domingo, 29 de noviembre de 2015

Lo llaman periodismo y no lo es


Hace sólo dos semanas envié en mi boletín semanal un artículo sobre la relación de los homeschoolers y los medios de comunicación. Suelo lamentar que las familias que educan en casa en España no estén muy por la labor de colaborar con los medios a la hora de dar a conocer esta opción educativa. Pero luego pasan cosas y entiendes por qué las familias no quieren hablar con los periodistas, ni abrirles las puertas de sus casas o de sus escuelas libres. Pasan cosas como ésta que cuenta Marvan o como la que ha pasado hoy.

Un periodista del periódico digital El Confidencial contactó con la PLE porque estaba haciendo un “reportaje sobre pedagogías alternativas en España”. Le pregunté, como hago siempre con los periodistas, cuál sería el enfoque del reportaje y esta fue su respuesta: “El enfoque es: retratar el auge de la educación "alternativa" en España, comparando con otros países. He visitado tres proyectos en el norte de Madrid para hablar del tema.” También me dijo que había visto mi documental, Educación a la carta, en el que “está muy bien explicado todo”, por lo que sólo necesitaba hacerme un par de preguntas. Sus preguntas y mis respuestas están aquí. 

Cuál fue mi sorpresa cuando, al entrar en la web de El Confidencial esta mañana, leo el siguiente titular: “Cariño, vamos a experimentar con los niños”. Por un momento tuve la esperanza de que no fuera el reportaje que había estado esperando. Pero lo era.

Empiezo a leer y mis ojos no dan crédito. Éste era el primer párrafo:

“Se abre el telón y aparecen seis niñas. Una interpreta el papel de madre, dos son sus hijas y el resto yihadistas a punto de cometer un atentado “como el de París”. Durante más de una hora, y sin que nadie las interrumpa, las actrices sirven té, se asesinan por turnos y a carcajadas, se esconden debajo de una mesa y conversan entre ellas. Ningún adulto ha impulsado, guiado o supervisado la obra teatral. "Fue todo idea suya", nos dicen.”

Lo que pasó, en realidad, es que los niños de la escuela El Dragón habían trabajado el tema de los atentados de París de diferentes maneras y precisamente para ese día habían preparado una representación teatral sobre la cuestión. Que permitieran a los periodistas asistir era, como bien dice Barbara Serrano, “como un regalo”.

A lo largo de todo el artículo se utilizan las comillas y la negrita para destacar frases fuera de su contexto y haciendo que, al remarcarlas, cambie el sentido de la frase. Cuando dice, por ejemplo, que el Dragón es un centro autodefinido como “libre y democrático” y lo destaca así pero no destaca que ““pasan el día aprendiendo” está lanzando un mensaje determinado. Cuando destaca “no les enseñamos a leer” pero no destaca que “todos acaban aprendiendo porque hay actividades que realmente les motivan y para las cuales necesitan leer y escribir”, está dando a entender que nadie se hace cargo del aprendizaje de la lectoescritura de estos niños.Sigue destacando que “es algo que ocurre siempre en tiempos de crisis”, pero como no destaca que eso sucede porque “la sociedad busca soluciones”, el lector inevitablemente asociará escuelas libres a crisis.

De Waldorf, a la que denomina la “homeopatía de la educación” dice que encuentran niños y adolescentes “cosiendo, moldeando cobre con un soplete y  “moldeando sentimientos” con arcilla.” Que no sé por qué lo de moldear sentimientos va entrecomillado y lo demás no. Quizás debería decir también que los encontraron haciendo estas cosas porque los visitaron por la tarde porque, como dice el director de la escuela Micael, Antonio Malagón, “Todo se hace en inglés, alemán y español. La primera parte del día desarrollan el intelecto, el pensar. La segunda parte del día trabajan la variante artística, el sentir.” Pero supongo que eso de la educación trilingüe y el desarrollo del intelecto no interesaba para este reportaje en concreto. 

Del bosque-escuela dice que es una moda importada y que los niños están “sentados en un corro en el suelo” y sigue: “rodeados de encinas y boñigas de vaca” y que “no se asustan al ver a un grupo de unas veinte vacas que nos observan a diez metros de distancia, sin ninguna barrera de por medio.”

