miércoles, 8 de julio de 2015

Unschooling: qué es y, sobre todo, qué no es


*Boletín gratuito enviado el 6 de enero de 2015.





“Unschooling” significa, literalmente, “no escuela”. El término lo acuñó el profesor John Holt en la década de los 70, inspirado por un anuncio de 7 Up cuyo slogan era “there’s no cola like the uncola”. Se definía al refresco por contraposición a los clásicos refrescos de cola; se definía por lo que no tenía en vez de por lo que sí tenía. Así que a Holt se le ocurrió que era exactamente lo mismo que él proponía para la educación de los niños, una educación que se define por lo que no tiene de escolar en vez de definirla por lo que sí tiene. ¿Por qué? Porque los unschoolers no separamos el aprendizaje del resto de la vida, así que es casi imposible definirlo como “método” educativo en base a sus características si no es comparándolo con la escuela y poniendo el énfasis en la diferencia.


Pero ahora el unschooling se ha puesto de moda (lo cual no es para nada una buena noticia), hay gente que escribe sobre ello sin conocerlo y, peor aún, hay gente que decide practicarlo sin conocerlo bien o sin haberlo comprendido. Se está reduciendo el unschooling a algo así como “dejar al niño en libertad, para que aprenda solo, sin intervención de los adultos”. Eso lleva fácilmente a una dejación de funciones por parte de los padres.



El principio básico del unschooling es que no se separa el aprendizaje del resto de la vida. Se parte de la convicción de que se puede aprender (y de hecho, se aprende) en todo momento y lugar. Desde este punto de vista es igual de educativa una clase magistral, como una exposición, un libro, una película, un juego o un paseo por el campo. En realidad el aprendizaje ni siquiera es el objetivo fundamental. El objetivo de la familia unschooler es el desarrollo personal de cada uno de sus miembros y la convivencia armónica y pacífica en la familia. El aprendizaje no es más que un deseable efecto secundario de una vida plena.



Si el padre asume el rol de profesor, será homeschooler pero no unschooler. Esto no es un juicio, sino un hecho. No hay nada de malo en ser homeschooler. Pero para ser verdaderamente unschooler uno tiene que librarse de la inercia de convertirse en profesor, de extraer lecciones de cada cosa que se haga y se diga. Los padres unschoolers no damos lecciones a nuestros hijos. Tenemos conversaciones con ellos, como las tendríamos con otros adultos o con niños cuya educación no sea nuestra responsabilidad.



Se suele decir que el interés debe partir del niño y que, si no es así, no es unschooling. Ese tipo de afirmación sólo puede hacerla alguien con la mente muy escolarizada porque lo importante no es el origen del interés sino su satisfacción. El papel de los padres, precisamente, es el de proporcionar un entorno rico en experiencias y estímulos variados, de modo que el niño tenga muchas opciones a su alcance y pueda probar y descartar las que quiera cuando quiera. Al contrario de lo que algunos parecen entender, el padre unschooler no se queda sentado esperando que un interés despierte en el niño. Un padre unschooler está presente, está disponible para sus hijos, habla con ellos, les enseña lo que hace, los lleva a ver y hacer todo tipo de actividades y está siempre dispuesto a responder a sus preguntas y a buscar cuantos recursos sean necesarios para que los niños puedan satisfacer sus intereses, sean éstos cuáles sean.



El peligro está en simplificar y reducir el unschooling a cuatro frases bien-sonantes, slogans que parecen válidos si uno se queda sólo en la superficie. Veamos, como ejemplo, este texto que compartí hace unos días en Facebook:



“Es una modalidad educativa dentro del homeschooling.” Esto es cierto; el unschooling es una de las muchas formas que existen de hacer homeschooling, es decir, de educar a los niños sin escolarizarles.



“Se basa en dos premisas fundamentales: El aprendizaje debe partir única y exclusivamente por parte del niño/a”. Como dije antes, el origen del interés por aprender es irrelevante. Es perfectamente legítimo -y sigue siendo unschooling- que un padre músico, por ejemplo, enseñe a sus hijos cómo se toca el piano, cómo son las partituras y cómo se hace el mantenimiento del instrumento. Si eso despierta el interés del niño y éste decide tomar lecciones de piano o intentar aprender por si mismo, entonces seguimos estando ante una familia unschooler. El interés ha partido del padre y se lo ha trasladado al niño sin imposiciones ni chantajes. Siempre que haya habido respeto y el niño haya tenido libertad de decidir, seguirá siendo unschooling.



“y hay que acompañar al niño/a en ese proceso.” Depende de lo que se entienda por “acompañar”. El padre unschooler estará siempre atento a lo que hagan sus hijos, hablará con ellos y compartirá todos los aprendizajes que ambos deseen compartir. A veces, acompañar al niño significa precisamente dejarle libre, quitarse de enmedio, dejarle tiempo y espacio para hacer las cosas a su manera; sin desaparecer, pues el niño debe saber que seguimos estando ahí para él siempre que nos necesite o nos quiera formando parte activamente de sus actividades.



