viernes, 16 de marzo de 2018

Educar sin escuela - Artículo en la revista OGE



*Artículo publicado en la revista OGE del Forum Europeo de Administradores de la Educación. Número CXXIX. Enero-Febrero 2018.





EDUCAR SIN ESCUELA


Tengo dos hijos que no van a la escuela. Las reacciones de la gente al enterarse son de lo más dispares pero, habitualmente, la primera pregunta que me hacen es ¿por qué? ¿Por qué alguien se tomaría la molestia de educar a sus hijos en casa pudiendo llevarlos a una escuela para que los eduquen los profesionales, socialicen con sus iguales y tener, así, varias horas libres todos los días del curso?

En realidad, los motivos por los que tomamos esta decisión son prácticamente irrelevantes. La mayoría de las familias que educamos sin escuela empezamos por motivos circunstanciales: mi amiga Anna empezó porque su horario laboral era incompatible con el horario escolar. Si su hijo iba a la escuela hasta las 4 de la tarde y ella empezaba a trabajar a las 5 ¿cuándo iban a tener tiempo para conocerse y tener la relación que padres e hijos deben tener? ¿Tenía que convertirse en madre de fin de semana? No estaba dispuesta a ello. Julia empezó porque su hijo sufrió bullying y consideró que el centro no había gestionado bien la situación. Luisa empezó porque su hija tenía necesidades especiales, la escuela no le daba la atención que necesitaba y el sufrimiento aumentaba día a día.

Hay muchos otros motivos que puede llevar a las familias a decidir desescolarizar a sus hijos o, directamente, no escolarizarlos nunca. La Doctora Madalen Goiria, en su tesis doctoral “La opción de educar en casa”, establece una taxonomía de cuatro grandes motivos específica del panorama de la educación en casa en España, que son:

1) Los protectores. Eligen el homeschooling para preservar ciertos valores familiares y para proteger a los niños de una influencia exterior que consideran potencialmente perjudicial. En otros países es habitual la motivación religiosa, que se incluiría dentro de la categoría de los protectores, pero no es común en España. Recuerdo una conversación con un diputado autonómico que sugirió que se trataba de familias Amish. Quizás mi larga falda negra lo confundió… o quizás simplemente estaba muy desinformado sobre el tipo de familias que no escolarizan en nuestro país.

2) Los educadores. Son padres críticos con el sistema escolar, que investigan a fondo las diversas metodologías educativas para elegir aquella que mejor se adapte a sus valores y objetivos. Suelen buscar una educación absolutamente personalizada y flexible. En España tienden a elegir metodologías activas, que permitan un alto grado de libertad y flexibilidad, procurando seguir siempre los intereses del niño sin imponerle materias, contenidos, métodos ni recursos. En otros países, sin embargo, dentro de la categoría de educadores encontramos muy a menudo a padres que eligen otro tipo de metodologías, como la de Charlotte Mason o la educación clásica (trivium y quadrivium), o que compran un curriculum prediseñado, dan personalmente las lecciones a sus hijos o contratan tutores particulares, les ponen tareas y exámenes con la intención de darles una educación mejor que la que ofrece la escuela.

3) Los rebeldes. Se trata de familias que optan por un estilo de vida alternativo pues su crítica a la sociedad incluye necesariamente la crítica al sistema escolar. Quizás sea éste el grupo que ha contribuido, muy a su pesar, a alimentar el mito de que los homeschoolers somos veganos, antivacunas, hippies o antisociales (¡o incluso todo a la vez!). Nada más lejos de la realidad. He conocido a centenares de familias homeschoolers a lo largo de estos años y puedo asegurar que, como en la viña del Señor, hay de todo. Familias de derechas, de izquierdas, liberales y apolíticas. Familias pudientes y familias que a duras penas llegan a fin de mes. Familias religiosas, agnósticas y ateas. Familias monoparentales, familias numerosas, familias ensambladas, familias adoptivas. Familias discretas, activistas, feministas, ecologistas o taurinas. De la mayoría de ellas me atrevo a decir que valoran en gran medida la  familia y la libertad, cada uno desde su particular perspectiva: conservadora, progresista o revolucionaria. La mayoría sólo pretenden (pretendemos) vivir de forma coherente con nuestros valores. Vivir y dejar vivir.

4) Las víctimas. Eligen el homeschooling como último recurso ante un sistema que no responde a las necesidades de los niños. Se incluyen en este grupo cuestiones tan diversas como el fracaso escolar, las necesidades especiales, las dificultades de integración por motivos culturales o lingüísticos y, en general, cualquier experiencia negativa que el niño haya podido tener en la escuela y que no se haya podido resolver dentro del propio sistema. Es alarmantemente alto el número de familias que se incluyen en esta categoría.





HABLEMOS DE LA EXPERIENCIA


Llevo nueve años educando en casa y asesorando a familias que quieren iniciar este tipo de educación con sus hijos. He conocido a muchos niños que han sufrido lo indecible a causa del colegio. También he conocido a muchos padres comprometidos, convencidos de que la escuela no es el mejor lugar en el que los niños puedan pasar su infancia y juventud. Llegan a mí familias con todo tipo de motivos coyunturales que les hacen plantearse esta opción: no cuadran los horarios, ha habido un problema en el colegio, vamos a viajar una temporada, el niño no se encuentra bien o, simplemente, queremos pasar más tiempo juntos y hacernos cargo personalmente de su desarrollo integral. 

Cualquiera de estos motivos es perfectamente válido para escoger una opción educativa que va, todavía, a contracorriente, que no es fácil pero sí gratificante, que supone a veces tener que justificarse ante familiares, amigos y conocidos, no siempre bienintencionados. Se da la paradoja de que, cuando más te acribillan con preguntas incómodas y no siempre fáciles de responder, es cuando menos preparado estar para dar explicaciones. Cuando tú mismo tienes más preguntas que respuestas. Pero conforme va pasando el tiempo, los padres vamos cogiendo confianza y conocimiento sobre lo que hacemos y los demás se van acostumbrando y van comprobando que muchas de sus críticas eran infundadas.

Así que la pregunta pertinente, llegados a este punto, no es por qué empezamos a educar en casa sino por qué, 5, 10 o 15 años después, continuamos. Por qué elegimos lo mismo cada vez que tenemos un nuevo hijo. Por qué elegimos lo mismo cada verano cuando nos planteamos qué hacer el próximo curso. Por qué algunos dejamos de plantearnos qué haremos el año que viene.