miércoles, 6 de mayo de 2015

Cómo convencer a tu marido de que educar en casa es una buena idea



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*Boletín gratuito enviado el 2 de abril de 2015.


“Quiero educar en casa, pero mi marido no está muy convencido. ¿Qué puedo hacer?”- No sé ni cuántas veces me han hecho esta pregunta. Incluso han comprado mis libros y me han pedido que se los dedicara a los maridos, “ a ver si así…”. Nadie me ha escrito nunca para decirme que lo de regalarles el libro hubiera funcionado. Dudo mucho que lo haya hecho alguna vez.



El caso es que firmar un libro no me cuesta nada pero dar consejos sobre cómo convencer a los maridos ya es otra historia. Casi siempre me he negado por una sencilla razón: he sido madre soltera durante 9 años. He tomado todas las decisiones sola. No he tenido que convencer a nadie. No he tenido que convencer a un marido ni de educar en casa, ni de criar de cierta forma, ni de ir de vacaciones a mi lugar de preferencia, ni de ninguna otra cuestión. Tengo cero experiencia en este campo así que no entendía por qué me preguntaban a mi. Pero después de conocer a muchas parejas en esta situación (mujer quiere convencer a marido, salvo en una honrosa excepción en la que era el marido el que quería convencer a su mujer) y con la perspectiva y la neutralidad de quien lo ve desde fuera, sin implicaciones personales ni emocionales, he llegado a algunas conclusiones y ya me atrevo a dar algunos consejos. Si usted los aplica y le funciona, le ruego que me escriba para contármelo.





La semana pasada entrevisté a Francisco Rubia para el documental que estamos realizando para la Plataforma por la Libertad Educativa (si quieres colaborar, clica aquí. Gracias). Resulta que el profesor Rubia ha escrito un libro titulado “El sexo del cerebro” y me contó, no sólo cómo aprendemos los humanos, sino cómo y por qué aprendemos y nos comportamos de forma diferente los hombres y las mujeres. El resumen que hace es: “El cerebro femenino es mejor para empatizar con otros. El cerebro masculino, para analizar, explorar y sistematizar.”


Y ahí se encendió una lucecita en mi cabeza. Entendí por qué a las mujeres les cuesta convencer a sus maridos de que educar en casa es la mejor opción para sus hijos: es porque se enfocan en lo emocional pero los hombres son analíticos, necesitan argumentos racionales, datos que puedan analizar y comparar y que les van a servir de base para sus conclusiones.



Así que el primer consejo sería: dale datos. ¿Qué tipo de datos? Se me ocurren varios: la cantidad de horas que los niños escolarizados han de dedicar a sus obligaciones y las escasas horas verdaderamente libres que les quedan (9 horas semanales según John Taylro Gatto); la cantidad de horas realmente necesarias para aprender a leer, a escribir y la aritmética básica (no más de 100 horas, siempre que se haga en el momento en que el niño está dispuesto y preparado para ello); el nivel de estudios formales de los homeschoolers adultos, su grado de participación social y sus fuentes de ingresos por comparación con los adultos que fueron escolarizados (pueden encontrarlos en el estudio “15 years later” realizado en Canadá en el año 2009); el porcentaje de alumnos admitidos en universidades como Stanford (27% de los aspirantes homeschoolers frente al 5% de los aspirantes escolarizados); el porcentaje de analfabetismo funcional y de fracaso escolar en tu país; y un largo etcétera. Por ejemplo, si a tu marido le preocupa la situación legal del homeschooling (algo muy probable si vives en España) dale datos también sobre eso: porcentajes de familias denunciadas y condenadas; consecuencias que pueden tener; formas de acceder a los títulos oficiales o de entrar en el sistema reglado, etc.



El segundo consejo es: dale ejemplos reales. Tú conoces mejor que nadie a tu marido (o al menos, le conoces mejor que yo) así que tú sabrás qué tipo de ejemplos son más convenientes para él. Puedes enseñarle reportajes y documentales, o darle artículos y blogs para leer o invitarle a algún encuentro homeschooler donde pueda conocerlos en persona.



Y el tercer y más importante consejo es: no arriesgues tu matrimonio y el equilibrio familiar por tu idea de cómo debería ser la educación de tus hijos. Esto es cosa de dos (sin incluir a los niños) así que, si él está completamente cerrado a esta opción, no lo fuerces, pues un hogar feliz siempre es mucho mejor para cualquier niño que poderse poner la etiqueta de homeschooler o unschooler. Hay muchas cosas que puedes hacer por tus hijos aunque vayan a la escuela, y darles una infancia feliz en una familia unida es la mejor de ellas.



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