“Cuando la voluntad e interés del niño/a se manifiesta sin intervención previa del adulto/a, estaremos hablando de unschooling.” También aquí depende de la definición que demos a la “intervención”. ¿Es intervenir lo que hizo el padre músico del ejemplo anterior? ¿Es intervenir llevar al niño a una exposición sobre la Segunda Guerra Mundial que acabe despertando en el niño el interés por la historia? “Intervenir”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es “tomar parte en un asunto”. Y es innegable que los padres unschoolers tomamos parte en la educación y en la vida de nuestros hijos.




“Es un aprendizaje no estructurado”. No es una educación estructurada en el sentido de tener una programación anual, con unos objetivos a cumplir y una organización del tiempo y de los recursos como sí tienen algunos homeschoolers y como se tiene en la escuela. Pero el aprendizaje muchas veces sí es estructurado. Un unschooler puede decidir ir a la escuela de música para aprender a tocar el violín porque es muy difícil aprender por uno mismo, sin un profesor que te guíe y te enseñe, pero no por ello dejará de ser unschooler.




“El adulto no hace propuestas formativas ni académicas.” El adulto puede y debe hacer propuestas porque conoce bien al niño y en ocasiones puede pensar que cierta actividad puede gustarle, aunque sea “académica”. Cuando mi hijo se interesó por el karate le propuse que se apuntara a un curso. ¿Es eso una “propuesta formativa”? ¡Desde luego que lo es! ¿Nos convierte eso en no-unschoolers? ¡Por supuesto que no! En realidad, los padres unschoolers nos pasamos casi todo el tiempo haciendo propuestas.




“No debemos confundir al unschooling con dejar al niño sin cuidados o supervisión, todo lo contrario.” Y sin embargo, a causa de artículos como éste mismo hay familias que se lanzan a la aventura del unschooling sin haberlo comprendido, creyendo que deben callar cada vez que se les pase por la cabeza la idea de sugerir a sus hijos una actividad que parezca “formativa” o “académica”, que creen que deben ser sólo espectadores en las vidas de sus hijos que, por generación espontánea, van a desarrollar intereses y a completar aprendizajes sin la ayuda de nadie.



Por ello algunas familias deciden, tras semanas o meses de intentarlo, que el unschooling “no funciona” o que el unschooling “no es para ellos”. La verdad es que el unschooling sí funciona; lo que no funciona es dejar a los niños solos ante el mundo para que lo exploren y descubran sus intereses y hagan sus aprendizajes. En el unschooling los padres tenemos un papel activo. Muy activo, en realidad. Cierto que no nos sentamos al inicio del curso (porque para nosotros el año empieza en enero y no en septiembre) a escribir la lista de nuestros objetivos y la planificación para todo el año. Cierto que no decidimos qué van a aprender nuestros hijos, ni cómo ni cuándo van a aprenderlo. Pero sí nos dedicamos a explorar nosotros mismos todo el mundo que nos rodea buscando cosas que puedan interesar a nuestros hijos. Organizamos actividades y salidas culturales, sociales y lúdicas con la expectativa de que algo resonará con nuestros hijos y querrán seguir investigando alguno de los temas que hayan descubierto en esas actividades organizadas y propuestas por nosotros.



El primer paso, por supuesto, es la desescolarización interior. Difícilmente un adulto podrá hacer unschooling con sus hijos si previamente no se ha desescolarizado a nivel mental y emocional. Como siempre, Sandra Dodd lo explica maravillosamente bien:



"No se trata de “solo decir no”. Solo decir no a los años académicos y los horarios escolares y las expectativas de la escuela, los hábitos y miedos y terminología de la escuela. Solo decir no a la separación del mundo entre cosas que son importantes y cosas que no lo son, separar el conocimiento en matemáticas, ciencia, las artes de la historia y la lengua, con la música, el arte y la educación física ocupando sus pequeños lugares insignificantes.


La mayor parte del Unschooling debe ocurrir en el interior de los padres. Necesitan dedicar algún tiempo a catalogar lo que es real y lo que es estructurado, lo que ocurre en la naturaleza y lo que únicamente ocurre en la escuela (y, por tanto, en las mentes de aquellos a los que les dijeron que la escuela era la vida real, que la escuela era el trabajo a tiempo completo de los niños, que la escuela era más importante que cualquier otra cosa, que la escuela los apartaría de la ignorancia, que la escuela los haría felices y ricos y correctos). Es lo que ocurre después de que todas estas ideas sobre la escuela sean desterradas de tu vida.”





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