viernes, 4 de diciembre de 2015

Conciliación laboral y familiar. ¿Cómo lo hacemos?



En uno de sus paseos matutinos con Víctor, Jon se animó a grabar un pequeño vídeo para mi videoblog y habló sobre la conciliación laboral y familiar.






El tema tiene mucho interés y por eso pensamos que sería bueno ampliar la explicación.

Lo primero que a uno le viene a la mente (y hemos recibido este comentario muchas veces) es: "Claro, trabajando en casa es fácil conciliar". Error número uno: pensar que por trabajar en casa la conciliación es más fácil, que se da como por arte de magia. Que así, cualquiera. Para empezar, porque trabajar desde casa no es lo mismo que trabajar por cuenta propia. Uno puede ser trabajador por cuenta ajena pero trabajando desde casa o puede ser autónomo trabajando dentro y fuera de casa.

Esto es lo que nosotros hacemos, trabajar por cuenta propia, con todas sus ventajas pero también con todos sus inconvenientes. Esto es un poco como el homeschooling, que aunque se llama educación "en casa" no significa que estemos todo el tiempo en casa. El trabajo a veces nos requiere salir de casa o, peor aún, viajar. Digo "peor aún" no porque eso sea malo en si mismo (que a mi me encanta viajar) sino porque ahora mismo, con un bebé, no puedo permitirme viajar y eso, en mis circunstancias, significa que estoy perdiendo dinero.

La clave que facilita la conciliación, entonces, no es el hecho de trabajar desde casa sino la independencia. El hecho de que podamos elegir si trabajamos mucho o poco, a unas horas o a otras, y de comprometernos sólo a aquello que podamos cumplir.

Los domingos organizamos la agenda familiar. Vemos qué actividades tiene Damián, si tenemos alguna cita médica, si hay alguna gestión inaplazable, y qué tareas laborales tiene que hacer cada uno y les asignamos un día, junto con las tareas domésticas. Así todas las semanas (y todos los días) sabemos cuáles son las tareas prioritarias y cuáles son secundarias.

Desde hace algún tiempo hacemos la compra por internet, que no es ideal pero nos ahorra mucho tiempo. Donde vivimos sólo hay un supermercado que tenga servicio online con reparto a domicilio, así que no hemos podido elegir. De hecho, no es el supermercado donde solíamos comprar cuando íbamos a la tienda así que nos estamos adaptando. Lo más importante es nunca hacer la compra sin antes haber hecho la lista. Y nunca hacer la lista sin antes haber hecho la planificación de menús diarios. Esto sirve para ahorrar tiempo y dinero.

La planificación de menús es fácil porque solemos comer igual todas las semanas. A veces cocinamos para varios días y comemos varios días seguidos lo mismo o lo congelamos (nuestro congelador está siempre lleno de lentejas). Los días de más trabajo hacemos brunch, ese invento inglés mezcla de "breakfast" y "lunch". Tomamos un café por la mañana, después comemos el brunch sobre las 11 o 12 y ya no comemos hasta la cena (en esta casa cenamos temprano, que nadie se asuste por este semi-ayuno). Con esto el día cunde mucho más, recomiendo probarlo en épocas de mucho trabajo.

Nuestra vida social no es una prioridad para nosotros ahora mismo. Eso también es una ventaja a la hora de cumplir con todas las obligaciones laborales y familiares, porque el día sólo tiene 24 horas y la semana 7 días, así que no queda otro remedio que priorizar y descartar actividades.

Además aprovechamos el tiempo mucho mejor que cuando "teníamos tiempo" para todo. Por ejemplo, en los ratos de lactancia veo vídeos en internet. Audiolibros, conferencias o entrevistas (no penséis que me dedico a ver al Rubius). Todo eso es material que luego me sirve para hacer artículos o para mejorar el contenido de mis cursos. Incluso se me ocurren ideas para nuevos libros, pero eso queda aparcado hasta que, de verdad, volvamos a tener tiempo "para todo". Aprovechamos los paseos con Víctor para hacer recados en el pueblo e incluso llamadas si va durmiendo.

¿Tenemos suerte? No, en absoluto. Lo que tenemos es arrojo y la templanza necesaria para tomar decisiones que pueden parecer arriesgadas. Hemos decidido prescindir de la seguridad de una nómina que, de todos modos, tampoco es ninguna seguridad real hoy en día. Y sin embargo, hemos ganado independencia. Sobre todo la independencia financiera, por lo que nuestra supervivencia no depende de una nómina, ni siquiera de un único trabajo y, sobre todo, no de un jefe.



Recuerdo cuando me fui de viaje a América con Damián. Dos meses recorriendo ese bello continente y dando charlas de homeschooling. Mucha gente me dijo "qué suerte" y "qué envidia". Pero déjate de envidias. Si quieres hacerlo, hazlo. Yo no digo que sea fácil. Educar en casa, viajar con niños, conseguir independencia financiera, todas ellas son cosas que suelen causar envidia, supuestamente. Pero no las hago porque tenga suerte, no porque me haya tocado. Las hago porque así lo he querido. Porque he estado dispuesta a pagar el precio necesario para lograrlo. Y aquí estoy. Así es como creo que deben ser las cosas. Porque no tenía ninguna intención de quedarme sentada esperando a que una ley me permitiera conciliar mi vida laboral y mi vida familiar. Como tampoco me he quedado esperando a que una ley me permitiera educar a mi hijo como considero más conveniente para él.