lunes, 15 de febrero de 2016

Travelschooling: 7 semanas en América



Fue un día como hoy, exactamente. El 15 de enero de hace tres años, Damián y yo tomamos un vuelo de Madrid a Nueva York que sería el inicio de una ruta por América. 15 vuelos, 7 semanas, 6 países, 1 libro recién salido del horno e incontables experiencias y amistades.

Un año y medio después escribí este artículo que comparto ahora.


TRAVELSCHOOLING: 7 SEMANAS EN AMÉRICA







¿Qué es travelschooling?


Travel=viajar
School=escuela
Traveslchooling= aprender viajando

No me lo he inventado yo.
Nosotros somos unschoolers. Mi hijo no va a la escuela y nuestra filosofía se basa en estas dos verdades: que el aprendizaje está en todas partes y que el aprendizaje es inevitable. O sea, se puede aprender cualquier cosa en cualquier momento y lugar pero, obviamente, hay unos entornos más adecuados que otros. Y viajar proporciona muchas más experiencias de aprendizaje que cualquier escuela.

Me decían que era muy valiente o que estaba loca. Iba a irme de ruta por América durante 7 semanas con mi hijo de 7 años. Una mujer sola con un niño pequeño recorriendo esos mundo de Dios. ¿A quién se le ocurre? Pero no me considero loca ni mucho menos, valiente. Veo lo que hace Lainie con su hijo Miro (dejarlo todo y lanzarse a una vida nómada); veo lo que hace mi amigo Pau (convertir su pasión por los viajes en una profesión en la que puede incluir a su mujer y a sus hijos); veo lo que hacen mis amigos Montse y Octavio con su hijo Álvaro (ruta de varios meses por Asia, ruta por Europa y, ahora, creo que preparando la vuelta al mundo); veo lo que hizo Fabián (dejarlo todo y salir a dar la vuelta al mundo en moto. Solo). Veo lo que hacen tantos viajeros blogueros, con o sin niños, e imagino lo que hacen tantos otros que no son visibles, que no están en internet, pero que están recorriendo el mundo. Y no pasa nada. Al menos, no pasa nada malo. El mundo no es un lugar tan feo y peligroso como algunos creen.

¿Por qué América?


Porque la excusa era irme a dar conferencias y a vender mi último libro. Con América compartimos el idioma y eso simplifica mucho las cosas. Decidimos entrar por Estados Unidos porque era el vuelo más corto, porque en los otros países nos íbamos a alojar en casa de familias y preferíamos pasar el jet lag a solas, y porque fue mi regalo de cumpleaños para Damián.

Sin mis queridas amigas Gaby, Eliana y Valeria este viaje no habría sido posible. Cuando se me ocurrió irme a América pensé que la forma más sencilla, segura y barata era contactando con ellas para que nos alojaran en sus casas y organizaran mis conferencias. Las tres dijeron que sí, así que se confirmaron las visitas a México (con Gaby), a Medellín y Montevideo (con Eliana) y a San Juan (con Valeria). Después la cosa se me fue un poco de las manos…

Nueva York


En Nueva York hacía mucho frío. Nevaba, de hecho. Muchos lugares estaban cerrados a causa del huracán Sandy, así que decidimos subirnos al autobús turístico y ver la ciudad desde ahí, resguardados del frío. La camarera polaca que nos servía el desayuno en el hotel de la calle 25 me ayudó a darle una mini fiesta de cumpleaños a Damián. Cumplía 8. El año anterior cumplió 7 en Fuerteventura y, el anterior, 6 en Menorca. Este año ha cumplido 9 en Madrid. ¡Quién sabe qué le deparará el año que viene!

El caso es que los días en Nueva York no fueron fáciles. A mi me afectaba el cambio de horario; hacía mucho frío; yo quería ver muchas cosas y a Damián sólo le interesaban la juguetería de FAO Schwartz y el zoo de Central Park. Por los Pingüinos de Madagascar, claro.

Carrito de palomitas de maíz en el zoo de Central Park

México


De Nueva York nos fuimos al Paso en avión y, de allí, a Chihuaha en coche. Mi amiga Gaby nos vino a recoger pero los dos fuimos dormidos durante todo el camino. ¡Qué cansancio! Por un momento me arrepentí de haberme embarcado en esa aventura. Tenía todos los billetes comprados (15 vuelos en total) y todas las conferencias programadas. ¡No podía abortar la misión!

Con los niños de la Sierra Tarahumara

Así que en México decidí relajarme, descansar y tomarme las cosas con calma. Día a día.
Para Damián fue muy divertido. Le organizaron una fiesta de cumpleaños (¡la tercera del año!) y lo invitaron a un taller de robótica.

Montando el robot con sus compañeros por un día


Puerto Rico


La semana que pasamos en Puerto Rico fue sin duda la mejor en varios aspectos: de un lado, porque Damián y los hijos de la familia que nos alojó parecían conocerse de toda la vida. Allí conoció el Minecraft, comió por primera vez tostadas francesas y se bañó en el Caribe (cosa que, cuando lo cuentas en España, impresiona mucho a los niños porque se imaginan a Jack Sparrow en el horizonte). De otro lado, porque fue el país donde di más conferencias y con mejor recibimiento por parte de las familias. Puedo decir que los puertorriqueños son gente muy positiva y agradecida.




