lunes, 19 de junio de 2017

El pan nuestro de cada día



Leo a otros profesionales quejarse en redes sociales de lo mismo que me pasa a mi, cada uno con las peculiaridades específicas de su profesión y no dejo de asombrarme.

Existe la extraña creencia de que toda información que se consiga a través de internet tiene que compartirse de forma libre, gratuita y -mi preferida- "desinteresada".

Me pasa constantemente.

Me acusan de "hacer negocio" a costa de los niños (no sé si el del supermercado donde compran la comida también es un ser maligno que "hace negocio" a costa de los niños).

Me acusan de "lucrarme" con la información sobre la legalidad del homeschooling en España.

No puede decirse que precisamente yo no haya dedicado mucho tiempo y energía a la difusión de este tema y a ayudar a otras familias gratuitamente, que no desinteresadamente, porque tengo un interés personal y familiar muy claro: cuantas menos familias tengan dificultades a causa de su decisión de educar en casa en España, tanto mejor para los demás que también lo hacemos. Cada vez que una familia es obligada a escolarizar, perdemos todos. Cada vez que se pierde un juicio (y ya van unos cuantos) se reducen las posibilidades de ganar el siguiente. Así que, sí, tengo un interés profundo y egoísta en esta causa.

Existen muchos sitios en internet donde uno puede informarse gratuitamente. Donde te dirán que hay un vacío legal, o que es "alegal", que la constitución nos ampara y -mi preferida- que si fuera ilegal nadie lo haría. Claro, por eso nadie mata a nadie, porque es ilegal... Te dirán también que te matricules en una escuela extranjera a distancia, que eso es legal, y que no hagas caso de cierta abogada agorera que sólo quiere hacer caja con el asunto.





Precisamente porque considero fundamental que las familias tengan información veraz y actualizada dedico tanto tiempo y energía a esto. Recuerdo aquella vez que cierta abogada escribió un post sobre la legalidad del homeschooling lleno de incorrecciones y falsedades. Le dejé un comentario rebatiendo punto por punto su artículo. Por toda respuesta, borró el artículo completo. Jamás lo podría haber imaginado así que no guardé pruebas del hecho, cosa que lamento. Otra persona que también se dedica a asesorar a familias homeschoolers escribió: "No me extrañaría nada si un día nos enteramos de que está ingresada en un psiquiátrico, porque esta mujer no está bien".

Llega a mi correo un goteo interminable de mensajes de familias que tienen problemas precisamente porque fueron mal informadas, porque tomaron una decisión importantísima en base a informaciones incorrectas y a asesoramientos gratuitos pero más que interesados. Cuál es el interés no voy a decirlo yo, que cada cual investigue y saque sus propias conclusiones.

El mejor consejo que puedo dar a quien quiera educar en casa en España es que consiga un profesional capacitado para asesorarles de forma individual, pues no hay dos casos iguales y precisamente porque la ley es confusa (y su aplicación, más) es fundamental no dar a todos el mismo consejo ni actuar porque "a la familia de Fulanito esto le funcionó". Porque la familia de Fulanito no es la tuya, no tiene tus mismas circunstancias y características y quizás tampoco vive en el mismo lugar.


Si hubiera alguna fórmula aplicable a todos que nos garantizara poder educar según consideremos que debemos hacerlo, yo sería la primera en compartirla y difundirla. Precisamente por eso creé la Plataforma para la Libertad Educativa, para terminar con esta situación de inseguridad jurídica y no tener que pelear caso por caso. Cada vez que en alguna conferencia, taller o en grupos de internet he explicado en qué consistía la propuesta he recibido elogios y aplausos... que luego no se han convertido en altas de socios de la PLE. El por qué es ciertamente rebuscado. Porque la mayoría de las familias que se acercaron a la asociación lo hicieron preguntando: "¿qué recibo a cambio?" Pero nosotros no "dábamos" nada a cambio. Lo que dábamos era la promesa de trabajar en una dirección muy concreta, con un proyecto concreto, para terminar con esta situación. Algo que, de conseguirse, habría beneficiado a todas las familias. Pero eso no era suficiente. La mayoría de ellos querían algo más. Querían una protección que ni yo ni nadie puede darles tal como están las cosas ahora mismo en este país y no les parecía suficiente apoyar la causa y ese proyecto concreto de resolución de la situación.

Después digo que lo dejo, que esta ya no es mi lucha y resulta que soy una egoísta. Lo dejo y siempre acabo volviendo, precisamente por los niños y porque esta situación me parece tremendamente injusta. Pero estoy cansada y decepcionada y me sigo preguntando si merece la pena. Si lo que debería hacer no es dedicarme únicamente a mi familia y a tantas otras cosas que sí merecen la pena y que no implican estar expuesta a semejante persecución y juicio.





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