Como representante de la “comunidad pedagógica española” el profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación de la UNED Jesús Martín Cordero dice que “estas pedagogías tienden a estar infiltradas de posiciones maniqueas de la realidad, muy ideológicas, a veces con tintes paranoides”. Ignora a una gran cantidad de pedagogos, psicólogos y profesores que están implicados en la educación libre y a otros muchos que, sin estar implicados directamente, son favorables a ella.

Continúa el profesor Martín Cordero: “Ya no estamos en 1900, cuando cada grupo social proponía un método educativo. La pedagogía no alcanza el nivel de la medicina, pero ahora tenemos información técnica de sobra sobre el aprendizaje y la escuela pública española no es impermeable a los nuevos descubrimientos y avances, aunque es cierto que hay mucha resistencia al cambio entre el profesorado.” Me parece a mi que hay datos objetivos de sobra para considerar que la escuela pública española está fallando, empezando por el hecho de que cada vez más familias buscan alternativas fuera del sistema. El propio artículo afirma que hemos pasado de tener 40 escuelas libres en España en 2013 a tener más de 600 en 2015. ¿Y debemos creer que la escuela pública aplica las mejores metodologías para el aprendizaje? Permítanme que dude.

Como era de esperar -aunque el redactor no tuvo mucha vista en preverlo-  el reportaje ha sido mal recibido por la “comunidad” de la educación alternativa española, como supongo nos llamaría él y las reacciones no se han hecho esperar en las redes sociales y en la web del periódico. Probablemente éste ha sido el motivo de que, unas horas después de su publicación, se haya cambiado el título de “Cariño, vamos a experimentar con los niños” a “Cariño, vamos a liberar a los niños”.


Barbara Serrano ha ejercido su derecho de rectificación y ha publicado la siguiente aclaración:

Ángel Villarino, supuesto periodista, me contactó interesado en visibilizar la educación alternativa en España. Vino a El Dragón International School, donde fue atendido por estudiantes, profesores y por mí misma. 
Le contamos muchísimas cosas interesantes, le invitamos a nuestra casa. Vio una obra de teatro especialmente preparada por el grupo de teatro para tratar el tema de los atentados en París, tema que les ha preocupado mucho y han tratado de muy diversas maneras. Ángel acabó su visita diciéndome que le gustaría matricular a su hija en El Dragón. 
Quedó en enviarme el reportaje y las fotos para que yo diera permiso. Hoy, sin avisar, publica esto. Un artículo tendencioso en el que miente abiertamente, entrecomilla frases que yo no he pronunciado, oculta información muy relevante y pone énfasis en temas de forma completamente amarillista. 
Estoy decepcionada y asustada por lo que se puede llegar a hacer y decir en un periódico. Lo que más me preocupa de todo es cómo se mofa de los niños, cómo intenta ridiculizarlos tergiversando información. Niños y niñas que confiaron en él y le mostraron, orgullosos, su colegio. Mañana tenemos una lección para aprender en el colegio: hay formas deleznables de ejercer el periodismo. Una auténtica pena que lo tengan que aprender así.

Desde luego, si yo fuera profesora de periodismo, utilizaría este reportaje como ejemplo de cómo no ejercer esta profesión, de cómo escribir un artículo tendencioso tergiversando los hechos, de cómo hacer un ejercicio de deshonestidad intelectual y de cómo terminar de estropearlo al intentar arreglarlo cambiando el título después de la publicación (si es que con el cambio estaban intentando arreglar algo, que eso son suposiciones mías).

Porque se puede estar en desacuerdo, pero lo que un periodista no debe hacer nunca es manipular contando sólo una parte de la verdad y destacando unas frases escogidas que deforman el sentido del mensaje. Se puede estar en desacuerdo y entonces lo que hay que hacer es presentar los hechos como son, acompañados de argumentos que sustenten nuestra tesis. Lo que hay que hacer es no confundir un reportaje con un artículo de opinión. Y, sobre todo, hacerlo sin traicionar la confianza de unos niños inocentes que se prestaron a compartir una parte de su vida con los periodistas. 

Para aclarar la cuestión de que “no se enseña a leer”, decidí liberar una pequeña parte de los extras del documental Educación a la carta en la que Barbara Serrano habla sobre el proceso de aprendizaje de la lectoescritura.