Colombia


“¿Cómo ven a los colombianos en España”? me pregunto Daniel en Medellín. “¿La verdad? Como narcotraficantes y asesinos”, le dije. Obviamente exageré un poco pero reconozco que viajar a todos estos países me hizo darme cuenta de la cantidad de prejuicios que aún tenemos a este lado del Atlántico y de todos los tópicos que no son ciertos o que sólo lo son en parte.

En Bogotá traté de convencer a las familias homeschoolers de la inmensa suerte que tienen al no ser perseguidas por haber elegido este tipo de educación e insistí en que usaran el ejemplo de España y los errores que aquí hemos cometido para no repetirlos. Que es importante que estén en contacto entre ellos y que sigan muy de cerca los movimientos de su parlamento porque cualquier cambio en la ley, por pequeño que parezca, puede dejarlos en situación de ilegalidad.

En el taller de ciencias organizado para homeschoolers
¡en una escuela!
Algo impensable en España

También hubo tiempo para turistear un poco. La catedral de sal nos gustó mucho y a mi me sorprendió que Damián y Adelaida disfrutaran tanto de la visita. Pude desvirtualizar a Sandra, a quien conozco virtualmente desde hace más de seis años, y con su hijo Sebastien nos llevaron a Divercity, una ciudad donde los niños juegan a diferentes profesiones. Entre otras cosas, jugaron a ser periodistas y pudimos llevarnos a casa el dvd con la grabación del noticiero que presentaron. 


Argentina


En el aeropuerto de Santiago de Chile yo sólo quería llorar. En Colombia no me permitieron embarcar el equipaje directamente hasta Buenos Aires, pero en Santiago no me permitían pasar el control de aduanas porque sólo estábamos de paso. Durante el vuelo nocturno casi no pude dormir y después pasé dos horas sentada con el niño dormido, sin poderme levantar para conseguir información sobre nuestro equipaje y nuestros billetes a Argentina.
Al final todo salió bien, aunque de Buenos Aires a San Juan nuestras maletas no llegaron. Equipaje perdido sólo una vez de 15 vuelos es una buena media.




De Argentina recordamos el inmenso calor que hacía y lo rica que estaba la carne. ¿Tópicos? Sí, pero ciertos en buena medida. Allí también desvirtualicé a gente que conocía desde hace tiempo, incluida una tocaya que lo es de nombre y apellido.


Uruguay


Buenos Aires tiene fama de ciudad “europea” pero Montevideo se lleva la palma. Lo mejor de mi charla fue que sirvió para poner en contacto a las poquísimas familias homeschoolers que hay en esa ciudad. Me consta que se han puesto ya manos a la obra, que siguen en contacto y trabajan todo lo que pueden por conseguir que la ley ampare la educación en casa.


Madrid


Lo que nos decepcionó al volver a Madrid fue que no nos sellaron los pasaportes al entrar. Pero estábamos tan felices de haber vuelto, tan contentos por volver a dormir en nuestra cama y comer la tortilla de patatas de la abuela, que pronto nos olvidamos del sello.

Sabíamos que a lo mejor nunca más volveríamos a ver a toda la gente maravillosa que conocimos en América, pero también sabíamos que todos guardaríamos un bonito recuerdo y que las nuevas tecnologías nos iban a acercar. Y también sabía que mi visita había servido de algo muy importante: poner en contacto a familias homeschoolers de cada país y transmitirles el mensaje de que deben tratar de evitar que sus parlamentos legislen en contra de nuestra opción educativa, como pasó en España. No es cierto que uno sólo pueda aprender de sus propios errores. El error de los homeschoolers españoles puede haber servido para que los homeschoolers americanos estén atentos y trabajen para protegerse. Sé que en varios de esos países han surgido nuevas relaciones entre familias gracias a mi visita. Sólo por eso, ya ha valido la pena.

Pero también ha valido la pena por nosotros. Porque viajar te abre la mente y el corazón. Cuando Damián volvió a Madrid ya no era el mismo. Su escala de valores había cambiado. Había visto a gente que vivía de formas muy diferentes a lo que él está acostumbrado. Aprendió a convivir con otros, a respetar al que es diferente y a valorar lo que tiene. Y sí, a ratos nos agobiábamos no sólo por el cambio de clima, de horario y de comida, sino también por el cambio de idioma, pero eso fue parte del aprendizaje. (Confieso que en Montevideo me puse a ver un rato el canal internacional de Televisión Española sólo apea oír el acento).

Desde que volvimos intento recuperar esa sensación que antes sólo tenía cuando viajaba, ese sentimiento de estar siempre en el lugar correcto, de estar donde debo estar, de no pensar ni en ayer ni en mañana ni en otro sitio. Por un momento me planteé alargar el viaje o repetirlo al año siguiente. Ahora siento que no lo necesitamos. Cuando volví a Madrid no sabía si iba a saber readaptarme de nuevo, quería seguir viajando. Pero poco a poco todo fue volviendo a su sitio, que era el mismo pero era diferente, como cuando Dorothy volvió a Kansas y ya nada era lo mismo porque ella no era la misma.


No hay comentarios: