viernes, 28 de julio de 2017

Exponer niños en internet: cómo y por qué



Conocí internet en 1997 pero no empezó a interesarme hasta el año 2006 o 2007. Ahora no sólo me interesa sino que me fascina por todo el potencial que tiene y por todo lo bueno que personalmente he conseguido gracias a la red. La vida es, en muchos aspectos, más fácil y las posibilidades infinitamente mayores.

Con la generalización del uso de las redes sociales, la separación entre la vida profesional y la vida personal es cada vez menos evidente. Uno puede seguir a una persona en redes sociales porque le interesa su trabajo pero, casi inevitablemente, se acaba enterando de aspectos de su vida privada y viendo, incluso, fotos de sus hijos.

No voy a decir que la privacidad ya no existe pero, desde luego, ya no es lo que era. La polémica de moda ahora es la exposición de los niños en internet y, una vez más, creo que tengo una opinión impopular sobre el tema. Mi primer blog lo abrí en enero de 2007 y era un blog de opinión. Pero a final de ese mismo año, abrí un blog personal sobre educación y crianza donde compartía artículos que me habían gustado, recomendaba recursos didácticos y también explicaba qué cosas hacía con mi hijo, que entonces tenía 2 años y medio. Poco a poco se fue convirtiendo en un diario personal de la educación de mi hijo. Y, sí, publicaba fotos en las que se veía su cara.

Ahora hago lo mismo pero más en redes sociales y en Youtube que en los blogs.

La cuestión fundamental, para mi, es que cuando comparto ese tipo de información lo hago con un propósito, que es dar testimonio de nuestra forma de educar. No pongo fotos (o vídeos) por ponerlas, ni para presumir, ni porque no tenga otra cosa que contar. Lo hago porque precisamente lo que quiero contar es cómo educamos y, para eso, el mejor apoyo gráfico son las imágenes de la familia y de las actividades que hacemos. Si alguien se siente incómodo ante esta "exposición" lo tiene tan fácil como no entrar en mis redes sociales.

El hecho de tener un objetivo de difusión claro es crucial para tener un criterio claro y sólido a la hora de decidir qué compartimos y qué no compartimos. Ninguna imagen es superflua. No publicamos nunca ninguna imagen que no sirva a nuestro objetivo. Por eso no publicamos los momentos íntimos. No veréis a nuestros hijos lavándose los dientes, orinando o bañándose, por ejemplo, ni hablando de ciertos temas. No os contamos ni una décima parte de lo que son sus vidas, porque no es necesario y porque -aunque algunos lo pongan en duda- valoramos y protegemos su intimidad. Es más, el mayor ahora tiene 12 años y desde hace ya mucho tiempo tiene derecho de veto sobre lo que se publica. Si no quiere, no sale. Si veis alguna foto suya o le veis en algún vídeo, es porque expresamente lo ha autorizado. el pequeño todavía no puede elegir y, de hecho, pienso que lo que se publica cuando son pequeños dice más de los padres que  de los hijos. Dice cómo gestionamos ciertas cuestiones y, en general, qué tipo de crianza hemos elegido.

Cuando me hablan de "exponer" a los niños en internet y lo hacen con tono de superioridad moral y con repugnancia, siempre les cuento que la primera acepción de la RAE es "presentar algo para que sea visto". Y, la segunda, "manifestar o dar a conocer algo". Así que, sí, exponemos a los niños. Y no, no es algo moralmente reprobable, ni es repugnante, ni es un delito. Hay que irse hasta la quinta acepción para encontrar un significado negativo: "Poner algo o a alguien en situación de sufrir daño o perjuicio". Y sé que sí, que hay familias que no parecen tener mucho cuidado con lo que publican. Lo que no es justo es que nos metan a todos en el mismo saco.

Y me diréis: "¡Pero hay peligros en internet!". Y yo os contestaré: "Por supuesto que los hay. Y también ha peligro en subirse a un coche y no por eso dejamos de hacerlo".