miércoles, 10 de junio de 2015

¿Te puedes divertir a cualquier hora del día?




*Boletín gratuito enviado el 6 de mayo de 2015.



Recientemente he tenido algunos clientes que me han planteado cuestiones muy interesantes. Sobre una de ellas ya hablé en un boletín del pasado mes de abril (puedes leerlo aquí). Muchas mujeres piden consejo sobre cómo convencer a sus maridos de que educar en casa es una buena opción para su familia. Además de lo que comenté en el boletín, algunas personas compartieron su experiencia y dijeron cosas cómo éstas:



-Decirle que sale más barato que llevarlo a la escuela
-Darle libros y artículos de John Holt, John Taylor Gatto y Sandra Dodd
-Enseñarle vídeos sobre homeschooling
-Hablar (conversar) mucho pero sin presionar y con la mente abierta
-Intentar que hable con otros hombres (a veces les hacen más caso que a sus propias mujeres, comenta alguien)
-Llevarle a encuentros para que conozca a familias que ya educan en casa





Otro tema interesante es el de la gestión del tiempo. La mayoría de las veces cuando me preguntan por esto se refieren a cómo organizarse para que les de tiempo a trabajar, ocuparse de los niños, organizar la casa, hacer las compras, cocinar, etc. Pero de vez en cuando la pregunta va más bien dirigida a tratar de comprender la aplicación práctica del concepto del unschooling. En el unschooling no se distingue el tiempo de aprendizaje del resto de la vida, por tanto, todas las actividades (TODAS) tienen exactamente el mismo potencial educativo. Por eso, cuando me preguntan cuánto tiempo dedico a la educación de mi hijo nunca sé si contestar 0 horas diarias o 24 horas diarias, principalmente porque sé que mi interlocutor está pensando en cuántas horas me siento con mi hijo a "estudiar" y a "enseñarle". Pero el unschooling no funciona así.



La semana pasada un cliente lo expresó de esta manera: "Las cosas divertidas se hacen por la tarde o el fin de semana, cuando has terminado tus obligaciones". Me gustó su forma de expresarlo porque es lo que mucha gente piensa aunque no sepan verbalizarlo. Durante muchos años hemos estado inmersos en un sistema que nos ha programado para pensar así. Primero cumples tus obligaciones. Madrugas, vas al trabajo o a la escuela, comes, arreglas tu casa y, después, si te queda algo de tiempo, puedes hacer lo que te apetezca: leer, ver la tele, hacer punto de cruz o irte al bar a tomar unas cañas. No importa cuál sea la actividad específica, lo que importa es que estás dividiendo tu tiempo en tiempo de obligaciones y tiempo de ocio. Es muy conveniente, especialmente cuando uno se está desescolarizando, replantearnos el concepto del tiempo y de las actividades que nos permitimos o no nos permitimos hacer en cada momento.




Una de las tareas que propongo en mis talleres de la Desescolarización Interior consiste precisamente en hacer algo, al menos un día, que te haga sentir incómodo porque consideras que "no toca" en ese momento. Para unos puede ser ver una película un lunes a las 11 de la mañana (¡y mejor en pijama!), para otros puede ser cenar un desayuno o comer fuera de las horas habituales, para otros, ir al parque por la mañana. Hay muchas opciones. Lo importante es tomar conciencia de esta limitación que nos imponemos (porque nos han programado para que nos la auto-impongamos) y probarlo aunque sea sólo una vez, para comprobar que no se acaba el mundo, que no pasa nada por hacer actividades que consideramos nocturnas o de fin de semana cualquier día por la mañana (o viceversa).



Cuando ibas al colegio tenías que madrugar, tal ves desayunar a toda prisa, ir a la escuela, comer, hacer los deberes, ir a las extraescolares, cenar y, por la noche, tenías un ratito de tiempo libre para hacer lo que quisieras. Pero ahora estás desescolarizando a tus hijos. Ahora sois dueños de vuestro propio tiempo. ¿Qué te parecería levantarte sin despertador y desayunar con calma? ¿Qué te parecería no planificar el día e ir improvisando sobre la marcha? Cuando consigas cambiar tu percepción del tiempo habrás dado un gran paso en tu camino de desescolarización interior. Después, obviamente, puedes organizar tu tiempo como quieras y planificar cuánto quieras, pero es preciso deshacerse primero de esa necesidad, sobre todo porque es una necesidad ficticia, impuesta por un sistema que nos ha robado el tiempo y la libertad prácticamente desde el nacimiento.




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