desescolarización Interior y que suele tener un gran impacto entres mis alumnos.

Ayer no pude enviar mi boletín (procuro enviarlo los martes) pero me alegro de no haberlo hecho porque hoy en Twitter me han enseñado un vídeo que no conocía y que tiene mucho que ver con el tema del que quería hablar. Se trata de un anuncio de Ikea que se titula "La otra carta". En el vídeo participan diez familias. Primero, los niños tienen que escribir una carta a los Reyes Magos. Como es de esperar, todos los niños piden juguetes. Después tienen que escribir otra carta, pero ésta es para sus padres. Al principio no saben qué poner en la carta pero, poco a poco, se ponen a escribir y todos acaban pidiendo las mismas cosas: "quiero que me hagas cosquillas", "que cenéis con nosotros", "que juegues conmigo al fútbol" y un largo etcétera que se resume en una sola cosa: quiero que estéis conmigo. O como bien lo expresa una de las madres: "siempre intentamos darles lo mejor y no nos damos cuenta de que lo mejor somos nosotros".

Todos los niños, si nos tomáramos la molestia de escucharles, piden una sola cosa: la presencia de sus padres.

¿Qué tiene que ver el anuncio de Ikea con el tema del que prometí hablar hoy? ¡Mucho! Ahora veréis por qué:

Cuando desescolaricé a mi hijo (él tenía 3 años) leí ávidamente todo lo que caía en mis manos sobre este tema. Una de mis autoras preferidas desde esa época sigue siendo Sandra Dodd cuyos consejos fueron la muleta en la que me apoyé cuando iniciaba este camino.

Sin embargo, llega un momento en que uno debe dejar de leer, dejar de fijarse en lo que hacen los demás, en lo que hicieron los que anduvieron antes el camino, y empezar a construir uno propio. Ese momento llegó para mi con el conflicto de las aficiones no compartidas.

Sandra tiene la idea de que, cuando tienes hijos, debes participar activamente de sus aficiones y debes hacerlo con gusto y disfrutarlo. Lo compara con lo que supuestamente hacen las parejas que están enamoradas: comparten las aficiones del otro porque les importa y quieren saber más sobre aquello que les gusta. Así que, al principio, me obligué a seguir su consejo. Pero era eso, una obligación auto-impuesta. Algunas cosas las disfrutaba. Otras, no. Intenté cambiar mi actitud pero resultaba forzado. Hasta que me pregunté si no sería más saludable para nuestra relación que cada uno pudiera dedicarse a aquello que quisiera sin necesidad de tener que hacerlo juntos. Ser sincera con él en cuanto a mis gustos y necesidades, enseñarle y aprender el respeto mutuo cuando queríamos hacer cosas diferentes.

Al final conseguí encontrar el equilibrio en este punto: me intereso siempre por todo lo que le gusta a mi hijo, le pregunto, le escucho, intento aprender qué es lo que hace y por qué le gusta, pero no me siento obligada a ser parte activa de sus aficiones. Ésa fue una decisión liberadora.

El equilibrio está, precisamente, en darle lo que reclaman esos niños del anuncio de Ikea: mi presencia. Eso no significa que tenga que implicarme activamente en actividades que no me gustan. No lo hago con mi pareja, no veo el fútbol ni las películas que le gustan; y tampoco lo hago con mi hijo, no juego al Minecraft ni juego al Lego. Pero siempre, siempre, estoy presente para ellos. Les escucho cuando me hablan de esas cosas, les escucho con interés genuino, procuro entenderlo y me alegro por ellos.

Me interesa mucho saber cómo manejan este tema otras familias, así que si queréis me lo podéis contar en la página de Facebook o por email (info@lauramascaro.com).





Suscríbete a mi boletín semanal gratuito

No hay comentarios: